REVIEW CONCIERTO | Rata Blanca: El Coliseo ardió a puro hard rock y heavy, guitarras y 35 años de hermandad
No fue simplemente un concierto. Fue una descarga eléctrica. La noche del viernes, el Teatro Coliseo volvió a convertirse en territorio Rata, en el primero de sus dos shows programados en Santiago. Afuera, la noche fría; adentro, miles de gargantas esperando a una banda que hace rato dejó de ser visitante para convertirse en parte de la historia del rock chileno. Porque después de más de 35 años de encuentros, canciones y escenarios compartidos, la relación entre Rata Blanca y Chile sigue tan afilada como la guitarra de Walter Giardino.
Antes de que la maquinaria argentina tomara el escenario, fue el turno de Navaja, banda nacional proveniente de Limache, que llegó con actitud y una propuesta cargada de energía. El proyecto nace de una particular alianza musical: el líder de Fother Muckers, durante su residencia en Limache, se unió a músicos de Demoniac para dar vida a esta nueva formación. Una combinación de músicos y universos distintos que demostró que la escena nacional sigue generando propuestas capaces de abrirse paso a punta de guitarras y actitud. Navaja cumplió con la misión de preparar el terreno, pero todos sabían que lo que venía después era otra historia.

Las luces se apagaron y “Hijos de la tempestad” cayó sobre el Coliseo como una bomba. Rata Blanca entró sin calentamiento, sin pedir permiso y sin contemplaciones. Walter Giardino tomó su guitarra y comenzó el ataque. Precisión quirúrgica, velocidad absurda y una ejecución que por momentos parece desafiar las capacidades físicas de cualquier mortal. El guitarrista argentino no necesita demostrar por qué es uno de los grandes nombres de la guitarra del rock en español, pero lo hace de todas maneras, disparando riffs, solos y fraseos con una exactitud demoledora. A su lado, Adrián Barilari apareció como el perfecto maestro de ceremonias, dominando el escenario y conectando inmediatamente con un público que conoce cada palabra, cada riff y cada pausa de estas canciones.
El recorrido continuó con “Solo para amarte”, “Volviendo a casa”, “Hombres de hielo” y “Ángeles de acero”, manteniendo la intensidad arriba y las gargantas del Coliseo trabajando a toda máquina. Con “Talismán” y “Rock es rock”, la comunión entre banda y público terminó de explotar. Pero Barilari sabe que esta relación va mucho más allá de una simple visita a Santiago. Son más de tres décadas de historia compartida, y el cantante lo dejó claro cuando, mirando al público, lanzó una frase que resumió perfectamente lo que estaba ocurriendo esa noche: “El rock son ustedes. Esto lo hacemos juntos.” Y el Coliseo respondió. Porque Rata Blanca puede escribir las canciones, Giardino puede incendiar las seis cuerdas y la banda puede levantar un muro de sonido, pero es el público chileno el que termina completando la historia.

“El círculo de fuego” y “Días duros” mantuvieron la maquinaria a máxima potencia, hasta que llegó uno de los momentos más esperados de la noche: “Mujer amante”. El recinto prácticamente se vino abajo. Miles de voces acompañando a Barilari, mientras Giardino seguía haciendo de las suyas sobre el escenario. Durante varios minutos, la canción dejó de pertenecer exclusivamente a Rata Blanca y pasó a ser patrimonio de un público que la ha convertido en parte de su propia banda sonora. Después llegaron “Guerrero”, “El reino olvidado” y “Rock and Roll Hotel”, sin que la banda mostrara señales de querer bajar la intensidad.

Ya en la recta final, “Aún estás en mis sueños” preparó el terreno para el inevitable golpe de gracia: “La leyenda del hada y el mago”. El himno. La canción que ha atravesado generaciones y que volvió a transformar el Teatro Coliseo en una gigantesca garganta colectiva. Barilari dejó cantar al público y el resultado fue simplemente demoledor. No había distancia entre escenario y cancha. No había banda por un lado y público por otro. Había una sola masa de gente cantando una canción que forma parte de la historia del heavy metal latinoamericano.

Lo ocurrido este viernes 28 de agosto fue mucho más que otra fecha en la agenda de Rata Blanca. Fue otro capítulo de una historia que comenzó hace más de 35 años y que todavía está lejos de terminar. Hay bandas que envejecen, otras que sobreviven y algunas que siguen saliendo al escenario con la intención de partirte la cabeza. Rata Blanca pertenece a esta última categoría. Giardino continúa atacando las seis cuerdas con una precisión y una velocidad casi inhumanas; Barilari mantiene intactos su voz, presencia y capacidad para conectar con el público, mientras Chile sigue respondiendo como si la Rata nunca se hubiera ido. Porque esto no es solamente un concierto. Esto es heavy metal, es historia y es hermandad.
Y como dijo Barilari desde el escenario: “El rock son ustedes. Esto lo hacemos juntos.” El Coliseo lo entendió perfectamente.
La Rata volvió a Santiago. Y volvió a demoler la capital a punta de hard rock y heavy metal.

