REVIEW CONCIERTO | Wilco en Chile: el cálido refugio sonoro
Reseña: Kevin Fuentealba Mol
Fotos: Taís Rojas Almazán
Wilco regresó a nuestro país tras una espera de cerca de 9 años. En un show cargado de nostalgia, calidez y un sonido honesto, repasaron toda su discografía en el Teatro La Cúpula.
La apertura del show estuvo a cargo de Niño Cohete, banda nacional con más de 15 años de trayectoria, que regresa a los escenarios tras su abrupta separación en 2017. En esta ocasión, el grupo de Concepción presentó un setlist centrado en sus nuevas canciones, manteniendo la calidez única que siempre los ha caracterizado. Luces tenues, bastante humo y un Teatro La Cúpula llenándose hasta el fondo fue el ambiente que marcó su presentación, en la que incluso bromearon sobre el incidente del robo del celular a Pablo Álvarez ocurrido a mediados de mayo.
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El reencuentro que tardó una década
Con la serenidad característica de los grandes músicos, Wilco dio inicio a un show marcado por la calma, sencillez y timidez que serían el sello de toda la noche. Las seguidillas de «Company in My Back», «Evicted», «Handshake Drugs» y «If I Ever Was a Child» fueron interpretadas sin decir una palabra, pero donde la música lo decía todo; para la cuarta canción, ya tenían al Teatro La Cúpula rendido a sus pies.
«Wilco, Wilco, Wilco» coreaba el público de vez en cuando, en agradecimiento a la entrega de una banda histórica de Chicago que tardó casi 9 años en volver a Chile, y cuya ausencia llegó a su fin en una jornada cálida que contrastaba con el imponente frío que envolvía a la capital esa noche.

Minimalismo sonoro y profundidad emocional
El sonido fue impecable, con una calidad orgánica, clara y profundamente humana. Cada instrumento sonaba de manera precisa, demostrando una dedicación obsesiva a cada canción. Llamó especialmente la atención el delicado trato hacia sus instrumentos, con una impresionante rotación de guitarras, cada una con su historia, tono e intención particular.
El escenario estaba compuesto únicamente por un telón negro y luces de distintos colores que acompañaban las melodías, sin visuales ni parafernalia. Los únicos protagonistas eran los músicos, quienes, sin grandes movimientos ni gestos, se mantenían en sus posiciones centrados exclusivamente en tocar. Eso es precisamente lo que hace tan especial a los shows de Wilco: la música es la verdadera protagonista.
A lo largo del concierto se vivió una atmósfera tranquila. Aunque el teatro estaba completamente lleno, cada persona miraba el show en un estado de hipnotismo, solo interrumpido por momentos de aplausos, gritos y agradecimiento ante un despliegue único.

Los artistas detrás del sonido de Wilco
Jeff Tweedy no vino solo. Junto a John Stirratt en el bajo —ambos miembros fundadores de Wilco— lo acompañaron Glenn Kotche en batería, Mikael Jorgensen en teclados y efectos, Pat Sansone en guitarra y sintetizadores, y Nels Cline como guitarrista principal.
Tweedy es el corazón y la voz de Wilco. Su personalidad tímida contrasta con su enorme talento sobre el escenario. No es un vocalista que se luzca con altos imposibles, pero su voz pasiva y precisa basta para llenar espacios y provocar emociones. Stirratt también aportó ocasionalmente con voz, y a pesar de la sencillez vocal de ambos, eso es exactamente lo que necesita esta banda para transmitir nostalgia y calidez.
Aunque es destacable la sutileza y precisión de Kotche en la batería, el otro gran protagonista del show fue el brillante Nels Cline. Sus solos de guitarra, fieles al espíritu de las versiones de estudio pero con un toque personal, dieron a cada canción una identidad única en vivo. Construyó atmósferas que eran tanto contemplativas como abrasadoras. Momentos clave como «Bird Without a Tail / Base of My Skull» o el extraordinario solo en «Impossible Germany» son prueba de su talento y del porqué ha sido considerado uno de los 100 mejores guitarristas de la historia según la revista Rolling Stone.

Un viaje por tres décadas en dos horas
En general, el concierto estuvo cargado de canciones que recorren toda la carrera de Wilco. Desde su primer álbum «A.M.» con «Box Full of Letters» hasta su trabajo más reciente «Cousin» con «Evicted», Wilco no vino a promocionar un disco, sino a compartir lo mejor de su catálogo en un set de aproximadamente dos horas.
Momentos clave como el mencionado «Impossible Germany», su superéxito «Jesus, Etc.», el regreso al escenario tras la pausa con «California Stars» o el emotivo cierre con «A Shot in the Arm», mostraron un recorrido completo por su discografía. Aunque el show se inclinó más hacia los álbumes «Sky Blue Sky» y «A Ghost Is Born», fue un espectáculo lleno de matices y colores, un verdadero homenaje a más de 30 años de carrera.
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Wilco y el arte de detener el tiempo

Más allá de la técnica, lo que quedó claro es que Wilco no busca deslumbrar: busca conectar. Con cada pausa, cada sonrisa tímida de Tweedy, cada mirada cómplice entre los músicos, la banda demostró que su mayor virtud es la honestidad. En tiempos de inmediatez y consumo veloz, Wilco se planta con canciones que invitan a sentir sin ironía ni prisas, deteniendo el tiempo en un instante cálido y maravilloso.
El show nos recordó que la música puede ser hogar, refugio y abrazo; y que aún existen artistas que creen en el poder transformador de una melodía bien escrita. Wilco no ofreció solo un concierto, ofreció un espacio donde el tiempo se detuvo para recordarnos por qué seguimos disfrutando de la música.
