REVIEW CONCIERTO | Cradle of Filth: Una liturgia de sombras en el Teatro Coliseo

REVIEW CONCIERTO | Cradle of Filth: Una liturgia de sombras en el Teatro Coliseo

La noche del jueves 28 de agosto quedó marcada en el calendario de los seguidores del metal extremo en Chile. El Teatro Coliseo, en pleno corazón de Santiago, fue testigo de un aquelarre musical encabezado por los británicos Cradle of Filth, banda que a lo largo de más de tres décadas ha convertido el metal gótico y sinfónico en una experiencia teatral, visceral y perturbadoramente poética.

Desde tempranas horas de la tarde, largas filas de fanáticos desafiaban el frío capitalino para asegurar su lugar en la ceremonia de oscuridad. Aunque el itinerario sufrió retrasos por cuestiones logísticas ligadas al meet & greet, la paciencia se transformó en expectación. Cuando las puertas se abrieron a las 19:00 horas, la multitud ingresó con fervor, como si traspasara un umbral entre lo cotidiano y lo profano.

Ater – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Ater – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Ater – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Ater – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees

Los heraldos de la oscuridad: Ater y Uada

Los encargados de abrir la jornada fueron los nacionales Ater, banda formada en 2010 por Fernando “Feroz” Bühring y Matías Acuña. Su propuesta, una amalgama de death, doom, black, gótico y progresivo, encontró eco inmediato en un público ávido de atmósferas densas. Con canciones como  “Striges”, “Descending”, “Somber”, “The Fall”, “Ignis Inmortalis” y “Saeculi Fine”, envolvieron el recinto en un aura oscura y ritual, donde cada acorde sonaba como un presagio de lo que vendría. La impecable puesta en escena y el sonido sólido dejaron en claro que la oscuridad nacional está más viva que nunca.

Luego fue el turno de Uada, quienes con su característico ingreso encapuchado y el escenario sumido casi en penumbras, transformaron el Coliseo en una gruta de misterio. Con temas como “Djinn”, “Cult of a Dying Sun” y “Black Autumn, White Spring”, los estadounidenses tejieron un ambiente hipnótico y solemne. Su propuesta, minimalista en luces pero maximalista en energía, llevó a los asistentes a un estado de trance colectivo, donde la música era la única guía en un viaje sombrío.

Uada- Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Uada- Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Uada- Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Uada- Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees

 

El aquelarre principal: Cradle of Filth en comunión con las sombras

El retraso de casi 40 minutos solo intensificó la ansiedad. Finalmente, cerca de las 22 horas, la penumbra se iluminó con la entrada de Cradle of Filth. El Coliseo, a esas alturas totalmente repleto, estalló con “To Live Deliciously”, tema que encendió de inmediato la llama del frenesí colectivo.

Desde ese instante, el concierto se transformó en un vaivén frenético. “The Forest Whispers My Name”, “She is a Fire” y “The Principle of Evil Made Flesh” descargaron una tormenta de riffs y gritos desgarradores, mientras los mosh pits emergían y desaparecían como llamaradas repentinas. El frío de la calle se desvaneció: dentro, el calor era el de un infierno compartido.

Cradle of Filth – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Cradle of Filth – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees

Uno de los momentos más emotivos llegó con “Nymphetamine”, coreada al unísono por cientos de gargantas. El tema, que se ha convertido en un clásico absoluto de la banda, selló un instante de comunión entre público y músicos, en un grito colectivo que atravesó las paredes del recinto. Previamente, “Heartbreak and Seance” había preparado el terreno con su cadencia melancólica y envolvente.

La velada continuó con piezas como “Born in the Burial Gown”, “Funeral in Carpathia”, “Cruelty Brought Thee Orchids” y “Death Magick for Adepts. Aunque la presentación no estuvo exenta de problemas técnicos —lo que llevó a Dani Filth a reclamar en más de una ocasión al sonidista—, la entrega de la banda fue total. Pese a la ausencia de una segunda guitarra, Donny Burbage se multiplicó sobre las seis cuerdas, cubriendo con destreza los espacios y manteniendo viva la intensidad de cada canción.

Cradle of Filth – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Cradle of Filth – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees

La despedida: un epitafio entre aplausos y fuego negro

El cierre llegó con “Her Ghost in the Fog”, himno ineludible del repertorio de la banda, que desató un clamor colectivo y selló la jornada con un estallido de voces y emociones. Entre vítores, aplausos y una última reverencia, Cradle of Filth se despidió del público chileno, dejando tras de sí la estela de un ritual oscuro y memorable.

La noche no solo congregó a fanáticos anónimos: entre los asistentes se encontraban figuras como Timo Tolkki y miembros de The 69 Eyes, quienes coincidieron en que la banda británica había ofrecido uno de los espectáculos de metal más intensos y memorables en el último tiempo.

Cradle of Filth – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Cradle of Filth – Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees

Un pacto con la oscuridad

El paso de Cradle of Filth por Santiago no fue un concierto más. Fue un aquelarre donde lo teatral, lo visceral y lo poético se encontraron en un mismo altar. Una ceremonia que, pese a las dificultades, reafirmó el compromiso inquebrantable de la banda con sus seguidores y dejó en claro que su reinado en las sombras permanece intacto.

La fanaticada chilena ya espera el próximo llamado, sabiendo que cada regreso de los británicos es más que un recital: es una misa negra que deja cicatrices en el alma.

 

 

Comparte esta noticia con tus contactos