Es injusto exigir a un artista una responsabilidad ética al momento de expresarse a través de su  música. Pero en estos tiempos donde el mundo hierve en revoluciones y revelaciones, todos vivimos la urgencia de cambios. “What better place than here, what better time than now”.  Quien no adopta una postura se expone a ser tildado de necio, frívolo, irresponsable. 

En Chile la situación es clara: vivimos una decadencia intelectual impulsada desde el propio Gobierno mediante recortes al Ministerio de la Cultura y las Artes. Domina la violencia, el narcisismo y sólo tiene validez aquello que sea cuantificable. Reina la especulación y falla la memoria. Somos una tragedia cómica con estatuas y billetes estampados de personajes que nadie reconoce, o logra citar.

“Los líderes imponen sus ideas y humillan a todo aquel que piense lo contrario” rezaba la pantalla ennegrecida, mientras sonaban los primeros acordes de “Visiones”, octava canción de “Retrospectiva”, el nuevo álbum de Polímetro, presentado la noche de ayer sábado en la Sala SCD Plaza Egaña. Esa era la tónica. Nadie quería tener una jornada de descontrol y algarabía. El disco ya estaba disponible en Spotify, y los presentes ya lo habíamos escuchado. Sabíamos que era un disco que atravesaba pasajes oscuros de una historia desoladora: la nuestra, la historia de Chile.

La cita comenzó con la presentación de Profano y su rock and roll blusero, presentando parte de su último disco, “Las Guitarras Contra las Máquinas” con canciones como “Territorios” o “Las Calles”. Un show correcto, bien recibido por el público, aunque no exento de polémicas entre Pablo, guitarrista y cantante, y la mesa de sonido. Aún así, la presentación fue vitoreada por el diverso público que repletaba la platea baja.

Foto: Diego Ojeda Muñoz ©

No más de 10 minutos pasaron cuando se toma el escenario Polímetro. Alonso, bajista de la banda, se dió un momento para saludar a los asistentes y comentar lo emocionante que es estar presentando un disco que no fue fácil concebir. Lo describe como “La historia de Chile con tintes surrealistas”.

Nos enfrentamos a la historia de una familia dividida, y las heridas que los destruyen. Un trabajo oscuro, no en el sentido melancólico, sino abrumador. Tiene la estructura de una ópera, como lo hecho por Ives Gullé con su disco “Húsar” (donde Ricardo Susarte, voz de Polímetro, participó, como Bernardo O’Higgins.).

Foto: Diego Ojeda Muñoz ©

“Sueños” y “Fragmentos” dan luces de lo que “Destino 9/11” deja en evidencia. El final será trágico. Se pedirá piedad y no la habrá: “los soldados vendrán / y nos protegerán / igual que a Daniel y a papá.” El silencio es espectral. La canción va subiendo en un loop de teclado que te envuelve y te anuda el estómago. Fue cuando Patricio Esquivel, baterista de la banda, se toma unos minutos para saludar y comentar que la idea del disco es hacer “música con sentido, crear conciencia, aportar en cómo tratamos al otro, tratar de mejorar como está la cosa. No queremos más abusos. Y arriba los profesores, arriba la educación pública” sentenció, entre el aplauso cerrado del público. El show continuó implacable con “Noviembre”, que confirmaba los peores augurios y “El Cubo” te pone en una situación de claustrofobia que, apoyado de imágenes en la pantalla, te hacía sentir Alex deLarge. 

“Iluminados” permite a Alonso Poblete llevar al siguiente nivel su Yamaha Rbx Jm6 en una canción desafiante, mientras que “Renacer” eriza la piel al oír a Daniel (el hijo de la familia) encarando a su torturador: “quiero mirar de frente y ver sus caras pidiéndome perdón”“Todos Morirán” es la voz amenazante de los tiranos: “quien murió lo ganó porque desobedeció”. Cada vez que Ricardo adoptaba un personaje oscuro, bajaba a cambiarse la camisa. Así, fue y volvió durante todo el show, intercalando entre una camisa blanca con mangas y una negra sin mangas con media calavera estampada, que interpretaban el bien y el mal según la forma que le poseía. Creo que no se entendió, o no se quiso entender, pero a estas alturas del disco se le gritaba entre canción y canción “la camisa!” entre risas, sin importar lo que viniera. Incluso Alonso interfirió diciendo que en un intermedio “iba por un tutú”. Era buena la idea, pero tal vez faltaba atmósfera para darle el peso para que se entendiera.

Foto: Diego Ojeda Muñoz ©

“Desaparecer” calma las aguas en términos melódicos, pero te desgarra el alma, como un amigo contándote su infierno. “Déjà Vú”, lejos la de sonido más progresivo del disco, es densa, ostentosa. Muy distinta a “El Fantasma de la Esperanza”, balada, casi corte de algún soundtrack, sin adornos, diseñada para ser la intro del tema homónimo, “Retrospectiva”. 7 minutos de metal que te deja desesperanzado y emputecido, como se debe estar: listo para hacer enojar a la gente correcta.

Por supuesto, nadie estaba dispuesto a irse. “Fábulas” y “Episodios” fueron exigidas por el público, cuyo rango etário era de hombre y mujeres que fluctuaban entre los 8 y los 65 años.

Foto: Diego Ojeda Muñoz ©

Polímetro hace un disco sin modestia, porque puede y quiere, porque son historia en la historia. Porque viene a reclamar su lugar protagónico. Temática aparte, “Retrospectiva” suena con la templanza de una banda que encontró su sonido y su voz. Polímetro tiene la capacidad de sintetizar horrores en melodías y poesía, porque abrazó sus bemoles y encontró cuál era el lugar desde el cual quería hacer patria; por la razón de sus letras, o la fuerza de sus riffs.

 

Review por: Karina Campos

Fotos por: Diego Ojeda Muñoz ©

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