EVENTOS | Cult of Fire y el regreso del ritual a Santiago: la evolución espiritual y sonora de una de las bandas más hipnóticas del black metal
A ocho años de su única e hipnótica visita a Santiago, los checos Cult of Fire regresan finalmente al país convertidos en una de las propuestas más singulares y espirituales del black metal contemporáneo. El próximo 16 de mayo en el Teatro Cariola, la agrupación volverá a desplegar su ritual de humo, incienso, misticismo hindú y atmósferas abrasivas, en una presentación que además servirá para revisar una discografía que, lejos de repetirse, ha evolucionado constantemente desde la crudeza ceremonial hacia terrenos cada vez más contemplativos y emocionales.
Desde su formación en Praga en 2010, Cult of Fire se ha distanciado del black metal tradicional europeo. Mientras muchas bandas del género siguen orbitando en torno al satanismo, el nihilismo o la blasfemia, los checos construyeron un imaginario profundamente ligado al hinduismo, el budismo tántrico y los rituales védicos. Musicalmente, esa búsqueda espiritual se traduce en una mezcla entre black metal atmosférico, melodías épicas, pasajes ambientales y estructuras que buscan inducir una experiencia casi meditativa.
Su debut, “Triumvirát” (2012), fue la primera señal de que estábamos ante algo distinto. El álbum mantenía la ferocidad del black metal clásico —blast beats, riffs helados y voces desgarradas—, pero ya incorporaba teclados ceremoniales y una construcción atmosférica mucho más majestuosa que la habitual dentro del género. Había oscuridad, sí, pero también una sensación de viaje ritual. Las composiciones parecían diseñadas para sumergir al oyente en un trance más que para simplemente atacar con violencia sonora.
Un año después apareció “Ascetic Meditation of Death” (मृत्यु का तापसी अनुध्यान), probablemente la obra más importante y trascendente de su catálogo. Aquí Cult of Fire profundizó completamente en la espiritualidad oriental, tanto conceptual como musicalmente. Las canciones se volvieron más largas, densas y ceremoniales, mientras las guitarras adquirieron un carácter más hipnótico y repetitivo. El disco funciona como un viaje de ascetismo y muerte simbólica: una búsqueda de iluminación a través de la destrucción del ego. La banda encontró un equilibrio casi perfecto entre agresividad y contemplación, consolidando el sonido “atmospheric tantric black metal” con el que serían reconocidos mundialmente.
Luego vino un extenso silencio discográfico de siete años, roto recién en 2020 con el lanzamiento simultáneo de “Moksha” y “Nirvana”, dos trabajos complementarios que mostraron a una banda interesada en expandir radicalmente sus límites creativos. “Moksha” conservaba la estructura black metal, aunque con tempos más pausados y un enfoque mucho más introspectivo. Las melodías adquirieron un carácter melancólico y casi post-rock en ciertos momentos, reforzando la idea de liberación espiritual sugerida por el título.
“Nirvana”, en cambio, fue el paso más arriesgado de su carrera. El álbum redujo considerablemente la agresión y se inclinó hacia lo ambiental e instrumental, privilegiando drones, texturas meditativas y largas capas sonoras que parecían inspiradas más en música ritual o ambient oscuro que en el black metal tradicional. Aunque ambos discos dividieron opiniones, también dejaron claro que Cult of Fire no estaba interesado en repetirse ni en satisfacer expectativas conservadoras del género.
Esa evolución encontró un nuevo punto de madurez con “The One, Who Is Made of Smoke” (2025), su trabajo más reciente y probablemente el más equilibrado de toda su carrera. El disco sintetiza las distintas etapas de la banda: recupera la intensidad de sus primeros trabajos, mantiene la profundidad espiritual de “Ascetic Meditation of Death” y conserva parte de la sensibilidad atmosférica explorada en “Moksha” y “Nirvana”. Pero lo más interesante es cómo Cult of Fire logra sonar más melódico y accesible sin perder su identidad ritual ni su oscuridad característica. Hay espacio para la contemplación, pero también para explosiones de furia y pasajes épicos que recuerdan por qué la banda sigue siendo una de las experiencias más inmersivas del black metal actual.
Por eso, el regreso de Cult of Fire a Santiago no se siente como un concierto más dentro de la cargada agenda metalera de 2026. Será la oportunidad de ver cómo una banda que comenzó explorando la violencia ceremonial del black metal terminó construyendo una obra profundamente espiritual, introspectiva y cinematográfica. Ocho años después de aquella primera visita en Blondie, el ritual vuelve a encenderse en Chile, esta vez con una discografía mucho más rica, compleja y madura.
Entradas disponibles en www.ticketplus.cl

