REVIEW CONCIERTO | The Lumineers: La cálida fogata que encendió Santiago

The Luminers-18

Reseña: Kevin Fuentealba Mol
Fotos: Rodrigo Diaz


The Lumineers volvió a nuestro país tras casi tres años de ausencia, esta vez para presentar su más reciente álbum en el marco del «Automatic World Tour».

Durante dos horas de show, el dúo conformado por Wesley Schultz y Jeremiah Fraites entregó una destacada presentación en el Movistar Arena, donde su sonido impecable y la conexión palpable con el público fueron los grandes protagonistas de la jornada.

El inicio de un ritual intergeneracional

La presencia de un público de todas las edades destacó desde la espera previa al inicio del concierto. En el recinto, la potencia sonora de «Turn the Page» de Bob Seger y «Sirius» de The Alan Parsons Project tendió la alfombra perfecta para la aparición de la banda sobre el escenario. Sin perder un segundo, arrancaron su presentación con «Same Old Song» (de su último disco), seguida inmediatamente por «Flowers in Your Hair» y «Angela», piezas que ya son verdaderos clásicos de su repertorio.

Rodrigo Diaz – @rignacio.ph

Despliegue escénico: Entre el dominio vocal y la maestría instrumental

Las primeras palabras de agradecimiento por parte de Schultz llegaron antes de interpretar «You’re All I Got». En general, la banda opta por interacciones bastante precisas, todas a cargo de su vocalista, quien posee el dominio absoluto del show tanto a nivel de público como emocional. Por su parte, Fraites es el motor sonoro detrás de este profundo mar sentimental; gracias a su capacidad multiinstrumental, crea pasajes únicos transitando entre el piano, la batería y la mandolina. Todo esto, respaldado por músicos de gira que destacan por su carisma distintivo sobre la tarima.

El concierto se desarrolló en una atmósfera muy tranquila, casi como un constante relajo donde la música es la única protagonista. En el escenario, una gran pantalla que por momentos proyectaba videos o imágenes se complementó a la perfección con un juego de luces cálidas y el impecable sonido que caracteriza a la agrupación.

Rodrigo Diaz – @rignacio.ph

Identidad acústica en tiempos de sobreproducción

Recientemente, la banda publicó su álbum «Automatic», manteniendo su base acústica fundamental acompañada de coros envolventes, progresiones lentas y esa complejidad lírica que los define. Esta esencia se hizo presente en vivo con canciones clave de esta nueva era, como «Asshole» y «Ativan».

Bajo este contexto, resulta importante reconocer la identidad clara de The Lumineers. En tiempos donde la música sobreproducida domina la industria, sostener una propuesta tan orgánica y reconocible les permite sentirse frescos y constantemente renovados, logrando una conexión genuina que rara vez se experimenta en espectáculos masivos modernos.

Rodrigo Diaz – @rignacio.ph

La cercanía como experiencia colectiva

El concierto nunca se sintió unidireccional. A pesar de sus acotadas interacciones verbales, la banda participa activamente con el público, generando un ambiente sumamente cercano.

A lo largo del setlist, hubo momentos donde hicieron a la audiencia directamente partícipe. El punto más alto llegó durante «BRIGHTSIDE», cuando Schultz bajó a la cancha para interpretar la canción en su totalidad rodeado del contacto palpable de los fanáticos nacionales. Algo similar ocurrió en «Ophelia», donde se acercó a la barricada para entonar el icónico coro. Este conjunto de detalles provocó que el show se sintiera como una gran y cercana experiencia colectiva.

Rodrigo Diaz – @rignacio.ph

Un setlist en perfecto equilibrio

A pesar de que la gira se realiza torno a su último álbum, el grupo destacó por ofrecer un repertorio extenso y sumamente variado. El concierto repasó canciones fundamentales de su discografía, como los éxitos «Ho Hey» y «Sleep on the Floor», pero también brindó espacio para pasajes mucho más íntimos y emocionales como «A.M. RADIO», «Donna» y «Slow It Down», estos últimos iluminados por los flashes de los teléfonos en toda la cúpula. Esta curatoría generó un set perfectamente equilibrado, actuando como un puente entre la vulnerabilidad de su nuevo material y la euforia de sus himnos más clásicos.

Rodrigo Diaz – @rignacio.ph

El clímax de una noche redonda

Este «campamento emocional» finalizó de manera espléndida con una seguidilla ininterrumpida de himnos. «My Eyes», «So Long», «Cleopatra» y «Stubborn Love» sonaron al hilo, elevando las emociones al máximo nivel para cerrar la noche. Frente a un público completamente entregado, y entre abrazos y regalos, la banda se despidió de nuestro país profundamente agradecida, dejando abierta la promesa de un pronto regreso.

Rodrigo Diaz – @rignacio.ph

El paso de The Lumineers por nuestro país se sintió sumamente cálido y palpable, como una gran fogata en medio de la fría noche. La banda entregó un repertorio variado que no se encasilló exclusivamente en su último álbum, sino que logró equilibrarlo a la perfección con los himnos coreables de siempre. La cercanía con el público nacional fue constante, construyendo un puente entre la tranquilidad de su catálogo y la euforia de su presentación en vivo, logrando conectar genuinamente con cada uno de los presentes.

En tiempos donde la modernidad y los sonidos electrónicos son protagonistas, instancias como estas se valoran profundamente; es aquí donde lo orgánico y lo acústico emergen para marcar una verdadera diferencia. The Lumineers sabe jugar de manera magistral con la emotividad y la calidez de su discografía, ofreciendo un despliegue único en vivo que logró transformar la fría noche de Santiago en un refugio acogedor para todos sus fanáticos.

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