MORTIIS EN SALA RBX: INDUSTRIAL, OSCURIDAD Y RITUALES DESDE LAS MAZMORRAS
El industrial de Mortiis no necesita pedir permiso para incomodar. Su música arrastra maquinaria, atmósferas enfermizas y pulsaciones electrónicas desde un territorio donde la oscuridad no es decoración, sino una condena. Este domingo 18 de octubre, la Sala RBX recibió a una de las criaturas más singulares de la escena oscura europea, en una jornada marcada por el cielo gris, los truenos y una descarga sonora que encontró el escenario perfecto para desplegar su veneno.
Los encargados de abrir el ritual fueron los nacionales de Underbrain, trío que salió a golpear con una combinación de samples, guitarras pesadas y una base rítmica afilada. Con temas como “Damage Control”, “Deadline” y “American Drugs”, la banda encendió a un público que ya había repletado el recinto. Su presentación fue precisa, directa y contundente: una dosis de músculo industrial que preparó el terreno para lo que vendría después.

La expectación crecía entre lienzos, luces y una audiencia que sabía perfectamente a quién había venido a ver. Cuando Mortiis tomó el escenario, la Sala RBX quedó bajo el dominio de su particular universo sonoro. Lejos de limitarse a reproducir una estética siniestra, el músico noruego construyó una experiencia cargada de tensión, electrónica y guitarras que mordían con fuerza. La respuesta del público chileno no tardó en hacerse sentir, y esa energía también llegó al escenario, alimentando una presentación que fue ganando intensidad tema tras tema.
“Mental Maelstrom” y “Monolith” marcaron el pulso de una descarga que encontró en “Smell the Witch” y “Parasite God” algunos de sus momentos más potentes. La combinación de bases industriales, texturas electrónicas y riffs densos golpeó de lleno, demostrando la capacidad de Mortiis para moverse entre la hipnosis y la agresión sin perder identidad. Afuera, los truenos y relámpagos parecían prolongar el clima de la presentación, añadiendo un componente casi cinematográfico a una tarde que ya tenía suficientes sombras por cuenta propia.

El repertorio también permitió apreciar una faceta distinta de las visitas anteriores, más concentrada en el material antiguo y en aquellas composiciones de atmósfera enigmática que definieron otra etapa de su trayectoria. Esta vez, el peso estuvo en una propuesta industrial más contundente, con canciones que conectaron de inmediato con una audiencia entregada y dispuesta a dejarse arrastrar por sus pulsaciones mecánicas.

El sonido estuvo a la altura y la producción permitió que cada capa de la música encontrara su espacio: desde los pasajes electrónicos hasta el impacto de las guitarras. No hubo necesidad de adornar la propuesta. Mortiis desplegó su arsenal y dejó que la música hiciera el trabajo sucio.
La jornada cerró con el público satisfecho, cargado de energía y con la sensación de haber presenciado un espectáculo que se apartó de la nostalgia fácil para concentrarse en el costado más industrial, pesado y perturbador del proyecto. Mortiis convirtió la Sala RBX en una cámara de resonancia oscura: maquinaria, distorsión y una atmósfera capaz de convertir una noche de domingo en una auténtica incursión a las mazmorras.

Reseña: Miguel Leiva Morales
Fotos: Eduardo Sandoval – @edo_cl
