REVIEW CONCIERTO | AC/DC en Chile: 30 años de espera, 84 mil almas y una noche que quedará grabada para siempre
@andieborie - DG MEDIOS
Texto: Alejandro Torres Quezada
Fotos: Andie Borie
Treinta largos años tuvieron que pasar para que AC/DC regresara a Chile. Tres décadas desde aquella primera y única visita registrada el 22 de octubre de 1996, cuando la banda australiana se presentó en el Velódromo del Estadio Nacional como parte de la gira Ballbreaker. Aquella jornada quedó grabada en la memoria de cerca de diez mil fanáticos que presenciaron a una de las bandas más grandes del rock en plena forma.
Hoy, muchos de esos asistentes son parte de una generación más longeva que volvió a reencontrarse con su banda. Otros, en cambio, esperaron durante años, incluso toda una vida entera para verlos por primera vez. Y la espera, finalmente, terminó.
El Power Up Tour comenzó en 2024 con fechas repartidas entre Europa, Estados Unidos y Canadá, llegando incluso a Australia, la tierra natal de la banda, en 2025. En 2026, tras comenzar su recorrido sudamericano con tres conciertos completamente agotados en São Paulo, el espectáculo llegó finalmente a Chile, antes de continuar su ruta por el continente con presentaciones en Argentina y México, llevando consigo exactamente la misma producción monumental que ha convertido esta gira en una de las más impresionantes que ha pasado por la región en los últimos años.
No es casualidad que el espectáculo de AC/DC haya impresionado en cada ciudad donde se ha presentado el Power Up Tour. Más allá de lo musical, la banda viaja con uno de los montajes más grandes del circuito mundial de conciertos. Cada ciudad recibe el mismo escenario original de la gira, una estructura monumental de más de 300 toneladas de acero que requiere tres días completos de armado, acompañada de cerca de 28 toneladas de sistemas de audio capaces de entregar aproximadamente 500 kW de potencia, lo suficiente para amplificar cada riff y cada golpe de batería a lo largo de todo el recinto.
El montaje incluye tres enormes pantallas traseras, pantallas laterales y torres de iluminación equipadas con decenas de focos que transforman la atmósfera del recinto a lo largo del espectáculo. A esto se suman varios de los elementos visuales más icónicos asociados históricamente a la banda, presentes a lo largo del show como parte de una puesta en escena que mezcla potencia, teatralidad y tradición rockera.

Pero antes de que las guitarras rugieran, la historia comenzó en las afueras del Parque Estadio Nacional.
La previa: un encuentro de generaciones
Desde temprano comenzaron a formarse largas filas. Muchos fanáticos llegaron desde regiones tras viajar toda la noche para cumplir el sueño de ver a la banda. La sensación era la de una reunión familiar gigantesca. Cervezas, música de AC/DC sonando en parlantes improvisados y miles de poleras negras que anunciaban lo que estaba por venir.

Entre ellos estaba Fernando Pérez, fanático proveniente de Puerto Montt, quien asistió al show de 1996.
“Fui al show del 96, pero este de hoy será histórico. Hay gente que nunca los ha visto y que ha esperado 30 años este momento. Para mí además es especial porque vine con mi hijo de 9 años, amante del rock, y es nuestro primer concierto juntos. Viajar desde Puerto Montt, pedir permiso en el trabajo… todo es logística, pero por AC/DC vale la pena, es algo que posiblemente jamás volvamos a ver”.
Otro asistente, Diego González, de Ñuñoa, comentó:
“Lo ideal habría sido en el estadio, pero se entiende que la logística lo impidió. Lamentablemente Chile tiene un estadio muy pequeño para este tipo de espectáculos. Ojalá algún día eso cambie. Lo importante es estar acá, porque después vienen los arrepentimientos y sabemos que AC/DC posiblemente no regrese más al continente”.
La tarde transcurrió con un ambiente sorprendentemente tranquilo. A pesar de la enorme cantidad de asistentes y un sol insoportable, siempre predominó el respeto entre fanáticos. Compartiendo música, cerveza y conversación, el público transformó la previa en una verdadera celebración del rock.
Cuando 30 años de espera finalmente terminaron
La espera había sido larga. Con el Parque Estadio Nacional completamente repleto y un ambiente cargado de ansiedad y emoción, las luces comenzaron a apagarse lentamente mientras las más de 84 mil personas presentes fijaban la mirada en el gigantesco escenario que dominaba el recinto. El murmullo colectivo se transformó rápidamente en un rugido cuando las pantallas se encendieron y la banda apareció finalmente sobre el escenario. Habían pasado 30 años desde la última vez que AC/DC tocó en Chile, y ese momento que para muchos parecía casi imposible de repetir estaba ocurriendo frente a sus ojos.
Con cerca de 30 minutos de retraso, los australianos abrieron el espectáculo con “If You Want Blood (You’ve Got It)”, desatando inmediatamente la algarabía del público. El impacto fue instantáneo: saltos, gritos y puños en alto se multiplicaban por todo el parque mientras Angus Young comenzaba a recorrer el escenario con su característica energía. Sin dar espacio para recuperar el aliento, la banda enlazó directamente con “Back in Black”, uno de los himnos más grandes de la historia del rock, coreado prácticamente en su totalidad por las miles de personas presentes, que respondían con una fuerza impresionante a cada riff.
El ritmo del concierto no bajó en ningún momento. Tras ese inicio demoledor, AC/DC presentó “Demon Fire”, una de las canciones de su más reciente álbum Power Up (2020), recordando que la banda no vive solamente de su legado, sino que sigue manteniendo vigente su catálogo con material más reciente. La nostalgia volvió rápidamente con “Shot Down in Flames”, clásico que conectó de inmediato con los fanáticos más veteranos, muchos de ellos presentes también en el histórico concierto de 1996.

La intensidad alcanzó uno de sus primeros puntos máximos cuando comenzaron a sonar los acordes de “Thunderstruck”. El Parque Estadio Nacional se convirtió en una verdadera caldera de energía: miles de personas saltando al mismo tiempo, gritos ensordecedores y hasta algunas bengalas encendidas en cancha general acompañaron uno de los riffs más reconocibles de la historia del rock. La banda mantuvo ese impulso con “Have a Drink on Me”, otro clásico del álbum Back in Black que seguía alimentando la conexión entre escenario y público.
De pronto, las luces se apagaron completamente y el escenario quedó en penumbra. Durante unos segundos el silencio dominó el parque, hasta que desde lo alto comenzó a descender lentamente la mítica campana gigante. El público entendió inmediatamente lo que estaba por venir, y cuando el sonido profundo de la campana marcó el inicio de “Hells Bells”, el recinto volvió a estallar en una nueva ola de euforia colectiva.
El show continuó sin descanso con “Shot in the Dark”, seguido por “Stiff Upper Lip”, manteniendo el ritmo del espectáculo antes de llegar a uno de los momentos más celebrados de la noche. Cuando comenzaron a sonar los acordes de “Highway to Hell”, miles de cuernos luminosos se encendieron a lo largo del Parque Estadio Nacional, generando una imagen impresionante mientras el público coreaba uno de los himnos más universales del rock.
La banda siguió avanzando por su repertorio con “Shoot to Thrill”, canción que también permitió apreciar el desempeño vocal de Brian Johnson, quien pese al paso del tiempo continúa sosteniendo el peso de un catálogo exigente. Luego vendrían “Sin City” y “Jailbreak”, extendiendo un show que a esa altura ya superaba la hora de duración sin perder intensidad.

La energía volvió a subir con “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, coreada a todo pulmón por el público, antes de continuar con “High Voltage” y “Riff Raff”, completando un tramo del setlist que demostraba lo bien estructurado que estaba el espectáculo, recorriendo distintas etapas de la carrera de la banda.
La recta final del concierto comenzó con “You Shook Me All Night Long”, que volvió a transformar la cancha en un coro masivo, seguido por “Whole Lotta Rosie”, momento en que miles de voces comenzaron a gritar al unísono “¡Angus! ¡Angus!”, anticipando uno de los momentos más memorables de la noche.
Ese momento llegó con “Let There Be Rock”, donde Angus Young se robó completamente el espectáculo con un solo de guitarra que se extendió por cerca de 25 minutos. Corriendo de un lado a otro del escenario, ejecutando su característico paso y llevando la guitarra al límite, el histórico guitarrista terminó subiendo a una plataforma que lo elevó sobre el público, permitiendo que incluso quienes se encontraban más lejos pudieran presenciar su despliegue. Fue una verdadera demostración de energía y talento que reafirmó por qué AC/DC sigue siendo una de las bandas más icónicas del rock mundial.
Aunque gran parte de las miradas recaen naturalmente sobre Angus Young y Brian Johnson, el resto de la banda también cumple un rol fundamental para sostener la maquinaria sonora de AC/DC. En la guitarra rítmica, Stevie Young, sobrino de Angus y Malcolm Young, aporta solidez y mantiene intacto el característico sonido de la banda. En el bajo, Chris Chaney , el integrante más joven de la formación se muestra firme y concentrado, asumiendo con personalidad el desafío de ocupar el lugar dejado por Cliff Williams. Por su parte, Matt Laug en la batería sostiene con precisión el pulso del concierto, manteniendo la energía constante de un repertorio que no da respiro.

Tras ese momento monumental, el concierto entró en su recta final. “T.N.T.” desató una explosión total en los 84 mil fanáticos, muchos de ellos visiblemente emocionados. No era raro ver personas llorando, abrazándose o cantando con los ojos cerrados. No era solo un concierto: era la oportunidad de vivir un momento que muchos habían esperado durante tres décadas.
El cierre llegó con “For Those About to Rock (We Salute You)”, canción que permitió desplegar toda la parafernalia característica de los shows de AC/DC. Los míticos cañones aparecieron sobre el escenario y comenzaron a disparar marcando el clímax del tema, mientras el público saltaba, cantaba y celebraba sabiendo que estaba presenciando el final de una noche que difícilmente olvidará. Una vez finalizada la canción, los fuegos artificiales iluminaron el cielo del Parque Estadio Nacional, sellando el cierre de una jornada histórica para los miles de fanáticos presentes.
Las pantallas mostraron el logo de la banda junto al emblema del PWR UP Tour, y poco a poco las luces comenzaron a encenderse nuevamente. El concierto había terminado, pero en los rostros de los asistentes aún se notaba la incredulidad de haber vivido finalmente el regreso de AC/DC a Chile después de 30 años.
Una noche histórica, pero con detalles a mejorar
Si bien la jornada fue histórica para el rock en Chile, también dejó algunos aspectos que generaron opiniones divididas entre los asistentes. Principalmente, varios fanáticos manifestaron problemas relacionados con los accesos al recinto y algunos colapsos en sectores de ingreso, situación que provocó molestias entre quienes intentaban entrar con mayor rapidez al Parque Estadio Nacional.
Incluso, durante el desarrollo del concierto se pudo observar a algunas personas subidas sobre contenedores y estructuras de baños químicos intentando obtener una mejor vista del escenario, algo que refleja que ciertos sectores del recinto quedaron con visibilidad limitada para parte del público. Sin duda, son detalles que deberán ser revisados por la organización pensando en la segunda fecha programada en el país.
Sin embargo, más allá de esos inconvenientes puntuales, el balance general sigue siendo profundamente positivo. La magnitud del espectáculo, la respuesta del público y la emoción colectiva que se vivió durante toda la jornada terminaron por transformar la noche en un momento histórico para los 84 mil fanáticos que llegaron hasta el Parque Estadio Nacional.
Voces que llegaron desde distintos rincones del continente
Una vez finalizado el concierto, las emociones continuaban a flor de piel entre los asistentes. Muchos se retiraban lentamente del recinto comentando lo que acababan de presenciar, mientras otros simplemente permanecían unos minutos más intentando asimilar lo vivido.
Entre ellos estaba José Benítez, quien viajó desde Lima, Perú, exclusivamente para ver a la banda.
“Este show fue increíble. Vinimos desde Perú porque lamentablemente la banda no iba a ir a Lima, pero valió completamente la pena. Estamos muy contentos con el concierto y además nos sorprendió mucho la hospitalidad del público chileno”, comentó.
También encontramos a Juan Pablo Fonseca, proveniente de Buenos Aires, Argentina, quien decidió cruzar la cordillera para vivir esta fecha en Santiago.
“Venimos desde Argentina porque sabíamos que este concierto iba a ser especial. Ellos no venían a Santiago hace 30 años y queríamos ser parte de algo histórico”.
Desde el sur de Chile también llegaron fanáticos. Manuel Figueroa, proveniente de Osorno, resumía la experiencia con una mezcla de cansancio y felicidad.
“Loco, esto es increíble. Viajé horas para estar acá, tengo la espalda adolorida y no sé si mañana voy a poder trabajar, pero esto es impagable. Sin duda uno de los mejores conciertos a los que he asistido, estoy en shock”.
Historias como esas se repetían por todo el recinto, confirmando que el regreso de AC/DC no solo convocó a fanáticos de Chile, sino también de distintos países de la región.
Generaciones completas celebrando el rock
Uno de los aspectos más llamativos de la noche fue la diversidad del público. Entre los asistentes se podían ver adultos mayores, padres con hijos, jóvenes e incluso niños pequeños, muchos de ellos viviendo su primer gran concierto de rock.

De hecho, un detalle que llamó la atención fue la presencia de varios menores utilizando protectores auditivos, un gesto de los padres para cuidar la audición de quienes estaban experimentando por primera vez la potencia de una banda como AC/DC en vivo.
La escena era clara. Generaciones completas reunidas por una misma pasión. Padres que crecieron escuchando los discos de la banda junto a sus hijos, compartiendo un momento que probablemente quedará grabado para siempre en sus memorias.
Treinta años que finalmente valieron la pena
Treinta años es demasiado tiempo para esperar el regreso de una banda. Sin embargo, cuando las luces del escenario se apagaron y las 84 mil personas comenzaron a abandonar lentamente el recinto, la sensación general era clara: la espera había valido completamente la pena.
AC/DC regresó a Chile con un espectáculo gigantesco, una producción de nivel mundial y un repertorio lleno de clásicos que marcaron la historia del rock. Más allá del paso del tiempo, de los cambios en la formación y del inevitable desgaste que traen las décadas, la banda demostró que su esencia sigue intacta.
Por todo eso, el concierto vivido en el Parque Estadio Nacional no solo fue uno de los eventos musicales más grandes realizados en el país en los últimos años, sino que probablemente quedará registrado como uno de los shows más importantes de la década en Chile.
Agradecimientos y última oportunidad para ver a AC/DC en Chile
Desde rockalavena.cl agradecemos a DG Medios por la acreditación otorgada para poder cubrir como medio oficial esta jornada histórica para el rock en nuestro país.
Para quienes aún no han vivido esta experiencia, todavía existe una última oportunidad. AC/DC realizará su segunda y última presentación en Chile este domingo 15 de marzo, y las últimas entradas disponibles pueden adquirirse a través del sistema Ticketmaster.
Una cita que, sin duda, promete volver a reunir a miles de fanáticos para celebrar el regreso de una de las bandas más grandes en la historia del rock.

