REVIEW CONCIERTO | Paul Gilbert en Teatro Cariola: guitarras, rock y una dosis peligrosa de virtuosismo

Paul Gilbert

Foto: José Oneto - @foto.onetto

El mes patrio comenzó como corresponde: con una buena dosis de guitarras, amplificadores trabajando horas extra y un tipo capaz de hacer que seis cuerdas parezcan una orquesta completa. Paul Gilbert aterrizó en el Teatro Cariola este 4 de septiembre para desplegar su gira WROC, llevando al público por un recorrido de virtuosismo, melodías imposibles, riffs incendiarios y, porque nadie dijo que el rock tenía que ser solemne, buenas cuotas de humor. Si alguien llegó pensando que iba a ver simplemente a un guitarrista rápido, probablemente salió entendiendo que detrás de esa velocidad existe una cabeza musical que sabe perfectamente cuándo acelerar, cuándo respirar y cuándo simplemente hacer explotar el escenario.

La tarea de abrir semejante fiesta de seis cuerdas estuvo en manos del capo nacional Claudio Cordero, quien junto a su banda entregó una presentación de altísimo nivel. Cordero no necesitó demasiadas credenciales para convencer a los presentes: técnica, sensibilidad y una ejecución impecable dejaron el terreno perfectamente preparado para lo que venía. Fue una apertura a la altura de la visita internacional y una nueva demostración de que en Chile también existen guitarristas capaces de pararse frente a cualquier audiencia y jugar de igual a igual.

Foto: José Oneto – @foto.onetto

Y entonces apareció Gilbert. El comienzo fue directamente a la yugular con un «Crazy PG Medley» que recorrió distintos momentos de su historia como guitarrista. Racer X, Mr. Big y su extensa carrera solista aparecieron condensados en una verdadera montaña rusa de riffs, solos y cambios de velocidad. El mensaje estaba entregado: aquí no veníamos a contar las notas, veníamos a sobrevivirlas.

La primera parte del concierto se concentró en su material solista, con piezas como «Let Thy Carriage», «Spark of Celestial Fire», «Every Action», «Maintain a Sweet and Cheerful Countenance» y «Mother Father», demostrando que el virtuosismo de Gilbert nunca depende únicamente de disparar notas a velocidad supersónica. Hay composición, melodía y una capacidad casi descarada para convertir ejercicios técnicos en canciones que funcionan perfectamente sobre un escenario.

Foto: José Oneto – @foto.onetto

Pero si algo sabe hacer Gilbert es jugar con las expectativas. Después del «Acoustic Solo», llegó «Thunderbird», clásico de ZZ Top, y aquí la canción adquirió un peso especial considerando el reciente fallecimiento de Frank Beard, baterista original de la banda. Un homenaje que además tuvo sabor a previa, considerando la próxima visita de ZZ Top a nuestro país. Luego apareció «Last Child» de Aerosmith, otro misil directo a la historia del rock estadounidense. Dos covers que demostraron que Gilbert no solo conoce el lenguaje de la guitarra: también sabe reconocer a quienes escribieron buena parte del diccionario.

La selección continuó con «If You Soak Bread in the Sauce», «Orderly and Distinctly», «Brand New Key» de Melanie y «Keep Your Feet Firm and Even», antes de entrar nuevamente en terreno de clásicos con un «Jam / Baba O’Riley» que desembocó en «Rock and Roll» de Led Zeppelin. Y ahí la cosa ya no era un concierto de guitarra: era una clase abierta de historia del rock impartida a punta de distorsión.

Foto: José Oneto – @foto.onetto

Lo entretenido de Gilbert es que nunca parece estar compitiendo con su propio instrumento. El humor, las intervenciones con el público y esa actitud de tipo que genuinamente disfruta estar tocando hacen que semejante despliegue técnico nunca se convierta en una exhibición fría. Puede tocar como demonio, pero también sabe reírse, jugar y bajar la guardia. Y eso genera una conexión especial con una audiencia que, probablemente, pasó buena parte de su adolescencia intentando descubrir cómo diablos hacía esos trucos.

La recta final llegó con «Show Not Yourself Glad (at the Misfortune of Another)» y «Go Not Thither», cerrando una noche en la que Paul Gilbert dejó nuevamente claro que el virtuosismo no tiene por qué ser sinónimo de aburrimiento. Todo lo contrario: cuando existe musicalidad, personalidad y sentido del humor, las seis cuerdas pueden convertirse en una auténtica máquina de demolición.

El Cariola recibió al guitarrista estadounidense con entusiasmo y se despidió con la sensación de haber presenciado algo más que un concierto. Paul Gilbert volvió a demostrar que la velocidad impresiona, pero la música permanece. Y si además viene acompañada de buen humor, riffs imposibles y un catálogo que conecta a Racer X, Mr. Big, Aerosmith, Blue Oyster Cult, ZZ Top, The Who, Led Zeppelin y una interminable lista de influencias, entonces tenemos exactamente lo que necesitábamos para comenzar septiembre como corresponde: rock, guitarras y volumen al máximo.

Nota: Eduardo Sandoval

Fotografías: José Oneto