EVENTOS | My Dying Bride: tres décadas convirtiendo la melancolía en metal
El death/doom británico vuelve a Santiago. My Dying Bride aterriza el 23 de noviembre en Teatro Cariola después de 13 años, con más de tres décadas de carrera, un catálogo monumental y A Mortal Binding como prueba de que la banda todavía sabe exactamente dónde clavar el cuchillo.
No hace falta adornar demasiado el asunto: My Dying Bride lleva más de treinta años haciendo que el metal pese como una condena. Desde Halifax, Inglaterra, la banda comenzó a levantar su particular arquitectura de death/doom en 1990 y rápidamente terminó convertida, junto a Paradise Lost y Anathema, en uno de los nombres fundamentales de la escena británica que durante los primeros años de los noventa empujó el doom hacia territorios más extremos, melódicos y sombríos. Su regreso a Chile será el 23 de noviembre en Teatro Cariola, una fecha que marca su reencuentro con el público nacional tras trece años de ausencia.
La historia comienza con As the Flower Withers (1992), un debut que todavía conserva el olor a sótano húmedo y amplificador a punto de morir. Aquí el death metal y el doom no aparecen como dos estilos negociando entre ellos: chocan. Los riffs avanzan con una lentitud aplastante mientras la batería mantiene el pulso de una maquinaria fúnebre y Aaron Stainthorpe descarga sus primeras voces guturales sobre composiciones como “Sear Me”, “The Forever People” y “The Bitterness and the Bereavement”. Fue el único álbum de estudio de la banda en que Stainthorpe utilizó exclusivamente el registro death growl.

Pero My Dying Bride no tardó en entender que la brutalidad también podía tener belleza. Turn Loose the Swans (1993) abrió todavía más esa herida. La incorporación de Martin Powell al violín y teclados permitió que las melodías adquirieran un peso decisivo, convirtiendo el lamento en parte estructural del sonido. “Your River”, “The Crown of Sympathy” y la propia “Turn Loose the Swans” muestran a una banda que ya no estaba interesada únicamente en aplastar: quería hacer que la tristeza también tuviera dientes.
Después llegó The Angel and the Dark River (1995), seis composiciones extensas y densas que llevaron a My Dying Bride a otro nivel. Para entonces, la banda ya estaba instalada en la primera línea del metal europeo y había conseguido algo que no resulta sencillo: hacer que canciones largas, lentas y cargadas de melancolía mantuvieran una tensión capaz de sostener un escenario completo. Ese mismo año compartieron gira europea con Iron Maiden, una señal concreta de la dimensión que ya había alcanzado su propuesta.
Y entonces apareció Like Gods of the Sun (1996), otro golpe directo a quienes todavía pensaban que el doom era simplemente tocar despacio. My Dying Bride profundizó sus estructuras, endureció los riffs y conservó aquella combinación de dramatismo, melodía y oscuridad que ya era reconocible como propia. Un año después llegó 34.788%… Complete (1998), probablemente uno de los movimientos más incómodos de su carrera: electrónica, experimentación y una ruptura deliberada con parte de la fórmula anterior. No fue un disco diseñado para complacer a todos; precisamente por eso sigue siendo una pieza importante para entender que la banda nunca estuvo completamente dispuesta a vivir encerrada dentro de una etiqueta.
The Light at the End of the World (1999), The Dreadful Hours (2001), Songs of Darkness, Words of Light (2004), A Line of Deathless Kings (2006), For Lies I Sire (2009), A Map of All Our Failures (2012), Feel the Misery (2015) y The Ghost of Orion (2020) fueron ampliando una discografía que hoy suma 15 álbumes de estudio. No todos buscan exactamente el mismo lugar, pero todos pertenecen a una trayectoria donde la banda ha mantenido una característica bastante poco negociable: My Dying Bride suena a My Dying Bride.

Y después de más de tres décadas, A Mortal Binding (2024) no llegó como una operación de nostalgia. Publicado por Nuclear Blast, el álbum recupera elementos reconocibles de su sonido: guitarras pesadas, melodías funerarias, voces desgarradas y, por supuesto, el violín utilizado como un elemento dramático fundamental. “Her Dominion”, “Thornwyck Hymn”, “The 2nd of Three Bells” y especialmente “The Apocalyptist”, con sus once minutos de duración, muestran a una banda todavía cómoda trabajando con densidad, oscuridad y tensión.
El violín merece una mención aparte. En manos de My Dying Bride nunca fue un simple recurso ornamental para darle una supuesta elegancia gótica al metal. Es parte de su ADN. Ese instrumento introduce una fragilidad que contrasta con las guitarras graves y las voces de Stainthorpe, creando una tensión que define buena parte de su identidad. Cuando el riff cae y el violín aparece sobre esa masa sonora, la banda consigue algo que pocas agrupaciones han replicado con la misma naturalidad: hacer que el metal suene simultáneamente devastado y hermoso.
En el escenario estarán Aaron Stainthorpe, una de las voces más reconocibles del doom británico, y Andrew Craighan, guitarrista y miembro fundador, junto a la formación que actualmente completa la maquinaria de My Dying Bride. Para la etapa de A Mortal Binding, la banda incorporó de forma permanente al guitarrista Neil Blanchett y recuperó a Dan Mullins en batería.

Treinta y seis años después de su formación, My Dying Bride no necesita reinventarse para justificar su regreso. Su propio catálogo ya es suficientemente pesado: desde la crudeza de As the Flower Withers, pasando por la monumentalidad de Turn Loose the Swans y The Angel and the Dark River, hasta la oscuridad contemporánea de A Mortal Binding. Son discos que trazaron una ruta propia mientras buena parte del metal extremo buscaba desesperadamente definir hacia dónde avanzar.
Ahora esa ruta vuelve a pasar por Santiago.
23 de noviembre. Teatro Cariola. My Dying Bride en Chile.
Para quienes llevan años esperando escuchar en vivo esos riffs que convirtieron la lentitud en violencia, el violín en lamento y la melancolía en una forma particularmente pesada de metal, esta fecha no necesita demasiada explicación.
Las entradas están disponibles a través de Passline.com

