EVENTOS | Truenos sobre Babilonia: El regreso de Marduk y la guerra sin fin del Black Metal

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Hay nombres que no se pronuncian sin un estremecimiento, nombres que parecen salir de un abismo encendido por fuego y acero. Marduk es uno de ellos. Desde su fundación en 1990 en la ciudad sueca de Norrköping, la banda comandada por Morgan Steinmeyer Håkansson ha sostenido una cruzada musical que no conoce tregua. Con la idea original de crear “la banda más blasfema del mundo”, Marduk se convirtió en una fuerza imparable dentro del black metal, una entidad que canaliza la violencia sonora como un arma, y la convierte en arte.

El próximo 30 de octubre en el Teatro Cariola, el infierno se abrirá en Santiago con motivo de su gira de 35 aniversario, un recorrido que conmemora más de tres décadas de caos sagrado y furia implacable. Pero este no será un concierto cualquiera: Marduk interpretará de principio a fin su devastador álbum “Panzer Division Marduk”, una obra bélica y despiadada que transformó al grupo en una máquina de guerra sonora cuando vio la luz en 1999. A esto se sumarán clásicos de todos sus discos, en una noche que promete ser una liturgia de oscuridad y potencia inhumana.

Pocas bandas han sobrevivido tanto tiempo en el ojo de la tormenta. Desde sus inicios, Marduk fue blanco de censura, polémica y condena. La reedición de su demo “Fuck Me Jesus” en 1995 fue prohibida en varios países por su portada provocadora y su mensaje blasfemo. Las acusaciones de extremismo ideológico tampoco faltaron, aunque la banda siempre ha respondido que su enfoque en la guerra y la muerte no es político, sino espiritual: la guerra como metáfora del caos existencial, el ruido como reflejo del alma humana cuando enfrenta lo sagrado.

Hoy, con Mortuus en las voces, Morgan en la guitarra, Devo al bajo y Fredrik Widigs en la batería, Marduk se mantiene fiel a su esencia: brutal, inflexible y absolutamente fiel a su visión. Mientras otras bandas suavizan su mensaje o reinventan su sonido, Marduk sigue avanzando como un tanque entre ruinas, guiado por la disciplina del fuego y la fe en la oscuridad.

Su música no busca complacer, sino confrontar. Cada riff es una herida abierta, cada grito una invocación. En vivo, la experiencia se convierte en un ritual, una purga donde el público y la banda se funden en una sola masa de energía y devastación.

Treinta y cinco años después, Marduk sigue recordándonos que el black metal no nació para ser entendido, sino para ser sentido. El Teatro Cariola será su campo de batalla, y los asistentes, testigos de un asalto sonoro que promete arrasar con todo a su paso. La oscuridad, una vez más, marchará sobre Santiago.