REVIEW CONCIERTO | Black Label Society en vivo: entre el luto, la hermandad y un legado que no se apaga

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Hay shows que son conciertos, y otros que se sienten como rituales. Lo de Black Label Society fue lo segundo: una ceremonia cargada de distorsión, memoria y respeto. En plena promoción de «Engines of Demolition», la banda liderada por Zakk Wylde no solo vino a presentar material nuevo, sino a rendir homenaje a quienes forjaron su historia y la del metal mismo.

@benjamin_voorhees

Desde el arranque con “Funeral Bell”, el tono quedó claro: pesado, oscuro y con esa identidad tan propia que mezcla crudeza y sentimiento. “Destroy & Conquer” y “Heart of Darkness” reforzaron esa muralla sonora, mientras “A Love Unreal” aportó ese contraste más melódico sin perder intensidad. No era solo un repaso de canciones, era una narrativa que transitaba entre la furia y la introspección.

Uno de los primeros puntos de conexión masiva llegó con “No More Tears”, clásico de Ozzy Osbourne, donde la banda no solo rindió tributo, sino que reafirmó el lazo histórico entre Wylde y el “Príncipe de las Tinieblas”. La respuesta del público fue inmediata, coreando cada línea como si el tiempo no hubiera pasado.

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Pero si hubo un momento donde todo se detuvo, fue con “In This River”. Dedicada a los hermanos Dimebag Darrell y Vinnie Paul, la interpretación se sintió más como una despedida colectiva que como una canción. En pantalla los Hermanos Abbot, luces y emoción convergieron en uno de los pasajes más intensos de la noche, recordando que el metal también sabe llorar.

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El show retomó fuerza con “The Blessed Hellride”, “Set You Free” y la infaltable “Fire It Up”, devolviendo la energía al público entre riffs demoledores y una ejecución impecable. “Suicide Messiah” reafirmó el peso del catálogo de la banda, antes de dar paso a otro de los momentos más significativos de la noche.

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“Ozzy’s Song”, parte de su más reciente trabajo, fue presentada como un homenaje directo a Ozzy Osbourne. Aquí, la emoción volvió a dominar el ambiente, con un Wylde visiblemente conectado con su historia, transformando el escenario en un espacio de gratitud y memoria.

El clásico momento Instrumental sirvió como vitrina para el virtuosismo de la banda, especialmente de Wylde, quien convirtió su guitarra en una extensión emocional más que técnica. Finalmente, “Stillborn” cerró la noche con potencia absoluta, dejando en claro que, pese al peso del pasado, el presente de Black Label Society sigue siendo implacable.

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Más que un concierto, fue una experiencia marcada por el respeto, la nostalgia y la celebración de un legado que sigue vivo en cada riff. Porque al final, esto no se trata solo de música, sino de hermandad, historia y todo lo que permanece incluso cuando algunos ya no están.

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Nota: Luis Bonilla

Fotos: @benjamin_voorhees

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