REVIEW CONCIERTO | EXODUS ARRASA SANTIAGO: CUARENTA AÑOS DE SANGRE Y THRASH SIN PIEDAD
La noche del sábado 11 de octubre en el Teatro Cariola fue una descarga pura de violencia devastadora. Exodus, una de las bandas que dieron forma al thrash metal desde sus raíces en los 80, llegó a Santiago con su gira “40 Years of Blood”, celebrando cuatro décadas del legendario «Bonded by Blood», y lo hicieron con una presentación tan brutal que dejó el recinto convertido en una caldera ardiente. Desde temprano, la atmósfera era de ansiedad y fuego; las chaquetas de mezclilla, los parches de Slayer y Kreator, y el olor a cerveza derramada anunciaban que se venía algo grande.

Los encargados de abrir la jornada fueron los santiaguinos Terror Society, con su thrash cargado de crítica social, política y religiosa. Sonaron con potencia y convicción, repasando lo mejor de sus dos discos de estudio y demostrando que en Chile hay sangre nueva que entiende perfectamente de qué se trata esto: actitud, mensaje y ruido. Luego vino Infernal Thorns, desde Valparaíso, descargando su mezcla oscura de death y black metal con una furia devastadora. Tres discos editados y una brutalidad que se sintió en cada golpe de batería; dejaron el escenario ardiendo, literalmente, para lo que venía.

Cuando las luces bajaron y el rugido del público llenó el Cariola, Exodus apareció y el caos se desató de inmediato. “Bonded by Blood” tronó como un estallido nuclear y el mosh comenzó a girar sin control. Desde el primer acorde, la banda sonó afilada, precisa y aplastante. Gary Holt, maestro absoluto del riff, se movía por el escenario con una energía demencial, sacando solos que parecían cuchillas lanzadas directamente al publico; cada nota atravesaba el cuerpo como un tajo limpio. A su lado, Lee Altus mantenía la muralla de sonido con una precisión quirúrgica, su guitarra retumbando como un trueno metálico, sosteniendo el equilibrio perfecto entre técnica y destrucción.
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Tom Hunting, el baterista fundador, fue una bestia detrás del kit. No hubo momento de descanso; sus manos parecían martillos neumáticos marcando el ritmo del caos. Golpes exactos, doble bombo a toda velocidad, y una pegada que hizo vibrar hasta el concreto del teatro. Kraguen lum (Heaten), fué el reemplazo en el bajo, ya que Jack Gibson, no pudo estar en esta gira por temas familiares. Sin embargo, Kraguen, fue la columna vertebral del ataque: pesado, denso, con ese groove que se siente en el pecho y te impulsa a moverte incluso cuando ya no te quedan fuerzas. Y al frente, Rob Dukes, el vocalista que volvió a tomar el micrófono tras años de ausencia, rugió como si nunca se hubiera ido. Su voz sonó más poderosa que nunca, y su conexión con el público fue inmediata. Con cada “Chi chi chi, le le le”, encendía aún más a una multitud que no necesitaba excusas para desatar el infierno. Los circle pits eran ríos humanos girando sin descanso, cuerpos chocando, empujones, sudor y sangre, todo en nombre del thrash.

El set fue una brutal celebración del Bonded by Blood completo, tocado de principio a fin como una máquina del tiempo que nos llevó directo al año 85: “A Lesson in Violence”, “Metal Command”, “Piranha”, “Deliver Us to Evil”, cada tema interpretado con la precisión y la rabia que solo una banda de veteranos puede entregar. El público gritaba cada palabra, coreaba los riffs, levantaba los puños, y los más osados volaban desde el escenario al pit. No hubo tregua ni silencios, solo una descarga constante de energía que se extendía como una ola de fuego por todo el recinto. Bengalas rojas, olor a pólvora, y una masa enloquecida que no paró ni un segundo.

En el cierre, con “Strike of the Beast”, el Teatro Cariola se vino abajo e incluso realizaron el Wall of death. El sonido fue perfecto, la banda al borde del colapso, el público en estado de trance. En un gesto legendario, Lee Altus invitó a un fan a subir al escenario y le entregó su guitarra para que tocara las últimas notas, sellando así un momento que quedará grabado en la memoria colectiva del metal chileno. Puro espíritu, pura hermandad, puro thrash.

Exodus demostró por qué son uno de los pilares eternos del género. Cuarenta años después, su fuerza, técnica y ferocidad siguen intactas. Lo que se vivió en el Cariola no fue solo un concierto: fue un ritual de sangre, sudor y riffs que unió a generaciones enteras bajo el mismo grito de guerra. Exodus no tocó, arrasó. Y Santiago sobrevivió… apenas.

Cuando la falta de respeto arruina la experiencia
Lamentablemente, no todo fue positivo anoche. Se ha hecho costumbre que una minoría de inadaptados, justo al comenzar la banda, intente ingresar a la fuerza. Ya no se trata del tema de las “monedas” (entrar pagando un costo menor al del evento), sino que, sin importar la seguridad de los demás, generan situaciones peligrosas como la de anoche, donde se formó un cuello de botella en la entrada del teatro. Muchos quedamos atrapados, con la entrada en mano, teniendo que soportar este tipo de acciones irresponsables.
Aprendamos del pasado
No olvidemos aquella jornada trágica en la que fallecieron cinco personas durante un concierto de la banda Doom, producto de una avalancha. Lamentablemente, muchos de estos “seguidores” solo van a beber y causar desmanes en nombre de una supuesta rebeldía, dejando en evidencia la falta de educación y madurez de estos falsos fanáticos, que terminan manchando el buen desarrollo de los eventos.

Nota: Eduardo Sandoval
Fotos: benjamin_voorhees
