REVIEW CONCIERTO | Soda Stereo en Chile: Los “ecos” de una era que reviven su grandeza
Reseña: Kevin Fuentealba Mol
Fotos: Ramón Gómez | Lotus
«Nos vemos en la próxima, de la forma que sea», fueron las palabras con las que Gustavo Cerati despidió su último show en Chile, aquel lejano 24 de octubre de 2007 en el Estadio Nacional. De forma casi profética, Soda Stereo regresó a nuestro país anoche con su gira «Ecos», trayéndonos un recital nostálgico y un profundo cruce de emociones durante cerca de dos horas.

Un inicio enigmático y encendido
Un Movistar Arena repleto esperó atento el regreso de la banda trasandina. En medio de un ambiente enérgico, los músicos ingresaron al escenario partiendo con «Ecos», la canción que da nombre al tour, seguida de «Juegos de Seducción», provocando un inicio bastante encendido desde los primeros minutos.
El escenario, como tal, se apreciaba un poco vacío hasta ese entonces, pero cargado de contenido visual. Una pantalla tipo telón funcionó para proyectar efectos y patrones bastante llamativos. La banda se posó detrás de ella, viéndose solo como sombras, mientras una proyección de altísima calidad de Gustavo Cerati ocupaba su lugar, cantando y moviéndose como si estuviera realmente ahí.
Pasados unos minutos, el telón se levantó para revelar el escenario de forma clara, demostrando que lo que estábamos viendo era real. Ahí estaban Charly Alberti en la batería y Zeta Bosio en el bajo para tocar «Nada Personal». Proyectado en el centro se encontraba Gustavo, interpretando las pistas extraídas de presentaciones pasadas en vivo, pero conectando mágicamente con la gente presente.

La experiencia inmersiva: Un despliegue visual sin precedentes
La propuesta de Soda fue acompañada por un componente visual sumamente llamativo, con el adicional de que el público contó con lentes 3D para partes clave que llevaron lo vivido a otro nivel. Un ejemplo fue el puente de «Cuando Pase el Temblor», que sonó acompañado de efectos tridimensionales y sin la participación física de la banda. Durante todo el concierto, las pantallas generaron ilusiones de gran dinamismo, complementadas por una estructura lumínica en el techo de la cúpula del arena que dialogaba a la perfección con el escenario.
Con todo lo anterior, el objetivo fue conseguir un concierto totalmente inmersivo. Más allá de solo observar a Charly y Zeta en vivo junto a la proyección de Gustavo, la producción quiso llevarlo a un nivel más impactante con la implementación de este telón que bajaba en momentos precisos para potenciar los efectos 3D. Al final, el aspecto visual se tornó el protagonista de la noche, utilizando recursos poco comunes en los recitales actuales que añadieron una dimensión distinta a la experiencia.

¿El homenaje definitivo o la frialdad de la ausencia?
A pesar de lo que inicialmente se pensaba, el show no buscó ser únicamente un homenaje a Cerati. Charly y Zeta respetaron el rol del fallecido cantante como frontman indiscutido, evitando tener mayores interacciones directas con los asistentes. Debido a esto, a ratos el ambiente se sintió verdaderamente como el nombre del tour: «ecos» de una época dorada. El recital se interpretó de forma un poco distante; aunque miles de personas estaban hipnotizadas por el espectáculo, la banda no intentó llenar los silencios con discursos.
Fue un repertorio que dio poco tiempo para respiros, exigiendo a los músicos interpretar sus instrumentos con una precisión milimétrica (sincronizada con las pistas) que no dejaba espacio para errores. Con ese gran desafío a cuestas, la noche avanzó a través de un setlist que repasó todas las épocas de Soda Stereo, incluyendo sorpresas como «Hombre al Agua», «Primavera 0», «(En) El Séptimo Día» y la maravillosa versión unplugged de «Un Misil en Mi Placard». Todo esto ayudó a que la jornada se tornara profundamente nostálgica y en un verdadero acto de comunión.
A pesar de los aciertos, no dejó de ser un poco inquietante la presencia holográfica de Gustavo Cerati (o al menos desde una percepción personal). Quizás, como público nacional, aún no estamos del todo acostumbrados a este tipo de formatos. A algunos les pareció hermoso poder disfrutar de un recital que se creía imposible de revivir; a otros les resultó un tanto tétrico o simplemente no conectaron con la propuesta. Sin embargo, esta tecnología es una realidad que ya forma parte de una nueva era de la música en vivo, a la que Soda Stereo quiso sumarse ejecutándola con innegable maestría.

Los incombustibles éxitos y un cierre terrenal
Los himnos masivos, por supuesto, no faltaron en esta pasada. Clásicos como «En la Ciudad de la Furia», «Sobredosis de TV», «Persiana Americana» y «Prófugos» sostuvieron la energía constante, manteniendo los saltos y coros incesantes de la gente. Además, la sugerencia de no utilizar teléfonos celulares durante el show resultó ser un tremendo plus, permitiendo que miles de almas vivieran el recital con la misma intensidad de la época original de la «Sodamanía».
El clímax llegó hacia el final, donde sorpresivamente Charly y Zeta se ubicaron en una tarima a mitad de la cancha para interpretar «De Música Ligera». Para este momento ya no se utilizó la proyección virtual, sino un emotivo video en las pantallas que repasaba todas las eras de Cerati. Esa cercanía terrenal marcó el punto más alto de la noche y funcionó como un homenaje sumamente sincero. Así, la banda se despidió ante la ovación ensordecedora del público, cerrando con créditos en las pantallas y «Zona de Promesas» sonando de fondo.

El paso de la gira «Ecos» por nuestro país es una oportunidad única para revivir (o descubrir, para las nuevas generaciones) la historia de la banda de la forma más íntegra posible hoy en día. Es una experiencia que repasa lo mejor de su carrera como un regalo para un público históricamente fiel como el chileno. El concierto rinde honor a lo que alguna vez fue Soda: sin pausas, sin aditivos; solo la música y la conexión directa.
Las opiniones, sin duda, seguirán divididas. Para muchos fue una noche emotiva y la oportunidad perfecta para reconectar con sus ídolos; para otros, pudo ser un show frío o difícil de asimilar en su formato virtual. Ver la figura de Gustavo Cerati sobre el escenario genera un torbellino de sensaciones, pero, al final del día, es hermoso tener la posibilidad de sumergirse en una experiencia inmersiva junto a la banda sonora de tantas vidas. La última palabra la tendrán los fans, pero siempre vale la pena dejarse llevar por los ecos de esa era dorada de Soda Stereo, una de las bandas más importantes en la historia de la música hispanohablante. Porque, como siempre, se vale soñar.

