EVENTOS | Rata Blanca: Del fuego y la forja nació la leyenda

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En un Buenos Aires marcado por la incertidumbre musical, Walter Giardino dejó atrás el rugido de V8 en 1985 para esculpir, desde las brasas del hard rock y el heavy metal clásico, un nuevo estandarte: Rata Blanca. Lo que comenzó como un demo pensado para cruzar fronteras, terminó encendiendo una llama que iluminaría para siempre el firmamento del rock en español.

Primeras batallas: de la resistencia al escenario

Acompañado por Gustavo Rowek, y con el aporte de músicos como Rodolfo Cava y Yulie Ruth, nacieron canciones que hoy son reliquias: «Chico callejero», «Gente del Sur», «Rompe el hechizo» y «La bruja blanca». El destino quiso que, en vez de emigrar, Giardino reuniera a sus caballeros, sumando a Guillermo Sánchez y Sergio Berdichevsky, y llevando el estandarte al escenario por primera vez el 15 de agosto de 1987, ante un público que ya intuía que algo grande se estaba gestando.

Voces que marcan el camino

La banda navegó por mares agitados: Saúl Blanch aportó su sello inicial, Carlos Périgo dejó el clásico «Días Duros», y otras voces pasajeras moldearon el sonido hasta que, por azares del destino y contra el reloj, Blanch regresó para completar la grabación del primer álbum.

 

El rugido del debut

En octubre de 1988, el disco «Rata Blanca» vio la luz. El público, poco acostumbrado al heavy metal clásico, quedó desarmado ante una propuesta que fusionaba la potencia metálica con estructuras melódicas dignas de la música clásica. «El sueño de la gitana» sedujo a nuevos oyentes, mientras «Chico callejero» se convirtió en el grito de guerra de sus primeros seguidores. En apenas siete meses, el álbum vendió más de 20.000 copias y se coronó Disco de Oro.

Una noche para encender el hechizo

Casi cuatro décadas después, los guerreros regresan a Santiago. El próximo 16 de agosto, el Teatro Caupolicán será testigo de un viaje a los albores de la leyenda y a los himnos que forjaron su trono en el metal. Será una noche para vivir la historia, sentir la magia y dejar que el hechizo de Rata Blanca envuelva cada rincón.

Porque en el reino del rock, las leyendas no se apagan: solo esperan el momento de rugir otra vez.