El  sábado 10 de noviembre se realizó la primera versión del festival independiente Suena Rock, creado por Sonidos Ocultos y Largarto Música, que contó con 10 horas de sonidos en vivo desde Arena Recoleta.

En la jornada, se presentaron bandas de larga trayectoria como Aguaturbia, Los Peores de Chile y El Cruce, también estarán acompañados de Akineton Retard. El cartel lo completan Pájaros Nocturnos, Solteronas en Escabeche, El Lobo del Hombre, Bagual, Bruto, Lo que Nunca Fuimos, Alásido y La Blues Willis.

Todo comenzó a las 2:30 de la tarde con La Blues Willis, una banda que a pesar del calor, empezó a encender al público. El trío blusero, muy animado, tocó un par de canciones como Armónica Burning y Metro pa’ Quilpué, clásicos de la banda.

Le siguieron Alasido, una agrupación experimental que demostró su potencial en el escenario en canciones como Salan in Bob y Tierra de Hoja. Sus sonidos, expresivos, mezclados entre letras poéticas y tonadas eléctricas.

Un poco pasada  las tres, inició el Lobo del hombre, una agrupación que trajo distinción entre el reggae, psicodelia, voz espiritual y letras pacíficas. Las melodías tuvieron un lado pasivo en el rock, pero con canciones pegajosas para mover la cabeza. En Totem se sumergieron en un viaje por sonoridades espaciales.

Continuaba el turno de Bruto, cuarta banda que se prepara para dar zarpazos con su sonido demoledor, lleno de actitud. Su puesta escénica no pasa desapercibida, es hipnotizadora para al público de principio a fin. Ellos empezaron la fiesta, sus fuertes canciones, estilo y por sobre todo, su energía frente al público.

Media hora después, subía la banda punk, Lo que Nunca Fuimos, quienes golpearon la mesa con su mensaje contestatario. Pese a las dificultades técnicas que sufrieron, ello no opacó su presencia en el escenario y dejando en claro que el punk está vivo aún, que sigue consciente, reconquistando los espacios que habitaron, desde el barrio, como consigna, entregándolo en temas como Maldito Mundo Laboral y Selva Oscura. Canciones cortas, pero profundas. Produjeron mosh, punk rock clásico y mostrando que la escena tiene fuerza.

Al rato fue es el turno de volver al sonido crudo, pesado, riffero y gutural de Bagual. Ellos presentaron ante el público con canciones como Islas, Funerales y Frates que avalaron su actitud demoledora, desenvolviéndose en el escenario a sus anchas, demostrando lo bestiales que son como indica el porqué de su nombre,. También invitaron en su última canción a un amigo que colaboró en ello. Revelando el lado experimental, en fuertes temas, mostrando su propio sello.

Iba cayendo el sol, la noche se acercaba y aparecía una banda con su melodía cargada al rock progresivo, con matices de jazz y fusión, hacen un giro de tuerca al rock más convencional que veníamos escuchando durante el evento. Los Solteronas en Escabeche, con 20 años de trayectoria, brindaban un espectáculo lleno de ironías y sátiras, condimento especial que se mezcló con la puesta escénica de Doctor Pez, Mimo, y Ulra. Un sonido disonante y el juego de ritmos, junto a la lírica, hacen una banda que tenga algo nuevo para exhibir.

Ya casi a las ocho, se preparaba un conjunto de numerosos músicos que vienen a traer la frescura de la noche que cae definitivamente. Pájaros Nocturnos, rindiendo honores a su nombre, ensalzan su puesta escénica llena de ritmos y voces al unísono que se funden en su rock fusión que se pasea entre el tonada progresiva, tomando influencias del blues, jazz y ritmos latinos, expuesto en sus varios integrantes. Uno de los momentos altos de la presentación fue el cover que realizaron a la banda argentina Sumo, presentando uno de sus grandes éxitos Mejor no hablar de ciertas cosas, desplegándose cómodamente sobre el escenario.

La noche estaba recién estaba comenzando, cuando hace aparición, Akinetón Retard, banda que da cátedra en la música sustancial dentro del rock experimental. Ellos son bastante cómodos en su presentación, disfrutaron el estar arriba del escenario respirando de la energía que ofreció el público durante su show, entregando una puesta escénica envuelta en trance sonoro en melodías como Jason Torelli y Azufre, donde se formó una atmósfera de psicodelia bajo la luz de la luna.

Entrando en la noche oscura, y alrededor de las 21:50, hace su entrada la banda El Cruce, quienes con su característico blues encendieron al público, cantando al unísono himnos como por ejemplo Me tienes loco, A encender el Blues y Todo se devuelve, momentos más álgido de la presentación de esta banda compuesta por Felipe Toro. En general, su puesta en escena marcó tendencia, por estilo, fortaleza y desplante en el escenario, mostrando sus años de trayectoria.

Si se trata de pesos pesados en cuanto a trayectoria musical, tenemos que llegar a la matriz de este movimiento. El reloj marcaba las 22:30 horas y fue el turno de Aguaturbia, unas leyendas de la música chilena, que ha traspasado generaciones llegando a los más jóvenes. Denise y Carlos Corales, integrantes fundadores de la banda quienes comparten una vida llena de música, hicieron un repaso por su clásicos temas, y nuevos como Corazón Bye Bye, Fe, Amor y Libertad. También iluminador la noche con Somebody to Love y Evol, momento en que la gente disfrutaba los clásicos sonidos.

Finalmente, cuando ya estaban cerrando el telón, quedaba algo en espera. Los Peores de Chile, salían a demostrar y cerrar la noche con todo su punk.  Los cuatro integrantes, listos y dispuestos, bajo un público eufórico que lo único que quería era saltar y hacer un mosh para continuar con la celebración. Tocaron sus clásicos temas como Síndrome Camboya, Boogie y Chicholina. En esos momentos, la gente estaba energética, disfruta de la fortaleza que posee una banda con trayectoria. Todos cantaban, saltaban y creaban su propia atmósfera, que cerraba una extensa jornada llena de música chilena.

En suma, para poder hablar de rock chileno, es necesario tener en cuenta que al igual que el país, tiene una larga extensión de sonidos, que se pueden encontrar de norte a sur, de este a oeste, de generación en generación, definiendo no solo una, sino múltiples identidades que se dan en las melodías, conservando ese sello y estilo nacional.

Por Christopher Ulloa y Fernanda Schell.

Fotos de Ivette Barría.

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