Viernes por la noche, la gente anda en busca de cerveza, diversión y música. El Bar de René hay movimiento, la barra y mesas están llenas, se siente el rock and roll en los pasillos. La velada está expectante por la última tocata del año de la banda chilena Los Makana, acompañados de los porteños, La Blues Willis.

Son las once de la noche, el show debía empezar. Pasaban un rato y los músicos se alistaban. Luego de quince minutos,  Blues Willis tenían todo listo para tocar. Empezaron a prender a las masas, “buena cabros”, decían. El ambiente se sentía animoso y con ganas de una larga noche de blues y rock and roll. Todo inicio con una armónica que se manejaba por sí sola, al ritmo de una suave guitarra y potente batería. El blues se apoderaba del momento, melodías guiadas por el tema El Emperador. Felipe Hurtado, encargado de la armónica, movía su cabeza de arriba abajo, mientras que Joaquín Castillo, cantaba dejando espacio a la armonía. En una ocaso la canción bajaba de a poco su intensidad y la gente aplaudía. La llama se iba prendiendo.

Créditos a Abraham Manzo.

Continuaron con Armónica Burning, tema instrumental. Ellos pedían aplausos y la gente animosa los seguía. Un pandero continuaba a la batería junto a su armónica. La armonía se llevó el papel protagónico. Cada vez todo se volvía más rápido. Las cabezas se movían al ritmo de está tonada.

En la velada consultaban al público cómo estaban y de dónde eran, la gente de Arica se hacía presente. Ocasionalmente, dijeron quién era de Quilpué y todos reían, porque solo Joaquín provenía de allí. Cada vez la escena era más cercana. El blues producía un momento acogedor.

Créditos a Abraham Manzo.

Un momento clásico con Ciudad Perdida, una canción movida, letra pegajosa y riffs suaves de guitarra. En ese instante, la percusión fue un pandero, acompañado de una melódica se enlazaba a la guitarra. Repentinamente, lanzaron un disco al medio. La gente seguía riendo, algunos decían “rájate con chelas” y continuaban las risas.

Luego de ocho canciones, estaban cerrando su actuación con El Elvis, tema veloz, conectadas a rápidas notas en la guitarra y seguía por una veloz armónica con una melodía, narrando un trayecto cotidiano. Los músicos movían sus cabezas, el baterista sacudía su caballero por la velocidad.

Todo terminó repentinamente, la gente quería más pero venían Los Makana, a presentar todo el rock and roll nocturno. Luego,  instalaron sus instrumentos, por mientras, La Blues Willis, regalaba stickers y saludaban a su público.

Doce y algo de la noche, estaba todo listo y dispuesto para roquear con sus instrumentos en manos, anunciaban su bienvenida a los carreteros. Iniciaron con Esta noche, una canción nueva que deseaba ser escuchado por el público. De a poco ingresaba gente y comenzaba a encender la noche de rock and roll. Banjo alistado, con una batería que cada vez subía su volumen y coros femeninos. Aquellos momentos bajaban su velocidad hasta que iban creciendo. El rock and roll empezaba a hacer ruido.

Jimi Makanas, líder de la banda, comentó que tocarían canciones de su último disco, El Maldito. Iniciaron Selva Boreal,  entregó ánimo con suaves riffs de guitarra, voz cautivadora, coros melódicos y vintage. De esta manera, iban subiendo el nivel, cautivando a la audiencia.

Javiera Novoa, corista, decía que tocarían un tema que el público sabía. Por un instante, la melódica que suena a blues melancólico, acompañado de solo de guitarra y voces cálidas. Allí calmaron las pasiones y se dejaron llevar por las luces entrelazadas a las melodías.

En Vamos a la cama, se encendió la llama de rock, con sus rápidos riffs de guitarra, percusión enlazada a un toques de blues junto a una letra que hacía mover la cabeza al público. La voz particular del líder llamaba a continuar con la fiesta. En un momento paraba y repentinamente, volvía para dar el cierre.

Continuaron con Nadie nos detiene, ocasión de fuerza que se guiaba por la gente y su locura. Todos saltaban al ritmo de melodías rocanroleras y guitarras que llevaban a la gente a cantar y dejarse llevar. En el coro gritaban “abajo la maldición”. La llama ya estaba encendida, dijeron que cantarían el himno Makana, Carretero. Solos de guitarra, voz gruesa, coros y fortaleza al momento de tocar. La celebración tenía su instante clave. El público conocía la canción, cantaban, saltaban y movían su cabello, mientras tenían sus cervezas en mano. Era una verdadera euforia en Bar de René, la fiesta estaba en su propia salsa. El rock and roll ejercía su misión.

Cerraban con Tú me vas a enloquecer, canción movida y perfecta para cerrar una velada llena de locura.  Luego, Jimi jugaba con el público, la masa lo seguía. El vocalista, bajó del escenario con su guitarra y cantaba, mientras que Javiera permanecía en los coros. Instante revolucionario de la noche.

Se empezaban a despedir, dar las gracias a sus amigos, asistentes y compañeros, pero la gente pedía más. La noche era joven, no tenía término. Los Makana empezaron a llamar a su ex miembro, amigo cercano a tocar. Allí se armó un trance de dudas, entre seguir o carretear. Pero finalmente, tocaron y se convirtió en un cierre redondo.

En general, fue una noche donde demostraron que el blues junto con el rock and roll siguen vigentes en la escena chilena. Bandas de este tipo, muestran la experimentación musical, que hace frutos y crea novedades con sonidos originales en la música nacional. Como dirían Los Makana, “bienvenidos carreteros”.

Fotos: Abraham Manzo.

Por Fernanda Schell.

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