REVIEW CONCIERTO | Una noche animal con Bonzo en el Bar de René

Como todas las noches, el mítico Bar de René abre sus puertas a la escena nacional. Ese sábado se esperaba ver a una banda de calidad que sacudiría el ambiente. Bonzo, agrupación compuesta por los músicos Omar Acosta (BBS Paranoicos) en la voz, Gerardo Elgueta (Alectrofobia) bajista y encargado de los coros y Rodrigo “Memo” Barahona (Fiskales Ad-Hok) en la batería. La agrupación, fue acompaña por Los Brito, los músico que encendieron la noche.

Entre cervezas, la barra del bar llena, gente conversando y disfrutando de Led Zeppelin, se preparaban. Apenas dieron las once de la noche, la primera agrupación, quienes venían a demostrar su música. Se presentaron y comenzaron a rockear la velada con canciones como “César”, “Primero” y “09”, canciones que sonaban indie con algunos toques de rock. Cada letra relataba sentimientos mezclados entre los recuerdos, apoderados de la melancolía. La percusión marcaba el ritmo, mientras que el bajo tenía su protagonismo, junto a la guitarra que iba a su propio compás.

En un momento, muy inesperado, se corta la cuerda del guitarrista. En ese lapsus del tiempo, el vocalista de la banda avisa al público y comienza a mencionar que necesita una cuerda, y al rato, consigue una. En aquel instante él trataba de hablar con el público, hacerlos reír o simplemente, exponer un poco de la historia de la banda, lo que causo risas entre los asistentes. Además, de hacerse burla por no traer otra guitarra. Pero, pasaron tan rápidos los minutos, que pasó desapercibido.

Con el asunto arreglado, continuaron con  “Frente a la pared”, “Joaquín” y “El Viaje”, temas que cada vez sonaban mejor y le agradaban al público. Guitarra, bajo y batería, un trio que formó melodías tranquilas, pero con letras que causaban nostalgia. Un rock del bueno.

Pasadas la una de la mañana, por el cambio de hora, comenzaban a cambiar las cosas del escenario para implementar lo que sería el show de Bonzo. Con el lugar un poco más lleno, los asistentes se ponían cerca del escenario o buscaban un lugar atrás. Los músicos se preparaban, saludaban a la gente o bebían un poco.

Con el sitio lleno, Bonzo se subía al escenario, el trío tenía al público expectante. Arreglaban los últimos detalles y comenzaba la tocata. Rápidos y energéticos riffs de guitarra, carismática voz y fuerte batería, comienza la aventura con “Clavo”. Gente cantando, saltando y disfrutando del inicio. La seguidilla de canciones como “Alcantarilla”, “Tongoy”, “7 vidas”, fue de pura rapidez, energía y mucha potencia que deslumbraba a través de cada movimiento.

En momento agradecían a los fanáticos, ellos aplaudían y gritaban uno que otro piropo. La banda, como siempre, cercana al público los saludaba o bromeaban.

Continuaron con clásicos, como “Paso Lento” es la puerta que abre la cultura del punk rock, ejemplificando su propuesta como banda. Y la calma junto a pasión de “Caballo rojo”, canción que expresa la fortaleza de los coros del bajista, Elgueta.

Las letras sentimentales, simples, pero melancólicas, causaban ese sentimiento de expresión como en “Serendipia”. Con “Satanía”, la fiesta estaba encendida, los movimientos del bajista, mientras jugaba con el público, Omar seguía en lo suyo. En “Tilt”, mítico de la banda, se sentían los crujidos de guitarra, tipo hard rock, que se revuelve con la melancolía.

Con “Armadillo”, “Buitre” e “Insonmio” se formaba una fiesta, entre pequeños mosh y saltos. Cada vez los instrumentos tenían más potencia, hasta que llegó el momento de “Ella”, una canción dedicada a la esposa de Omar. El momento se volvió emotivo, tranquilo, hasta que subieron los riffs. En un momento Geraldo, entregó su bajo a un asistente para que lo tocará, pero al parecer, no se sabía los acordes y fue un instante de risa.

La noche se estaba acabando, los aplausos iban a la banda, especialmente a Memo, que había llegado tras de tocar con los Fiskales AD-HOK. Todo se cerró entre revoluciones como “Gato Astuto” y “Esqueleto”, donde el público cantaba a toda su potencia.

La noche cerró entre melodías, revolución y rock and roll, como debe ser.

 

Texto y fotos por Fernanda Schell.