REVIEW CONCIERTO | Tomates Fritos y el abrazo de vuelta: una noche de música, memoria y emoción
Anoche, Santiago fue testigo de un reencuentro largamente esperado. Tras 7 años de ausencia en tierras chilenas, la banda venezolana Tomates Fritos regresó al escenario con un show tan potente como emotivo en el Club Subterráneo, dejando claro que su vínculo con el público está más vivo que nunca.

La velada comenzó con la explosiva presentación de Niño Nuclear, un proyecto multicultural que se autodefine como indie noise, y que desde el primer tema dejó claro que lo suyo es la originalidad y la autenticidad. Con un sonido que mezcla la distorsión cruda del noise rock con momentos melódicos y atmósferas introspectivas, lograron captar la atención del público desde “Me robaron” hasta el cierre con “San Cristóbal”. Canciones como “A la luna” y “Yaki” mostraron la riqueza de su propuesta, alternando capas de intensidad emocional con una estética sonora muy cuidada y provocadora. “For you” y “B2” destacaron por su energía directa y su capacidad de crear un pequeño universo propio en cada canción. Niño Nuclear no solo abrió el show: preparó el terreno con una propuesta fresca, creativa y desafiante, dejando claro que el under chileno sigue muy vivo y con cosas importantes que decir.

Tomates Fritos: Enfoque emocional y de reencuentro
Desde el arranque con “Nada que hacer” y “Me haces bien”, la banda dejó claro que esta no sería una simple tocata, sino un recorrido sonoro por su historia y su evolución. La energía fue creciendo con temas como “Nadaré hasta llegar” y “Hombre bala”, encendiendo al público que coreaba cada verso con la devoción de quien guarda esas letras en la memoria desde hace años.

La intensidad emocional llegó con piezas como “Me cansé” y “Calma”, donde la voz de Boston Rex brilló con una honestidad cruda que hizo vibrar cada rincón del recinto. El setlist fue generoso y equilibrado: desde joyas melancólicas como “Aunque me falle tu querer” y “Te molesta”, hasta explosiones de energía como “Mientes” y “Sister Saigón”.

Uno de los momentos más conmovedores de la noche llegó con “Camino”, cuando Boston Rex, visiblemente emocionado, dedicó la canción a todos los venezolanos que han emigrado buscando una mejor vida. Fue un gesto que tocó fibras profundas entre los asistentes, muchos de los cuales forman parte de esa misma diáspora. En ese instante, el concierto se transformó en un abrazo colectivo, un recordatorio de raíces compartidas y esperanzas comunes.

El cantante se mostró profundamente agradecido con la respuesta del público, y no ocultó su felicidad de estar nuevamente en Chile. Entre canciones, se le notaba emocionado, sonriente, entregado por completo al reencuentro con una audiencia que nunca dejó de escucharlos.

Canciones como “Granola”, “Multicolor” y “Camino” mostraron la versatilidad de una banda que ha sabido reinventarse sin perder su esencia. El tramo final con “Tripolar”, “Churún Merún” y “Hospital” fue una verdadera catarsis colectiva, con el público bailando, cantando y dejándose llevar por cada nota.

Más que un concierto, fue una ceremonia de reencuentro, donde cada acorde fue un abrazo a la distancia, y cada letra, una reafirmación de identidad. En un espacio íntimo como el Subterráneo, Tomates Fritos logró lo que pocos: transformar una noche cualquiera en una experiencia inolvidable.
Su regreso no solo dejó una huella imborrable, sino también una promesa tácita: esta vez, no pasarán otros siete años sin volver.
Nota: Luis Bonilla
Fotos: Cristian Villanueva @agradablesujeto
