REVIEW CONCIERTO | Nunca será suficiente Pulp

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Reseña: Kevin Fuentealba Mol
Fotos:
garygophoto | Fauna Prod.


«Te mereces más». Esa fue la premisa con la que Pulp regresó a nuestro país el pasado 8 de junio. Lo que parecía un simple guiño a su más reciente álbum de estudio, «More», terminó convirtiéndose en una promesa literal de lo que sería su show.

¿Querías más? Pues aquí tienes: un espectáculo dividido en dos sets, con un total de 25 canciones y más de dos horas y media de duración, rompiendo su propio récord como el concierto más largo que han dado en Chile (y uno de los más extensos de su carrera, junto al reciente hito en Ciudad de México). De esta forma, la banda superó con creces las expectativas y saldó la deuda pendiente tras su acotada presentación en el festival Fauna Primavera 2023.

Fotos: garygophoto | Fauna Prod. 

El primer acto: Teatralidad, clásicos y un despliegue hipnótico

«Buenas noches. Recordarán esta noche por el resto de sus vidas. Están por ver a Pulp. Esta actuación es un ‘encore’. Un ‘encore’ significa que el público quiere más. Así que hagan ruido… ¡Dije que hagan ruido! Han sido escuchados. Que comience la función».

La banda británica ingresó al escenario con una puntualidad milimétrica. Sin vacilar, dieron inicio a la velada con «Sorted for E’s & Wizz», para luego desatar una explosión prematura de energía de la mano de «Disco 2000». Así, los originarios de Sheffield lograron llenar rápidamente el Movistar Arena de colores y saltos efervescentes. «Gracias. Somos Pulp», fue la primera intervención de Jarvis Cocker antes de presentar «Spike Island», de su aplaudido nuevo disco. A partir de ahí, el concierto se transformó en un viaje sin retorno, plagado de luces, proyecciones, bailes y profundos pasajes emotivos.

Fotos: garygophoto | Fauna Prod. 

Sostener un espectáculo de este calibre exige una vitalidad y un dominio escénico fuera de lo común. Jarvis Cocker se impuso sobre la tarima con su teatralidad característica; a través de sus movimientos espasmódicos, gesticulaciones y el simple ademán de sus manos, logró marcar una presencia hipnotizante que no necesitó de mayores artificios. Entre el lanzamiento de objetos al público y un constante jugueteo improvisado, Jarvis dejó en claro que sus habilidades como frontman siguen absolutamente intactas, desafiando tanto el paso del tiempo como la exigencia física de un maratón de casi tres horas.

Pulp sabe perfectamente a lo que juega. Tras un arranque movido y cargado de himnos como «Razzmatazz» y «F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E», la agrupación transitó hacia una atmósfera mucho más densa al acercarse el cierre del primer set, dándole espacio a piezas como «Underwear» y «This Is Hardcore». Hasta ese momento, la presentación se vivía como una verdadera obra de teatro con Cocker como protagonista absoluto. El final de esta primera parte llegó de la mano de «Sunrise», una postal visual impactante donde el sol proyectado en las pantallas contrastaba a los músicos, convirtiéndolos en sombras en movimiento. Con este soberbio despliegue audiovisual, la banda anunció un intermedio de quince minutos.

Fotos: garygophoto | Fauna Prod. 

El segundo acto: Interacción, catarsis generacional y un regalo impredecible

El retorno al escenario estuvo marcado por una dinámica interactiva: un «aplausómetro» en pantalla para elegir la siguiente canción. El público votó y «Help the Aged» se impuso con creces sobre «Seconds». Ya de vuelta, el grupo bajó las revoluciones interpretando primero «Something Changed» en formato acústico, seguido de «The Fear», para finalmente complacer al recinto con la canción ganadora.

Fotos: garygophoto | Fauna Prod. 

Sorprende la maestría con la que Pulp integra a los asistentes en su narrativa, combinando las peticiones de Jarvis, el efecto hipnótico de la música y las lúdicas instrucciones en pantalla. Con este impecable manejo de las masas, la banda pavimentó el camino hacia la recta final, orientando el repertorio hacia sus clásicos más enérgicos y reconocibles. Recordando su debut en nuestro país, sonaron los acordes de «Do You Remember the First Time?», acompañados de coreadas versiones de «Mis-Shapes» y «Babies». La catarsis absoluta estalló con «Common People», el himno generacional que marcó el indudable punto más alto de la jornada, antes de enganchar con «A Sunset…».

Pero lo más humano de este espectáculo fue su capacidad de sorpresa. Cuando parecía que todo estaba dicho y algunos asistentes ya abandonaban prematuramente el recinto, Jarvis irrumpió para regalarnos la interpretación sorpresa de «Seconds». El vocalista confesó que la banda realmente quería tocarla esa noche, ofreciendo un hermoso gesto al interpretar ambos temas que antes se habían enfrentado en el aplausómetro. El desenlace definitivo, ahora sí, llegó de la mano de «Open Strings», tocada por primera vez en vivo. «Quizá sea una pésima idea», bromeó Cocker, pero terminó siendo un emotivo y merecido homenaje al fallecido bajista Steve Mackey, bajando el telón de una velada inolvidable.

Fotos: garygophoto | Fauna Prod. 

Pulp cumplió a cabalidad su primera promesa: «Recordarán esta noche por el resto de sus vidas». La banda nos abrazó, nos enamoró y nos hizo saltar frenéticamente. Fue un concierto que se sintió inmensamente orgánico y humano; recursos técnicos como el componente audiovisual y el sonido impecable fueron meros adornos para el monumental despliegue escénico de un grupo que, lejos de las prisas comerciales, ofreció un encuentro cercano y sin ataduras.

A pesar de ser su show más extenso en Chile, la teatralidad y la paleta de colores nos hipnotizaron tanto que el tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Pulp no solo reafirmó su vínculo histórico con el país entregando uno de los mejores conciertos del año, sino que también nos dejó una gran lección: por más que la consigna sea que nos merecemos «más», la realidad demostró que, sin importar cuán larga sea la fiesta, nunca será suficiente Pulp.