REVIEW CONCIERTO | Cuando el rock latino se volvió ritual: Santiago Rocks y una jornada para la memoria

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El 13 de diciembre, el Espacio Riesco dejó de ser solo un recinto para convertirse en un territorio ritual. Santiago Rocks desplegó una jornada extensa, intensa y profundamente emocional, reuniendo a Hermanos Ilabaca, Álvaro Henríquez & Pettinellis, Enanitos Verdes, No Te Va Gustar, Molotov, Andrés Calamaro y Babasónicos en una secuencia que fue creciendo como una ola imparable. Desde el mediodía hasta bien entrada la noche, el público resistió el fuerte sol, el calor y las horas de pie, porque lo que estaba ocurriendo frente a sus ojos prometía ser —y fue— un día inolvidable.

La apertura quedó en manos de Hermanos Ilabaca, programados para las 12:30. Con un pequeño retraso, salieron finalmente al escenario cuando el sol caía sin piedad y la gente ya se aglomeraba al frente, decidida a no perderse ni un segundo de esta experiencia. Su funk rock fue la chispa perfecta para iniciar el recorrido. Conocidos también por haber sido parte fundamental de Chancho en Piedra, los hermanos abrieron el telón de esta increíble jornada con canciones como “Escorpión”, “Rojito veo el mundo”, “Que no pare el hueveo” y “Olla común”. Cada tema encendió la mecha del público, que cantó al unísono y danzó al ritmo de canciones irreverentes, cargadas de groove y actitud, dejando claro desde el inicio que nadie se había equivocado de lugar.

Hermanos Ilabaca – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees
Hermanos Ilabaca – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees

Luego fue el turno de Álvaro Henríquez & Pettinellis, quienes tomaron la posta dejando en alto el estandarte del rock chileno. Con un repertorio directo al nervio, deleitaron a la multitud con clásicos como “Un hombre muerto en el ring”, “Hospital”, “El desquite”, “El jefe de jefes” y “Ch bah puta la güeá”, provocando saltos, coros y sonrisas cómplices. El ritmo característico de Álvaro Henríquez y Pettinellis incrementó el disfrute colectivo mientras, poco a poco, la cancha del Espacio Riesco comenzaba a llenarse con más y más asistentes. En medio de los temas ya conocidos, la banda regaló un momento inesperado y profundamente identitario: un par de piezas de cueca que ondearon el orgullo chileno con fuerza, dejando claro que el espíritu nacional no falta en ningún lado, ni siquiera en un festival de rock.

Álvaro Henriquez & Pettinellis – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees
Álvaro Henriquez & Pettinellis – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees

El calor seguía en aumento, pero la buena vibra no se perdía. En ese contexto aparecieron los históricos Enanitos Verdes, uno de los nombres más esperados de la jornada. Los legendarios originarios de Mendoza ofrecieron una presentación que fue pura emoción, elevando el ánimo general desde el primer acorde. El público cantó al unísono, de principio a fin y a todo pulmón, clásicos que forman parte del ADN latinoamericano, algunos de ellos fueron: “La muralla verde”, “Amores lejanos”, “Por el resto”, “Tu cárcel”, “Luz de día” y la eterna “Lamento boliviano”. Manos en alto, cuerpos saltando al ritmo y voces quebradas por la emoción definieron un show que, sin duda, fue uno de los más esperados y celebrados del festival.

Los Enanitos Verdes – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees
Los Enanitos Verdes – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees

Para las 17:00 horas, la expectación se podía palpar en el aire. La llegada de No Te Va Gustar fue recibida con ovaciones y aplausos que marcaron un nuevo giro en la jornada. Desde el primer acorde, los uruguayos conquistaron al público con su mezcla de estilos y letras emotivas, logrando una conexión inmediata. Con temas como “A las nueve”, “Verte reír”, “Ese maldito momento”, “Venganza”, “No te imaginas” y “No era cierto”, lo dejaron todo sobre el escenario. El público disfrutó cada capa de emotividad, sentimiento y ritmo; cada acorde transportaba a un ambiente de romanticismo, melancolía y disfrute que abrazó a miles de personas al mismo tiempo.

No Te Va Gustar – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees
No Te Va Gustar – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees

Cuando el sol comenzaba a bajar lentamente, una fila de amplificadores y bocinas anunció el cambio de clima. Era la antesala perfecta para la entrada de Molotov. Los mexicanos llegaron con todo el power a prender nuevamente el fuego del rock, desatando el momento más explosivo de la tarde. Su rock irreverente, cargado de múltiples estilos y actitud chilanga hasta las venas, hizo saltar, gritar, cantar y bailar a todos sin excepción. El setlist, repleto de clásicos, arrancó con “Amateur”, canción que dedicaron a alguien del equipo de sonido debido a problemas técnicos al inicio de la presentación, dejando clara desde el primer minuto la actitud característica de la banda. Luego siguieron un sin fín de clásicos como “Chinga tu madre”, “Pendejo”, “Frijolero”, “Gimme tha power”, “Puto” —con la que hicieron saltar a todos sin falta— y, al final, “¿Comprendes, Mendes?” para cerrar en un estado de puro disfrute y locura máxima. Esta recta final del festival marcó el inicio del punto más álgido de la tarde.

Molotov – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees
Molotov – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees

 

Tras la descarga, el pulso volvió al romanticismo con Andrés Calamaro. El “Salmón” ofreció un viaje emocional que la multitud recibió con respeto, devoción y entrega absoluta. Sonaron éxitos como “Crímenes perfectos”, “Cuando no estás”, “Tuyo siempre”, “El salmón”, “Estadio Azteca”, la balada infaltable “Flaca” y “Los chicos”. Como un regalo final, interpretó un breve extracto de “Música ligera” de Soda Stereo, desatando un coro espontáneo y transversal. Cada canción hizo que la multitud moviera la cabeza de lado a lado al unísono; más de uno cantó con la mano en el corazón, dejándose llevar por el ambiente musical que Calamaro sabe construir como pocos. Cada vez que el “Salmón” visita nuestro país, el resultado es el mismo: un deleite sonoro que invita a cantar y bailar, confirmando que su presencia sigue siendo una propuesta esencial para jornadas de esta magnitud.

Andrés Calamaro – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees
Andrés Calamaro – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees

Finalmente, como broche de oro, a las 22:40 horas llegó el turno de Babasónicos. La banda irrumpió con toda la fanfarria sobre el escenario, desplegando su estilo único y su excentricidad característica. “Advertencia” y “Mimos son mimos” dieron inicio a un setlist cargado de éxitos, mientras la gente, visiblemente emocionada, coreaba y aplaudía con las manos en alto. La presentación fue una auténtica montaña rusa de ritmos y emociones: desde baladas hipnóticas hasta canciones que obligaban a saltar en el lugar.  “Su ciervo”, “Tiempo off”, “Los calientes”, “Cómo eran las cosas”, “Carismático”, “Yegua”, “La pregunta”, “El colmo” y “Risa” fueron solo algunas de las joyas que regalaron para cerrar esta jornada. Se lucieron en cuerpo y alma, entregando un repertorio de infarto que dejó al público encendido, feliz y eufórico.

Babasónicos – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees
Babasónicos – Fotografía por Benjamín Lopez / @benjamin_voorhees

 

Así concluyó Santiago Rocks: entre ovaciones, aplausos y una sensación colectiva de haber sido parte de algo irrepetible. Una de las mejores ediciones vividas hasta ahora, marcada por la variedad del rock latino, la mezcla de estilos, energías y personalidades, y un día que —sin exagerar— será muy difícil dejar atrás.