REVIEW CONCIERTO | Pet Shop Boys en el Movistar Arena: Consagrando un estrecho lazo con nuestro país
Reseña: Kevin Fuentealba Mol
Fotos: Patricio Aliaga
Tras su histórica presentación en el Festival de Viña del Mar esta semana, Pet Shop Boys volvió a Santiago para presentarse en el Movistar Arena en un ambiente distinto. Las galardonadas Gaviotas entregadas en Viña, junto a las anecdóticas visitas de la banda a restaurantes, zonas turísticas e incluso al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, hacen que la conexión con nuestro país se encuentre en su punto más alto. Así se consagraron en una gran noche con el show completo de la gira Dreamworld.
La jornada contó con la apertura del proyecto nacional Chicarica.

El inicio de la fantasía synth-pop
Un ambiente muy encendido dio la bienvenida a los músicos al recinto cerca de las 21:00 hrs. Con música orquestal y una puesta visual casi cinematográfica, Pet Shop Boys ingresó al escenario con sus integrantes enmascarados, interpretando los clásicos «Suburbia», «Can You Forgive Her?» y «Opportunities (Let’s Make Lots of Money)». Todo esto ocurrió sin pausas, hasta que, al finalizar la última, Neil Tennant se retiró la máscara ante el aplauso y la ovación de todo el lugar.
La primera parte del show mostró solamente a los dos músicos en escena, quienes, al tocar canciones como «Rent» y «So Hard», anticiparon que sería un concierto lleno de éxitos, tal como fue prometido. El montaje inicial fue algo minimalista, pero al proyectar figuras lineales, patrones, imágenes y videos en la pantalla gigante, demostró desde el primer minuto que ya era un gran espectáculo visual y sonoro.

Teatralidad, luces y el despliegue escénico
Para la transición visual, la banda preparó un intervalo con personas simulando ser trabajadores de construcción, quienes movieron hacia los lados los faroles callejeros que hasta ese momento servían como única decoración de la tarima. Al elevarse la pantalla trasera, se reveló el escenario completo, sumando la compañía de tres músicos más de fondo. Ellos cumplieron múltiples roles: además de cantar los coros, rotaron entre sintetizadores, percusiones y guitarras.

Pet Shop Boys trajo al recinto una atmósfera futurista, destacando una plataforma central muy colorida y luminosa que proyectaba secuencias al ritmo de cada canción. Las pantallas laterales, que normalmente enfocan a los artistas, funcionaron muchas veces como un acompañamiento para complementar los patrones de la pantalla principal. La llamativa paleta de colores, junto con los constantes cambios de vestuario de Neil y Chris, sumados a la gran puesta teatral, entregaron un show íntimo y cercano, pero planteado a gran escala.
Con 40 años de trayectoria, la voz de Neil Tennant se mantiene completamente intacta. A su manera, se mostró muy carismático con un público en su mayoría adulto. Chris Lowe, por su parte, es la clave del sonido del grupo en vivo; manteniendo su clásica postura introvertida, sigue siendo uno de los grandes protagonistas indiscutidos del concierto.

Este espectáculo de larga duración fue mucho más que un complemento de su participación en el Festival de Viña del Mar: fue la versión completa y sin alteraciones de la gira Dreamworld. El repertorio incluyó canciones que no sonaron en la Quinta Vergara, como la eufórica «Single-Bilingual / Se a vida é (That’s the Way Life Is)» y la teatral «What Have I Done to Deserve This?». Además, interpretaron sus infaltables de siempre, transitando por momentos muy bailables con «Domino Dancing» y «You Were Always on My Mind», hasta pasajes más emotivos y reflexivos como «A New Bohemia» y «Love Comes Quickly».

El clímax bailable y la despedida de un clásico
La parte más enérgica vino cerca del final. Canciones como «Dreamland», «It’s Alright» y «Vocal» consagraron todos los puntos altos del show llevándolo a su clímax, demostrando que es imposible no dejarse llevar por los ritmos incombustibles de la dupla.
El conjunto de factores —escenario, teatralidad e iluminación— evidenció cómo se han sabido adaptar a los tiempos. Más que mirar con nostalgia, nos recordaron lo adelantados que siempre estuvieron a su época, preparando el terreno para la explosión final con «It’s a Sin», el himno con el que despidieron la primera gran parte de su presentación antes de una breve pausa.
El ansiado encore bajó un poco las revoluciones, ayudando a calmar la euforia vivida minutos antes. Con la escenografía reducida, tal como comenzó la noche, Pet Shop Boys selló el concierto con la icónica «West End Girls» y regaló una joya más con «Being Boring». Tras esto, la banda abandonó el Movistar Arena bajo ovaciones y aplausos incesantes.

Un lazo inquebrantable

Este nuevo capítulo de Pet Shop Boys en Chile se acerca a su fin, pero tuvo su punto más álgido en esta noche monumental. Frente a un público profundamente conectado, el dúo británico entregó un espectáculo superlativo; y aunque mantiene la estructura de su última visita en 2023, la confianza con nuestro país se sintió distinta. Lograron estrechar y afianzar, aún más, una conexión inquebrantable con su fanaticada nacional.
Pet Shop Boys es una agrupación visionaria, capaz de traer sus clásicos de los ochenta y noventa a la actualidad para que, visual y sonoramente, sigan sintiéndose completamente frescos. La travesía de la banda continuará esta noche en un club show exclusivo en el Teatro Caupolicán, pero lo vivido ayer, sumado al cariño y respeto que demuestran en cada visita, ya los consagró definitivamente como una de las bandas internacionales más queridas en Chile, asegurando un romance que perdurará por mucho tiempo.
