REVIEW CONCIERTO | Hozier: comunión emocional y un potente mensaje de igualdad

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Reseña: Kevin Fuentealba Mol
Fotos: Eduardo Sandoval


Hozier se presentó ante un repleto Movistar Arena el pasado sábado 24 de mayo. El músico irlandés volvió a nuestro país luego de su exitosa participación en Lollapalooza el año pasado, esta vez en el marco de su gira mundial para presentar su más reciente trabajo, «Unreal Unearth».

Acompañado por la prometedora artista Gigi Pérez y la cantante nacional Karla Grunewaldt, Hozier ofreció un show profundamente emotivo. Variando ligeramente el setlist en comparación con otras fechas de la gira, el concierto estuvo cargado de mensajes y simbolismo, reafirmando su estatus como uno de los músicos más influyentes de la actualidad.

Fotos: Eduardo Sandoval

Inicio celestial: entre luces y conexión emocional

Bajo una tenue luz azul y un fondo estrellado, Hozier apareció en el escenario para dar inicio al concierto. Con su guitarra en mano, los acordes de «De Selby (Part 1)» seguidos por «De Selby (Part 2)» comenzaron a darle forma a la noche. Las luces verdes encendidas por el público formaban parte de un fan action, mientras en las pantallas se proyectaba la frase “Ustedes son brillantes y luminosos…”, generando un momento de conexión y agradecimiento mutuo entre artista y audiencia.

“¿Cómo están?, es bueno estar de vuelta en Chile” fueron sus primeras palabras, antes de interpretar «Jackie and Wilson», donde los colores llenan el escenario y la energía marcó el tono del resto del espectáculo. Un público mayoritariamente joven y femenino celebró cada instante con entusiasmo, lanzando gritos juguetones como “mijito rico”, “mucha ropa” o “¡la polera!”, en un ambiente cargado de calidez y cercanía.

Fotos: Eduardo Sandoval

La belleza compartida

Aunque Hozier es sin duda el protagonista de la noche, su presencia en el escenario fue humilde y equilibrada. Se mantuvo en el centro, dejando espacio para que cada integrante de su banda brillara por igual. Canciones como «Angel of Small Death and the Codeine Scene» y «Dinner & Diatribes» avanzaron con energía mientras las luces iluminaban a todos los músicos, sin dejar a nadie fuera del foco.

El escenario, decorado con una estética cuidada, incluía una pantalla central que proyectaba imágenes relacionadas con cada tema. Uno de los momentos visuales más impactantes llegó con «Francesca», cuando unas ramas de árbol colgando del techo se encendieron y se convirtieron en el componente visual más llamativo del resto del show.

La puesta en escena fue casi orquestal: tres teclados, coristas, cello, viola, violín, percusión adicional, batería, bajo y una variedad de guitarras acompañaron a Hozier, elevando el espectáculo a un nivel muy superior respecto a su presentación en Lollapalooza. Una muestra del compromiso del artista por entregar lo mejor de sí en la gira más ambiciosa de su carrera.

Fotos: Eduardo Sandoval

Canciones, risas y una bandera por la igualdad

Aunque el concierto se desarrolló con pocas interrupciones, Hozier mantuvo una constante interacción con el público. Un ejemplo especialmente divertido ocurrió durante «From Eden», cuando algunos asistentes le pidieron que se quitara la liga que sujetaba su pelo. Entre risas, accedió y lanzó la liga al público, confesando que entendió la petición gracias a sus clases con Duolingo.

La noche también estuvo llena de momentos íntimos y emotivos, como en «Like Real People Do», donde el público iluminó el recinto con los flashes de sus teléfonos, creando un cielo estrellado. Esa intimidad también se manifestó en lo musical con canciones como «Abstract (Psychopomp)» que reforzaron esa atmósfera melancólica y conmovedora, gracias a un setlist cuidadosamente elegido que sumergió a los asistentes en un mar de emociones.

Los grandes éxitos de Hozier también estuvieron presentes, comenzando con «Too Sweet», su canción más popular del momento. La seguidilla de hits incluyó «Someone New», «Would That I», «Almost (Sweet Music)» y «Movement», construyendo el punto más álgido del concierto. El cierre de esta sección llegó con «Take Me to Church», probablemente el momento más emotivo de la noche, donde el público coreó cada palabra con fuerza.

Antes de retirarse brevemente del escenario, el artista alzó las banderas del orgullo LGBTQ+ y trans, colocándolas en su micrófono como un gesto de inclusión y activismo.

Fotos: Eduardo Sandoval

Un cierre íntimo, poderoso y lleno de gratitud

Tras una breve pausa, Hozier reapareció en un pequeño escenario en medio de la cancha, creando un momento íntimo y mágico. Allí interpretó «Cherry Wine» y «Unknown / Nth», sólo con su guitarra en una instancia que se trató como una comunión: solo él, su guitarra y un público hipnotizado ante los suaves ritmos que tocaba.

De regreso al escenario principal, saludó a quienes se acercaron para tocar su mano, y antes de continuar con «Nina Cried Power», ofreció un sentido discurso llamando al fin del racismo, la xenofobia, la discriminación y la violencia, incluyendo un mensaje por el fin de la ocupación de Palestina.

Finalmente, agradeció a cada músico de su banda, a Gigi Pérez por abrir el show, y al equipo que lo acompaña en la gira. «Work Song» cerró una presentación de casi dos horas, cargada de emoción, calidad musical y conexión con sus fans.

Fotos: Eduardo Sandoval

Arte, conciencia y perfección en escena

El show del Hozier más allá de un espectáculo, fue una experiencia que tocó el alma de quienes asistieron. Además de música, fue una instancia cargada de mensajes activistas relacionados con el fin del racismo, la xenofobia y discriminación de todo tipo, formando así un mensaje de igualdad que fue entregado a sus fans.

El músico demostró el porqué es uno de los mejores artistas en la actualidad musical, con una bella voz que se acompañó perfectamente con lo instrumental y que se ajustaba perfectamente a cada una de sus canciones, presentando así una gran variedad de ritmos que hicieron que el show fuera variado sin pasar por bajos. Hozier no solo ofreció un concierto impecable: construyó una narrativa sonora y emocional que conectó con un público que lo esperaba con ansias. Un debut en solitario que no solo cumplió expectativas: las superó.

Fotos: Eduardo Sandoval