REVIEW CONCIERTO | Machine Girl: Un estallido de violencia bailable

Machinegirlweb (2)

Reseña: Lukas Arias

Fotos: Francisco Rocco


La escena underground de punk electrónica se hizo más que presente anoche en Sala Metrónomo, donde el venue se llenó en casi 100% de su capacidad llena de fanáticos que esperaba el debut del dúo nortemericano.

La fila se veía bastante concurrida en las afueras del recinto de Bellavista, así también a la espera del telonero, quien era Blednost, proyecto solista de digital hardcore que se robó el show desde el minuto cero, mejor dicho, desde antes del show, ya que al subir al escenario, habló a voz alta preguntando por una polera de Don Ramón que decía «soy leyenda», la cual la pudo conseguir luego que un fan presente se la entregara. El show partió con una intro con sintetizador y pc, al rato comenzó a cantar con screams interpretando canciones de su amplio repertorio de 8 álbumes. La recepción del público fue notable, y se agradece ese apañe a un artista 100% underground, la gente comenzaba a moshear y a saltar, con «eh, eh, eh!» que se hacían presentes con fuerza en toda la sala. Un show impecable por parte del artista nacional, excelente puesta en escena, destacar por sus visuales y la iluminación, excelentes.

Con una puntualidad, el dúo neoyorquino Machine Girl —acompañado en esta pasada por un guitarrista que sumó un filo más crudo a su ya devastador sonido— tomó por asalto el escenario de Sala Metrónomo. Desde el primer segundo, quedó claro que no había espacio para medias tintas: todo se trataba de intensidad, velocidad y energía desbordada.

La banda abrió con la incendiaria “…BECAUSE I’M YOUNG ARROGANT AND HATE EVERYTHING YOU STAND FOR”, una declaración de principios que convirtió el recinto en una olla a presión. Los saltos, mosh pits y empujones se apoderaron de la pista, en un frenesí que no bajó su ritmo en ningún momento. Machine Girl no vino a conversar: vino a romper todo. Y lo logró con creces.

El setlist —de 20 canciones— estuvo cargado de material reciente, con ocho temas extraídos de su más reciente álbum MG Ultra. Una decisión acertada, considerando que dicho trabajo condensa de forma magistral el sonido mutante de la banda: una mezcla sin filtros de breakcore, punk, noise, e industrial, donde no hay respiro posible. Cada tema era una descarga de adrenalina pura, y el público respondió a la altura: coreando con fuerza, entregándose al sudor, al caos y a una violencia que, tenía un gran sentido de comunidad.

Matt Stephenson, líder absoluto del proyecto, no tardó en interactuar con la multitud. Saltó al público en más de una ocasión, fue llevado en andas mientras gritaba con los ojos desencajados y, en varias oportunidades, se dejó caer como si cada canción fuera la última. Su entrega fue total.

Visualmente, el espectáculo también cumplió su cometido. Las proyecciones en pantalla, de corte etéreo junto con el agresivo juego de luces, contribuyeron a crear una atmósfera que oscilaba entre lo cyberpunk, lo apocalíptico y lo ritual. Todo se sentía como una fiesta rave en el fin del mundo, con una energía que atravesaba cuerpos y hacía temblar el suelo. Literalmente: el centro de la sala se convirtió en un horno humano, con varios asistentes terminando magullados, pero aún así con una sonrisa en el rostro.

Y si alguien pensaba que Machine Girl bajaría las revoluciones hacia el final, se equivocaba. En un acto completamente inesperado, Matt se subió a la barra del bar del recinto para interpretar la última canción del show: “Batsu Forever”. Desde lo alto, con los brazos abiertos, gritó con rabia y pasión mientras se lanzaba una vez más sobre el público, generando un estallido final de caos y éxtasis colectivo.

«Fue un sueño», «no puedo creer que estoy viendo a Machine Girl», eran algunas de las frases que se escuchaban entre los asistentes al finalizar el show. Porque sí, lo que se vivió esa noche no fue solo un concierto. Fue una catarsis colectiva, un ritual de liberación, un golpe directo al cuerpo y a la mente. Una experiencia que dejó a todos con la ropa empapada, los pulmones vacíos y el corazón latiendo a mil por hora.

Para muchos, esta presentación será recordada como uno de los shows más intensos y memorables del año. Machine Girl vino, vio y destruyó.