REVIEW CONCIERTO | Gondwana y Quique Neira vuelven a encontrarse después de 23 años

Gondwana

Por: Sebastián Peña

¿Acaso pensaste que la reunión de Oasis con los hermanos Gallagher era el regreso más esperado de los últimos años? Pues… tenías razón. Pero mientras Liam y Noel volvían a encontrarse al otro lado del mundo, en Chile 2026 también fuimos testigos de una reunión que llevaba más de dos décadas esperando ocurrir.

Una de las voces más emblemáticas del reggae latinoamericano volvió a encontrarse con la banda que la vio nacer. Gondwana y Quique Neira se reunieron después de 23 años para presentarse ante un Estadio Bicentenario de La Florida repleto, en una jornada que terminó convirtiéndose en una celebración de la música chilena, la memoria, el amor, la paz y, por supuesto, el reggae.

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“Jah Children” para comenzar la fiesta

Pasadas las 21:00 horas, las luces del estadio se apagaron y una voz comenzó a escucharse desde el escenario, anticipando el espectáculo que estaba a punto de comenzar. La escena generó cierta confusión entre algunos asistentes, que no terminaban de entender qué estaba pasando, hasta que apareció el reconocido productor estadounidense Doctor Dread, quien se presentó como productor de los tres primeros discos de Gondwana y fue el encargado de dar el pase para que la banda tomara el escenario.

Entonces aparecieron I-Locks Labbé y compañía junto a Quique Neira para comenzar el concierto con “Jah Children”, dando paso inmediatamente a algunos de los grandes clásicos del disco Gondwana, como “Reggae Is Coming”, acompañado de algo de pirotecnia, “Pidigueño” y el primer gran himno de la noche: “Armonía de Amor”, cantado a todo pulmón por un estadio completamente entregado.

Las visuales fueron simples, coloridas y funcionales. El verdadero espectáculo estaba abajo, una banda que sonaba sólida y un Quique Neira que durante buena parte del show se encargó de repartir mensajes de amor, paz y positivismo. Y sí, también hubo espacio para farmeo de aura, porque aparentemente eso también viene incluido en una reunión histórica de Gondwana.

El público respondió a cada estímulo. Entre risas, abrazos, baile y celulares levantados, la sensación era que nadie había llegado simplemente a escuchar canciones, sino que habían venido a recuperar una parte de su historia.

Verde, amarillo y rojo

El escenario comenzó a teñirse de verde, amarillo y rojo, mientras serpentinas de los mismos colores caían sobre el público. La simbología no era casual, ya que los colores asociados a la bandera rastafari acompañaron una de las partes más reconocibles de la identidad visual y musical de la banda. Los clásicos continuaron con “Antonia”, perteneciente a Alabanza, destacando especialmente ese hermoso riff de guitarra que en vivo adquirió una fuerza particular. Después llegó “Guerra”, canción cuyo mensaje sigue siendo tan directo como siempre.

“Es mucho más que un meme”, bromeó Quique antes de interpretarla, provocando las risas del público.

Y es que esa fue una de las características de la noche, incluso, cuando las canciones hablaban de temas más serios, existía una sensación permanente de celebración. Era como si el estadio completo hubiera decidido, por unas horas, dejar los problemas afuera.

Quique Neira a solas

Llegando a la mitad del espectáculo, Gondwana abandonó momentáneamente el escenario y dejó a Quique Neira acompañado únicamente de su guitarra acústica y los coristas. Bueno… “acompañado de su guitarra”, porque al instrumento le tomó un momento recordar que también era parte del concierto y hubo que afinarlo antes de comenzar.

Superado el pequeño inconveniente, Neira se tomó el escenario para interpretar algunas de sus canciones, incluyendo una recién estrenada y clásicos como “Cosas Buenas”. El segmento alcanzó uno de sus momentos más íntimos con “El Cigarrito” y “Te Recuerdo Amanda”, esta última como homenaje a Víctor Jara. La interpretación comenzó de manera contenida, pero durante el segundo coro Gondwana volvió al escenario para transformar la canción en una inesperada versión reggae.

Fue uno de esos momentos en los que la reunión dejó de ser solamente un reencuentro entre músicos y se convirtió en algo mucho más simbólico, más sabiendo que es septiembre.

De la celebración a la memoria

Septiembre también estaba presente. Quique Neira se tomó unos minutos para recordar que, aunque para muchos este mes representa celebración, Fiestas Patrias y reuniones familiares, también existe una memoria que continúa abierta en Chile, la de los detenidos desaparecidos durante la dictadura.

El mensaje dio paso a “Mártires” e “Ignorancia”, dos canciones que provocaron una respuesta inmediata del público. La energía del estadio cambió y los asistentes aprovecharon el momento para manifestar su descontento con el gobierno actual. Fue probablemente uno de los segmentos más políticos de la jornada, pero también uno de los que demostró que la música de Gondwana nunca estuvo completamente separada de aquello que ocurre fuera del escenario.

Después, Quique Neira volvió a abandonar las tablas para dejar nuevamente a Gondwana sola.

Y aquí la banda aprovechó de recordar por qué, más allá de cualquier reunión y cualquier nostalgia, sigue siendo una de las agrupaciones fundamentales del reggae chileno. El protagonismo pasó completamente a los instrumentos, permitiendo que cada músico tuviera su espacio para desplegar su técnica y que el público pudiera concentrarse en los arreglos y la calidad sonora de la agrupación.

Tres horas para recuperar 23 años de Gondwana

Con poco más de dos horas transcurridas, el concierto ya se sentía como una despedida. Quique Neira agradeció a los asistentes por la oportunidad de volver a compartir escenario con Gondwana y habló de la unión que puede generar la música.

Y quizás ahí estuvo una de las particularidades de esta reunión. Durante gran parte del espectáculo no hubo una excesiva demostración de cercanía entre Neira y sus antiguos compañeros. No hubo necesidad de vender una falsa nostalgia ni de convertir cada minuto en una escena de reencuentro. Cada integrante cumplió su rol y, musicalmente, lo hicieron de maravilla.

Porque al final, 23 años son mucho tiempo. Pero cuando comenzaron a sonar los últimos acordes de “Felicidad” y posteriormente “Sentimiento Original”, poco importó cuánto había pasado desde la última vez que Quique Neira y Gondwana compartieron escenario. El estadio volvió a cantar, bailar y celebrar. Y probablemente esa sea la mejor forma de resumir lo ocurrido en La Florida: durante cerca de tres horas, una generación completa volvió a encontrarse con una parte de su historia.

No fue Oasis. No estuvieron Liam y Noel. Pero sí estuvieron Gondwana y Quique Neira. Y por una noche, estaban todos drogados pasándolo bien.