REVIEW CONCIERTO | Loserville en Santa Laura: ruido, catarsis y un festival que se negó a caer

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Texto: Alejandro Torres Quezada 

Fotos: Eduardo Sandoval

El Festival Loserville vivió una verdadera prueba de resistencia antes de convertirse en una de las jornadas más comentadas del año en Santiago. Lo que comenzó como un evento programado originalmente en el Estadio Monumental, luego fue trasladado al Parque Estadio Nacional, para finalmente, a solo días de su realización, con escenario ya montado y los permisos correspondientes, enfrentar un nuevo obstáculo: la notificación del IND a Lotus, señalando que el recinto no estaba habilitado debido a la final del Mundial Femenino de hockey juvenil que se realizaría en el sector.

Lejos de optar por la cancelación, Lotus dio una intensa batalla logística para salvar el festival. Contra el reloj y con múltiples gestiones de por medio, la productora logró reubicar el evento en el Estadio Santa Laura Universidad SEK, permitiendo que Loserville se llevara a cabo y evitando una suspensión que habría sido un golpe duro tanto para el público como para las bandas involucradas.

Una previa cargada de energía

Desde temprano, la jornada comenzó a tomar forma. Cientos de fanáticos provenientes de distintas regiones de Chile se congregaron en los alrededores del estadio, transformando las inmediaciones en una verdadera previa colectiva, con poleras negras, jockeys rojos, música, cerveza y una atmósfera de camaradería que anticipaba lo que vendría. 

Slay Squad, Riff Raff y Ecca Vandal: el arranque

A las 16:00 horas, Slay Squad fue la encargada de abrir el festival, entregando una presentación directa y sin rodeos, ideal para comenzar a encender al público que recién ingresaba al recinto.

A las 17:00, Riff Raff tomó el escenario aportando una cuota de hip hop y excentricidad, conectando con un público amplio y demostrando la amplitud estilística que caracteriza a Loserville.

Posteriormente fue el turno de Ecca Vandal, quien aportó una de las propuestas más frescas y disruptivas de la jornada. Con una mezcla de punk, hip hop y actitud contestataria, su show destacó por la intensidad escénica, el desplante frontal y una energía cruda que reforzó el carácter diverso y transversal del festival.

311: groove, nostalgia y conexión

A las 18:30, 311 tomó el escenario y ofreció un show sólido, cargado de groove, reggae rock y nostalgia noventera. La banda desplegó un setlist equilibrado que incluyó clásicos como «Beautiful Disaster«, «Come Original«, «Amber» y «Down«, además de momentos más relajados como «Feels So Good«. Su presentación funcionó como un puente perfecto entre la vibra festiva de la tarde y la intensidad que vendría más adelante.

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Bullet For My Valentine: potencia, oficio y conexión total

A las 19:45, Bullet For My Valentine asumió uno de los roles más complejos de la jornada: preparar el terreno para Limp Bizkit sin perder identidad ni intensidad. La banda galesa respondió con un show sólido, contundente y ejecutado con precisión quirúrgica, dejando claro por qué sigue siendo uno de los nombres más respetados del metal moderno.

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Desde los primeros riffs, el público reaccionó con fuerza. Canciones como «Her Voice Resides«, «Tears Don’t Fall» y «Hit the Floor» encendieron de inmediato los mosh pits, mientras que momentos más coreables como «All These Things I Hate (Revolve Around Me)«, «The Poison» y «10 Years Today» reforzaron la conexión emocional con una audiencia que respondió con headbanging constante y cánticos transversales, desde cancha hasta galerías.

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Más allá de lo musical, Bullet For My Valentine demostró oficio y experiencia en escenarios grandes, entendiendo perfectamente los tiempos y dinámicas de un festival de esta magnitud. Su show no fue de transición, más bien fue una declaración de peso propio, elevando el nivel de la jornada y dejando la vara alta justo antes del acto principal.

Limp Bizkit: el caos controlado de Loserville

A las 21:20, el Estadio Santa Laura explotó con la salida de Limp Bizkit, el plato fuerte de la noche. Antes de entrar de lleno en el set, la banda realizó un emotivo homenaje a Sam Rivers, bajista y miembro histórico del grupo, quién falleció hace muy poco, marcando uno de los momentos más sentidos del festival. Su muerte no solo significó un golpe emocional profundo para el grupo, sino que también abrió dudas reales sobre la continuidad de Limp Bizkit como proyecto en vivo. Durante varias semanas, existió la sensación de que el regreso a los escenarios y particularmente una gira de la magnitud de Loserville podía no concretarse.

En ese marco, el homenaje realizado en Santiago no fue un gesto simbólico menor, fue una reafirmación de que la banda decidió seguir adelante, honrando su legado en cada nota. Desde ahí en adelante, fue una descarga de energía, nostalgia y descontrol perfectamente calculado. El setlist incluyó clásicos como «Break Stuff«, «My Generation«, «Rollin’ (Air Raid Vehicle)«, «My Way«, «Eat You Alive«, «Take a Look Around» y «Nookie«.

Un punto alto de la jornada fue la constante presencia de Fred Durst colaborando con otras bandas a lo largo del día, apareciendo sobre el escenario para alentar al público y reforzar ese espíritu de comunidad que define a Loserville. Ya en su show, Durst demostró que sigue siendo un frontman carismático, consciente de su legado y del impacto que Limp Bizkit aún tiene en varias generaciones.

Un festival que se negó a caer

Loserville Santiago no fue solo un festival de música, fue una demostración de resiliencia, gestión y compromiso con el público. Pese a los cambios de recinto, la incertidumbre y los contratiempos de último minuto, el evento logró salir adelante y entregar una jornada intensa, diversa y cargada de momentos memorables.

Al final del día, el Estadio Santa Laura Universidad SEK se transformó en el escenario de una celebración caótica, sudorosa y honesta, donde el nu metal, el rock alternativo, el metal y el hip hop convivieron bajo un mismo espíritu. Un festival que, literalmente, estuvo al borde del colapso… y terminó convirtiéndose en una experiencia que muchos no olvidarán. En ese contexto, también es justo destacar el trabajo de producción que permitió que la jornada se concretara.

Agradecimientos a Lotus Producciones por la acreditación otorgada para la cobertura de Loserville Santiago.

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