REVIEW CONCIERTO | The Haunted: 18 años después, la maquinaria Sueca volvió a disparar
The Haunted volvió a Santiago para hacer lo que mejor sabe hacer: descargar metal extremo con precisión, violencia y una maquinaria sonora que no necesita pedir permiso. Forjado en la intensidad del death metal sueco, endurecido por tres décadas de historia y con una perseverancia a prueba de balas, el quinteto regresó a Chile después de 18 años de ausencia para tomar el Teatro Cariola y someterlo a una descarga de riffs afilados, velocidad y brutalidad.

La jornada comenzó cerca de las 20:00 horas con Projector, formación nacional que lleva alrededor de 15 años construyendo su propia trinchera dentro del death metal. Rodrigo “Rumba” Salazar en la voz, Ivon Sepúlveda en el bajo, Rodrigo “Ro” Bocaz y Felipe Pradenas en las guitarras, junto a Esteban “Mr. Esteb” Ponce en percusión, salieron a jugarse el pellejo desde el primer acorde.

“What You Really Need” abrió la carnicería con un sonido compacto y directo. Projector no necesitó demasiadas vueltas para dejar clara su intención: velocidad, técnica y ejecución precisa. “Solitary Ascension” cayó como una descarga de plomo, mientras “Between the Nature and Ego” y “Living Resources” mostraron una banda que ha sabido desarrollar su propuesta sin renunciar a la crudeza del género.
“Kakistocracy” y “Corporatocracy” pusieron punto final a una presentación intensa, dejando el terreno preparado para lo que todavía faltaba por descargar.
Desde Ecuador llegó Madbrain, nuevamente con el puño arriba en territorio chileno después de su presentación junto a Agnostic Front en 2023. Con una historia que se remonta a finales de los años 90 y tres álbumes en su catálogo, la banda llegó a Santiago con una propuesta cargada de metalcore, groove y actitud contestataria.

“Respiro” abrió el ataque y durante aproximadamente 30 minutos el quinteto no aflojó la presión. “El Tiempo es Hoy” encontró a un público cada vez más metido en la jornada, mientras “Ira, Odio y Valor” golpeó con especial fuerza. Washo Orellana en la voz, Juan Fernando Saá y Nico Cano en las guitarras, junto a Félix Cueva tras la batería, ejecutaron un repertorio compacto, agresivo y sin espacios muertos.
“Psicópatas” encontró en la batería de Cueva una máquina de groove, mientras “Resurgir” puso sobre la mesa el contenido contestatario de la banda. “Mientes” comenzó a cerrar el recorrido hasta desembocar en “Puño”, una última descarga de rabia que dejó a Madbrain con la tarea cumplida.
THE HAUNTED: 18 AÑOS ESPERANDO EL GOLPE
22:00 horas, las luces bajaron, el ruido aumentó, The Haunted estaba nuevamente en Santiago. La espera había terminado.
Desde que la banda sueca irrumpió en la escena a mediados de los años 90, su nombre quedó asociado a una forma particularmente violenta de entender el metal. La combinación de death metal, thrash y una precisión casi mecánica convirtió sus primeros trabajos en piezas fundamentales para entender el sonido extremo que llegaría desde Gotemburgo durante aquella década.
Pero el Cariola no estaba ahí para una clase de historia. Estaba ahí para recibir el impacto.
Con Marco Aro nuevamente al frente de la formación, The Haunted apareció dispuesto a recorrer buena parte de su trayectoria sin convertir el concierto en una simple colección de recuerdos. A su lado, Patrik Jensen y Ola Englund se encargaron de mantener la artillería de guitarras funcionando a máxima presión, mientras Adrian Erlandsson se instalaba detrás de la batería para hacer lo suyo: golpear hasta que el cuerpo entendiera el mensaje.
“Warhead” fue el primer disparo.

No hubo introducciones innecesarias. El riff entró seco y el Cariola respondió inmediatamente. Jensen y Englund levantaron una pared de guitarras filosas mientras Aro se adueñaba del escenario con esa presencia áspera que ha marcado buena parte de su historia dentro de The Haunted.
“In Fire Reborn” y “99” mantuvieron el acelerador clavado al piso. La banda sonaba compacta, pesada y particularmente cómoda en un repertorio que exige velocidad, precisión y resistencia.
Entonces apareció “Trespass”, uno de los golpes directos al corazón de Made Me Do It. El efecto fue inmediato. Los primeros pits comenzaron a tomar forma y las cabezas empezaron a moverse con esa sincronización involuntaria que solo consigue un riff realmente efectivo.
The Haunted no necesitaba reinventar nada, necesitaba tocar fuerte, y eso estaba ocurriendo.

“The Flood”, “The Medication”, “D.O.A.” y “Time Will Not Heal” mantuvieron al público completamente entregado. Marco Aro, bandera chilena en mano, respondió desde el escenario a una audiencia que llevaba casi dos décadas esperando volver a verlo al frente de la banda.
La conexión estaba establecida.
“Hell Is Wasted”, “To Bleed Out”, “No Compromise” e “In Vein” llegaron como una sucesión de golpes sin espacio para respirar. No había intención de bajar las revoluciones ni de darle descanso al cuello de los headbangers.
El repertorio comenzó entonces a internarse nuevamente en el ADN de la banda.
“Death to the Crown”, “Undead” y “Hollow Ground” trajeron consigo diferentes momentos de la trayectoria de The Haunted, hasta que “Dark Intentions” abrió otra puerta hacia los años 90.
Ahí estaba una de las claves de la noche: The Haunted podía mirar hacia atrás sin sonar atrapado en el pasado.
Tres décadas de actividad no habían convertido aquellos riffs en piezas de museo. Seguían funcionando exactamente donde tenían que funcionar: frente a un amplificador, con una batería golpeando a toda velocidad y cientos de personas perdiendo la compostura.

“Bury Your Dead” volvió a conectar generaciones. Los seguidores que descubrieron a The Haunted durante los primeros años compartían espacio con quienes probablemente conocieron a la banda mucho después. El resultado fue el mismo: brazos arriba, cabezas abajo y un público que respondió hasta el último rincón del recinto.
Adrian Erlandsson llevó la batería a otro nivel con “Hate Song”. Cada golpe parecía empujar el concierto un poco más lejos, mientras Jensen, Englund y Aro mantenían la presión desde el frente.
Todavía quedaba munición.
“All Against All” volvió a encender el Cariola y “Bullet Hole” terminó de clavar los últimos riffs en una noche donde The Haunted confirmó que su lenguaje sigue siendo perfectamente reconocible: velocidad, agresividad, precisión y una dosis saludable de mala leche.
El regreso a Santiago después de 18 años no necesitó discursos grandilocuentes. The Haunted habló con guitarras, batería y una voz que lleva décadas escupiendo metal desde los escenarios.
Treinta años de historia son demasiado para resumirlos en una sola noche. Pero sí alcanzan para comprobar algo cuando la banda aparece frente a ti: los discos pueden envejecer, las modas pueden cambiar y las generaciones pueden renovarse; un riff bien ejecutado sigue teniendo la capacidad de golpear como una patada en los dientes.
Y The Haunted todavía sabe cómo hacerlo.
Reseña: Cesar Troncoso
Fotos: Eduardo Sandoval – @edo_cl
