EVENTOS | Airbag: Del garaje a los estadios, el rock Argentino que llega a un Caupolicán agotado
El trío de los hermanos Sardelli regresa a Santiago para presentar su actual etapa con la primera fecha completamente sold out. Más de dos décadas de carrera, ocho discos, guitarras que no piden permiso y una evolución que los llevó desde el rock clásico hasta un sonido donde conviven el hard rock, el rock alternativo, los sintetizadores y los arreglos orquestales.
Hay bandas que necesitan años para encontrar su identidad y otras que parecen llevarla escrita en las paredes del garaje donde comenzaron a ensayar. Airbag pertenece a esa segunda especie. Lo que partió en Don Torcuato, Argentina, con tres hermanos haciendo canciones y empujando una banda a puro trabajo, terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos más grandes del rock en español de las últimas dos décadas. Y ahora esa historia vuelve a golpear Santiago: la primera fecha en el Teatro Caupolicán está completamente agotada, obligando a sumar una segunda presentación para el domingo 27 de septiembre.

Gastón, Guido y Patricio Sardelli nunca escondieron sus raíces. En Airbag conviven el rock clásico, el hard rock, las melodías del rock argentino y una evidente fascinación por la guitarra como instrumento protagonista. Hay ecos de Deep Purple, Led Zeppelin, Black Sabbath, Queen y AC/DC, pero también de la tradición del rock argentino que va desde Pappo hasta Soda Stereo. La gracia está en que esas influencias no funcionan como una colección de estampitas: los Sardelli las trituraron, las mezclaron y las transformaron en una identidad propia.
El primer golpe llegó en 2004 con su álbum debut, Airbag, empujado por canciones como “La Partida de la Gitana (Si Te Vas)”. La banda consiguió rápidamente llamar la atención de la industria y terminó firmando con Warner, demostrando que aquellas canciones nacidas lejos de los grandes escenarios podían sobrevivir perfectamente fuera del circuito independiente. El salto no fue solamente discográfico: Airbag empezó a construir una relación con un público que crecería prácticamente en paralelo con ellos.
En 2006 llegó Blanco y Negro, un disco fundamental para entender el primer crecimiento de la banda. El álbum los llevó al Luna Park, mientras MTV comenzaba a poner los ojos sobre el trío. Airbag ya no era solamente una joven banda argentina con canciones pegadizas: había guitarras, actitud y una ambición que apuntaba bastante más arriba.

Dos años después apareció Una Hora a Tokio, confirmando que los Sardelli no tenían demasiadas intenciones de quedarse estacionados en una fórmula. El grupo comenzó a ampliar su paleta y a experimentar con distintas texturas sin abandonar la columna vertebral rockera. En 2011, con Vorágine, esa búsqueda se hizo todavía más evidente: aparecieron con mayor protagonismo los sintetizadores y teclados, incorporando nuevos colores a una banda que seguía teniendo a las guitarras como centro de gravedad.
Y entonces llegó “Cae el Sol”.
El tema se convirtió en uno de los grandes puntos de inflexión de Airbag. Su presencia en radios y rankings amplificó brutalmente la llegada del grupo y permitió que su nombre comenzara a circular con fuerza mucho más allá de Argentina. El trío había encontrado una fórmula peligrosa: canciones capaces de funcionar en la radio sin sacrificar el músculo de una banda de rock.
En 2013, Libertad volvió a mover las piezas. El disco profundizó la mezcla entre rock alternativo, hard rock y baladas, mientras la colaboración de Ricardo Mollo en “Fugitivos” conectaba a Airbag con una de las figuras esenciales del rock argentino. No era solamente una banda joven intentando parecer veterana; los Sardelli estaban empezando a dialogar directamente con las generaciones que habían construido la historia del género.
Mentir a la Verdad, publicado en 2016, endureció nuevamente el pulso. El hard rock ganó terreno y las baladas siguieron formando parte del ADN del grupo. Ese mismo año ocurrió otro momento significativo: Airbag abrió para Guns N’ Roses, compartiendo escenario con una de las bandas que inevitablemente forma parte del mapa de influencias de cualquier grupo que haya crecido adorando las guitarras eléctricas y el rock de estadio.
Después vendría una etapa de consolidación definitiva. En 2021, Airbag lanzó Al Parecer Todo Ha Sido Una Trampa, un ambicioso trabajo de 17 canciones que mostró a una banda mucho más madura y dispuesta a jugar con distintas dimensiones de su sonido. El disco incluyó la participación de Marciano Cantero, histórico líder de Los Enanitos Verdes, y volvió a llevar al grupo al Luna Park.

Para entonces, los Sardelli ya habían dejado atrás la etiqueta de “promesa”. Airbag era una banda de estadios.
En 2024, el trío volvió a mirar hacia una de las instituciones intocables del rock argentino al registrar una versión de “Ella usó mi cabeza como un revólver”, de Soda Stereo. La elección no fue casual. Si las primeras etapas de Airbag estaban marcadas por el riff, el músculo y el virtuosismo guitarrero, su evolución había incorporado una comprensión mucho más amplia de la canción, la producción y las atmósferas.
Y llegamos a 2025, cuando apareció El Club de la Pelea, su octavo trabajo de estudio y otra demostración de que Airbag no estaba interesado en vivir exclusivamente de sus éxitos anteriores. Guitarras dobles, mayor peso, sintetizadores y arreglos orquestales ampliaron nuevamente el espectro sonoro. El resultado fue un disco concebido para una banda que ya piensa en grande porque su escenario natural dejó de ser el club.
La respuesta fue brutal: cinco Estadios River Plate agotados en 2025, con más de 300.000 personas, mientras la gira El Club de la Pelea atravesó Latinoamérica y España movilizando a más de un millón de espectadores. El volumen de esas cifras puede parecer absurdo para una banda que comenzó haciendo canciones en un garaje, pero justamente ahí está una de las claves de Airbag: su crecimiento nunca estuvo separado de las canciones.

Ahora la historia continúa con El Club de la Pelea II y una nueva gira que vuelve a poner a los Sardelli frente a escenarios cada vez más grandes. En 2026, el fenómeno ya comenzó con tres Estadios Vélez Sarsfield agotados, mientras el catálogo supera los 700 millones de reproducciones y canciones como “Por Mil Noches”, “Nunca Lo Olvides”, “Solo Aquí”, “Cae el Sol”, “Amor de Verano”, “Noches de Insomnio” y “Vivamos el Momento” siguen funcionando como munición de primera línea.
Santiago no será una excepción.
El 26 de septiembre, el Teatro Caupolicán recibirá a un Airbag que poco tiene que ver con aquella banda que apareció en 2004. Sigue estando el gusto por el riff, la pasión por el hard rock y el virtuosismo de los hermanos Sardelli, pero ahora existe detrás una maquinaria construida durante más de veinte años. La primera fecha está sold out, una señal inequívoca de que el público chileno ya no está mirando a Airbag como una banda extranjera de paso, sino como parte de ese circuito de nombres que pueden llenar un recinto grande sin pedir disculpas.

De los garajes de Don Torcuato al River Plate. Del primer contrato discográfico a los estadios repletos. De las guitarras adolescentes a los sintetizadores y arreglos orquestales. Airbag ha crecido sin abandonar el rock y, quizás más importante todavía, sin dejar que el éxito le quite los dientes.
El Caupolicán está vendido. Ahora queda comprobar qué sucede cuando las luces se apaguen, las guitarras entren en combustión y los hermanos Sardelli tengan nuevamente a Santiago frente al escenario.
Airbag no viene a recordar quién fue. Viene a demostrar hasta dónde llegó.
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