REVIEW CONCIERTO | Tim «Ripper» Owens en Sala RBX: Una noche donde rugió el acero
Cuando el sol comenzó a retirarse de los cielos santiaguinos y el frío de otoño quiso apoderarse de las calles, una llama metálica se encendía en el corazón de la ciudad. Sala RBX fue el templo donde el heavy metal levantó su altar, y a las 7:30 de la tarde, los primeros guerreros ya ocupaban sus trincheras frente al escenario. Lo que vino después fue una descarga brutal de riffs, fuego y hermandad metalera.

Cathalepsy: veteranos de acero abren la batalla
El primer estallido vino de la mano de Cathalepsy, banda formada en 1998 y con décadas de experiencia que se notan en cada golpe, en cada riff. Con “Blood and Steel”, tema homónimo de su último álbum, encendieron la chispa y marcaron el pulso de una noche cargada de furia y pasión. El frío retrocedió ante la embestida de canciones como “Apocalypse”, “Hammer Heart” y “Heavy Metal Faith”, que sacudieron al público como truenos en medio de la tormenta.
La sorpresa vino antes del cierre: la banda repartió unas cuantas cervezas desde el escenario, en un gesto tan honesto como explosivo, y desató los vítores con “We Are the Warriors”, tema que cuenta con la colaboración del mismísimo Tim Ripper Owens en su videoclip oficial. Los puños alzados, los coros desgarrados, todo hablaba de una comunidad encendida. El legado estaba vivo y rugía.


Camus: poder chileno que abraza y ruge

El relevo vino con Camus, representantes del power metal nacional, que entraron al escenario como un relámpago. “Tierra y Mar” fue el primer golpe, y de ahí en adelante no hubo tregua. Con temas como “Llanto y Dolor”, “Desde la Proa” y “Guardianes del Bosque”, la banda encendió el alma del público con letras potentes y melodías afiladas como espadas.
Su virtuosismo y energía fueron una ráfaga contagiosa. A cada acorde, el público respondía con gritos y movimientos de cabeza. No fue una presentación extensa, pero sí una descarga de electricidad pura, como una tormenta que cae sin aviso pero deja huella.


Tim Ripper Owens: el rugido de un titán del metal

Y entonces, como un trueno que sacude el horizonte, llegó Tim «Ripper» Owens. El hombre que alguna vez reemplazó a Rob Halford en Judas Priest subió al escenario como un coloso, envuelto en sudor, pasión y una energía indomable. La apertura fue con “Jugulator”, ese tema brutal que da nombre al primer disco que grabó junto a los británicos, y que marcó una nueva era en la historia de la banda.
La Sala RBX, ahora totalmente llena, se transformó en una caldera. Owens, con una voz que no ha perdido ni un gramo de potencia, rugía con precisión quirúrgica. Cada verso se transformaba en un puñal y cada coro, en una avalancha. La intensidad fue creciendo con “The Green Manalishi”, “Burn in Hell” y “Hellfire Thunderbolt”, donde la voz de Owens se elevaba como un grito de guerra que rasgaba el aire.


Uno de los momentos más emotivos llegó con “Beyond the Realms of Death”, clásico inmortal donde su interpretación fue tan sentida como poderosa. El público, entregado por completo, cantaba al unísono como si cada palabra quemara en la garganta.
Pero Owens no sólo canta: habita el escenario. Se mueve como un depredador elegante, lanza miradas cómplices, estrecha manos, se agacha para firmar discos y fotos, se deja llevar por el fervor del público. Su cercanía es real, humana, poderosa. En varios momentos se acercó a la primera fila para firmar artículos, sonreír, compartir ese momento que queda grabado para siempre en los que sueñan con la música.
Y mientras la banda que lo acompaña entregaba una ejecución impecable, la voz de Owens seguía rompiendo barreras. Le siguieron “Scream Machine”, “One More Shot at Glory”, “Wrathchild”, “Hell is Home”, “Electric Eye” y “Living After Midnight”, en las últimas el público explotó en una ovación colectiva que parecía querer detener el tiempo.
Las gargantas rotas, los cuellos adoloridos de tanto headbanging y los corazones rebosantes decían una sola cosa: esto es heavy metal. Y Owens lo encarna con una autenticidad demoledora. No hay dudas: lo suyo no es nostalgia, es presencia viva y fuego eterno.


Un final de leyenda
La última descarga fue “One on One”, cerrando el setlist como un relámpago final que iluminó la noche. Luego de los agradecimientos, varios de los músicos se quedaron compartiendo con los fans, saludando, fotografiándose, entregando una vez más esa esencia de comunidad que sólo el metal puede crear con tanta honestidad.
Tim “Ripper” Owens demostró una vez más por qué su nombre está grabado a fuego en la historia del género. Su voz, su carisma y su entrega son dignos de leyenda.
Esta noche en la Sala RBX no fue sólo un concierto. Fue una ceremonia de acero y pasión, un ritual pagano contra el frío del mundo.
Y por supuesto, queremos que se repita. Porque cuando ruge el metal… el alma arde.

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