La innovadora banda de Georgia, Baroness volvió este año para presentar lo que ellos mismos llamaron “su obra cúspide”, enfatizando que era un disco tan intenso que era posible que nunca pudiesen replicar de nuevo algo semejante. “Gold & Grey” es la entrada final en los discos con temáticas de colores, muy característicos de la banda. Inicialmente los fans anticipaban que este sería un esperado “orange”, pero en lugar de un álbum naranjo, obtuvimos “dorado y gris”, dos matices opuestos que indican un temple muy interesante y contrastado, en efecto, la música también sería más especial que nunca, algo que supimos desde el momento en que se publicó la magistral portada del trabajo.

Como el título indica, “Gold & Grey”, técnicamente se trata de un álbum doble; aunque este no está separado en dos discos como “Yellow & Green”, el anterior esfuerzo doble de la banda. John Dyer Baizley, se sigue manteniendo como el líder y único miembro original de la banda. El veterano guitarrista Peter Adams tomó la salida, para ser remplazado por Gina Gleason (también aportando una gran voz secundaria femenina), uniéndose a los ya conocidos Nick Jost en el bajo y Sebastian Thomson en la batería. En consiguiente, la composición tiene un carácter muy personal para John Baizley, y como ya se anticipaba en “Purple”, la música es más libre y diversa que nunca, es por eso mismo que es la gran conclusión de los discos de colores, esta es la perfecta culminación de todo lo empleado por la banda hasta el momento. Baroness ya no se fija en géneros musicales, ellos solo tocan la música que les nace del alma, atrás queda el sludge metal de antaño, para dar paso a una mezcla uniforme de metal progresivo, rock psicodélico, rock acústico y una gran gama de sonidos experimentales que se asoman al borde de este caldero.

 

 

“Front Toward Enemy” es nuestro opener, una de las canciones que más mantiene algo del sludge metal del viejo Baroness, pero termina optando más por la melodía. “I’m Already Gone”, es una tonada más calmada, con un línea de bajo que la guía por un gran espectro de sonidos ambientales psicodélicos, aquí ya vemos algo de “Purple”. “Seasons” es una de las canciones más interesantes que oscila entre agresión y melodía, un término medio entre las dos canciones anteriores, pero las intensas armonías vocales y el caos instrumental la empujan hacia algo más, un auténtico caos ordenado de canción, la cual raya casi en el noise rock de Sonic Youth. “Sevens” es nuestro primer interludio, una etérea melodía casi neoclásica, que nos hace viajar, hacia nuestro próximo destino.

“Tourniquet” es quizás el primer momento realmente diferente que encontraremos en este disco, una bella melodía acústica da paso a una emotiva, hard-rockera canción que posee muchas cualidades de balada pero no deja de ser increíblemente enérgica y rompecorazones al mismo tiempo. “Anchor’s Lament” es otro interludio que nos lleva por una melodía de piano y voces surreales (los interludios si valen la pena en este disco). Nuestro armónico viaje es roto por la enérgica “Throw Me an Anchor”, una de las canciones más agresivas del disco, con un catártico coro, que rememora bastante el himno que fue “Shock Me”. El dinamismo instrumental de este tema demuestra la gran química que posee esta nueva formación de Baroness, desde lo más melódico hasta lo más devastador. Luego, llega uno de los momentos más indescriptiblemente potentes del disco: “I’d Do Anything”. En esta balada que induce lágrimas, encontramos una de las mejores letras de John Baizley. Un retrato directo de fragilidad humana versus fuerza de voluntad, ese “I’d do anything to feel like i’m alive again” es cantado con tanto ímpetu que remece el alma. Instrumentalmente, encontramos un piano que va siendo enterrado entre un ruidoso muro de efectos y pedales, minimalista pero muy expresivo.

 

 

“Blankets of Ash” marca la mitad del disco y el posible comienzo del lado gris (“Grey”), ruido industrial estremece la belleza del tema anterior. Un ambiente nocturno da paso a “Emmett – Radiating Light” la cual es una pieza acústica de sonido algo tenebroso y mínimo, con algo de luz irradiando hacia el final, un momento muy único en la discografía de la banda. “Cold-Blooded Angels” es otra muy notable canción, de una trágica letra y armonías vocales geniales (uno de los mejores momentos de Gina como vocalista); es una canción similar a la anterior, pero de un ánimo más inestable ya que aparece potencia metalera que arrasa con los momentos acústicos. La psicodélica guitarra de “Crooked Mile” es el interludio más corto, que solo sirve de puente para el tema siguiente.

“Broken Halo” viene a ser una recuperación de sludge metal, siendo un llamado a la agresividad sonora en este rincón más calmado del disco, pero siempre gana la melodía ante la agresión. “Can Oscura” es otro puente, que arroja un ritmo frenético, posiblemente como indica el título, con un aire krautrock. Aparece “Borderlines”, el gran sencillo del disco, una de las canciones más intensas, poseedora de más grandes armonías vocales de John y Gina, excelentes solos de guitarra y muchos recursos musicales que la hacen una pieza no menos experimental que otras, es quizás la canción más completa del trabajo. Siguiendo lo que fue un momento muy “Baroness”, sigue una de las piezas más excéntricas: “Assault on East Falls”, un interludio electrónico que parece directamente extraído de un disco de Tangerine Dream. A pesar de lo intransigente del tema, esto es posiblemente una luz de futuros recursos musicales que podrían ser utilizados por la agrupación. “Pale Sun” (muchos efectos aquí) es un cierre semi-acústico que se encarga de poner a las voces en el spotlight merecido que se han ganado durante el disco.

 

 

El disco da mucho que hablar, pero para empezar se debe decir que este es objetivamente el mejor disco de Baroness. La verdad, igual extraño mucho la pesadez de “Red Album” y “Blue Record” pero, por otro lado, la agrupación demuestra que en el plano melódico tienen mucho más para manifestar. A pesar de su longitud, la corriente del disco se siente muy natural y cohesiva, ya que la composición es la mejor que han logrado en mucho tiempo. A esto agreguémosle que se nota que John Baizley y compañía están más conectados con la música que nunca. Las letras y la música expresan muchas emociones y están hechas las unas para la otra, ejecutadas con la precisión requerida para esto. El disco es sorprendentemente creativo y hay una tonelada de géneros que juegan aquí.

El problema es que muchos fans siguen viendo a Baroness como una banda de sludge metal, algo que ya ha quedado atrás. Disco a disco, la banda se aleja más de sus raíces extremas, tomando caminos más libres. Es comprensible que el fan de antaño odie este disco, ya que no está hecho para él. La banda se mueve más drásticamente que incluso, los también muy citados en estos casos, Mastodon. Si no te gustan los últimos álbumes de Mastodon, probablemente menos te gustarán los de Baroness, al ser una de las bandas de la corriente, que menos dependen de la pesadez de sus inicios. Musicalmente es un disco muy poco agresivo, el cual también tiene sus momentos violentos pero canalizados siempre por el vanguardismo y la melodía. Es por todo esto, que será por siempre un caso de “lo amas o lo odias”.

Hay varios aspectos que entorpecen algo la escucha del disco. En primer lugar, lo poco encasillable que es; metal progresivo es quizás la etiqueta que mejor le viene al trabajo, es el disco más denso de la banda hasta la fecha. Sumado a esto, el segundo aspecto es el que más ha distanciado a todos del álbum: su dudosa producción. El disco posee un sonido muy crudo, inundado de mucho fuzz, pero al mismo tiempo todo está bastante desnivelado y saturado. Es como si la banda hubiese querido sonar con la crudeza del “Red Album” pero con canciones compuestas a partir de mucho detalle y riqueza musical. El resultado es que gran parte de las ideas nuevas quedan enterradas en la mezcla, entre ello, la batería y los coros de Gleason. El disco está mal mezclado, lo que es una pena ya que la composición vanguardista habría brillado mucho más con una producción más detallista. Hay momentos en que una banda ya suena demasiado evolucionada como para retener demasiada crudeza y eso es un problema para esa misma evolución.

“Gold & Grey” es lo más lejos que ha llegado Baroness, tanto musicalmente como creativamente y a pesar de su mala producción el disco sigue siendo muy bueno ya que las ideas que podemos oír están llevadas a cabo con un estilo único y se superponen ante lo oídos minuciosos. Es un disco difícil para el oído, denso en composición y denso en mezcla; es posible rendirse ante el pero esto es un error, ya que posee la dirección artística definitiva que fallaron en focalizar en “Yellow & Green”, la que tuvo resplandores en “Purple”, y ahora por fin encontraron un sonido único y personal que los colocan como una agrupación siempre en búsqueda de nuevas fronteras, alejados de etiquetas. O los rechazas y te aferras a tu copia del “Red Album” o los acompañas en esta travesía por un arcoíris de matices misteriosos ¿Por qué no las dos?

Fernando Flores T.

 

Tracklist:

  1. Front Toward Enemy
  2. I’m Already Gone
  3. Seasons
  4. Sevens
  5. Tourniquet
  6. Anchor’s Lament
  7. Throw Me an Anchor
  8. I’d Do Anything
  9. Blankets of Ash
  10. Emmett – Radiating Light
  11. Cold-Blooded Angels
  12. Crooked Mile
  13. Broken Halo
  14. Can Oscura
  15. Borderlines
  16. Assault on East Falls
  17. Pale Sun

 

 

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