EVENTOS | Between The Buried And Me: The Blue Nowhere, el prog se desata

BEETWEEN THE BURIED AND ME

Después de varios años sin nuevo material, Between the Buried and Me regresó en 2025 con The Blue Nowhere, un disco que no busca repetir fórmulas ni vivir de la reputación construida durante más de dos décadas. Al contrario: el undécimo álbum de estudio de la banda estadounidense abre una nueva etapa, marcada por un cambio de formación, una renovada libertad compositiva y una exploración sonora que confirma por qué siguen siendo una de las máquinas más impredecibles del metal progresivo.

Publicado el 12 de septiembre de 2025 por InsideOut Music, The Blue Nowhere es el primer trabajo de la agrupación para el sello alemán y, además, el primero registrado como cuarteto desde Alaska (2005) sin el guitarrista Dustie Waring. La formación actual está integrada por Tommy Rogers, Paul Waggoner, Dan Briggs y Blake Richardson.

Diez canciones y más de 70 minutos de música bastan para comprobar que la salida de un integrante no significó reducir la ambición. Si algo caracteriza a The Blue Nowhere es precisamente lo contrario: Between the Buried and Me suena liberada, inquieta y dispuesta a jugar con todas las piezas que tiene sobre la mesa.

Complejidad sin perder el pulso

Between the Buried and Me siempre ha sido una banda difícil de encasillar. Death metal, hardcore, jazz, rock progresivo, psicodelia, electrónica, melodía, brutalidad y experimentación conviven dentro de una misma criatura. Sin embargo, The Blue Nowhere introduce una diferencia importante: la complejidad ya no parece estar ahí simplemente para demostrar hasta dónde puede llegar la banda técnicamente.

Aquí hay espacio para respirar.

La producción de Jamie King, colaborador histórico de la agrupación, junto con la mezcla y masterización de Jens Bogren, permite que cada capa tenga su lugar. El bajo de Briggs, las guitarras de Waggoner, la batería de Richardson y los teclados de Rogers se cruzan, chocan y vuelven a encontrarse en una mezcla donde las polirritmias y los cambios de dinámica conservan su fuerza sin convertir el disco en una exhibición de virtuosismo vacío.

La banda incluso amplía su paleta con vientos, cuerdas y una instrumentación poco habitual dentro de su propio catálogo, llegando a incorporar una tuba en «Slow Paranoia». Es una señal inequívoca de que el cuarteto decidió privilegiar la canción y la atmósfera por encima de cualquier frontera estilística.

Y ahí está una de las grandes virtudes del álbum: todo puede ocurrir, pero nada parece estar fuera de lugar.

«Things We Tell Ourselves in the Dark»: la puerta de entrada

El primer golpe llega con «Things We Tell Ourselves in the Dark», un comienzo sencillamente espectacular.

La canción reúne buena parte de las obsesiones que han convertido a Between the Buried and Me en una banda única: guitarras juguetonas, ritmos funky, teclados excéntricos, pasajes progresivos, melodías envolventes y, cuando parece que todo comienza a acomodarse, una descarga de brutalidad.

Pero hay algo más.

El tema recupera esa faceta más colorida y cálida que la banda había explorado en trabajos como The Great Misdirect y Coma Ecliptic, incorporando además una marcada sensibilidad de prog/pop-rock ochentero. Hay ecos de Yes y Rush, pero procesados a través de la personalidad absolutamente retorcida de BTBAM.

Tommy Rogers vuelve a demostrar su capacidad para moverse entre dos extremos: voces limpias, melódicas y casi hipnóticas frente a sus reconocibles ataques guturales. La canción funciona como declaración de principios y, al mismo tiempo, como una advertencia: esto no es una banda intentando sonar más accesible; es una banda extremadamente compleja que descubrió nuevas maneras de ser atrapante.

Los contrapuntos vocales y el entramado instrumental que aparecen hacia el final recuerdan incluso a esa tradición progresiva donde bandas como Gentle Giant llevaron la interacción entre instrumentos hasta niveles casi matemáticos. Pero aquí la técnica nunca termina por devorar la emoción.

Un disco que se mueve constantemente

A partir de ahí, The Blue Nowhere evita acomodarse.

«God Terror» y «Absent Thereafter» recuperan buena parte de la violencia característica de la banda, mientras «Pause» y «Door #3» permiten que el álbum respire y expanda sus dimensiones. «Mirador Uncoil» vuelve a mezclar melodía, atmósfera y complejidad instrumental, mientras «Psychomanteum» y «Slow Paranoia» profundizan en el costado más experimental.

La sensación es la de estar escuchando una banda que conoce perfectamente su lenguaje, pero que decidió desarmarlo para volver a construirlo desde otro ángulo.

Incluso cuando aparecen estructuras complejas, la música conserva movimiento. Los riffs no se sienten atrapados en una sucesión de cambios imposibles; las melodías funcionan como puntos de orientación dentro del caos y los teclados de Rogers aportan una dimensión atmosférica que termina siendo fundamental.

Eso hace que The Blue Nowhere sea un disco exigente, pero nunca inaccesible.

El lado introspectivo

También existe una dimensión más personal.

Tommy Rogers ha descrito las letras del álbum como una colección de pensamientos y entradas de diario. El ego, la identidad, las contradicciones personales y la manera en que cada individuo construye su propia realidad atraviesan buena parte del material.

El propio título, The Blue Nowhere, parece resumir esa sensación de estar suspendido en un espacio mental difícil de definir.

No es casualidad entonces que el álbum comience hablando de aquello que nos decimos cuando estamos solos y termine mirando nuevamente hacia ese mismo lugar.

El círculo se cierra

El último golpe llega con «Beautifully Human», una extensa pieza que funciona como cierre musical y conceptual.

Una de las características de Between the Buried and Me ha sido siempre su capacidad para generar conexiones entre distintas partes de un álbum, ya sea mediante motivos musicales, personajes o referencias líricas. The Blue Nowhere continúa esa tradición y cierra el recorrido retomando elementos planteados en la canción inicial.

Lo que comenzó con «Things We Tell Ourselves in the Dark» termina regresando a esas mismas ideas en «Beautifully Human».

El resultado es un final que no necesita explosiones gratuitas para funcionar. El disco simplemente vuelve sobre sus propios pasos, conecta sus extremos y deja la sensación de que todo tenía una razón de estar ahí.

Una nueva etapa para una banda que se niega a repetirse

The Blue Nowhere no es solamente el undécimo disco de Between the Buried and Me. Es el registro de una banda entrando en una nueva etapa.

El cambio a cuarteto, el salto hacia InsideOut Music, una metodología de composición más espontánea y una mayor apertura hacia nuevas texturas podrían haber terminado en un disco irregular. Ocurre exactamente lo contrario.

La banda conserva la brutalidad, la técnica y la demencia progresiva que la hicieron imprescindible, pero las pone al servicio de canciones más atmosféricas, melódicas y humanas.

Y quizá ahí esté la verdadera sorpresa de The Blue Nowhere: Between the Buried and Me no necesitaba volverse más compleja. Necesitaba encontrar nuevas formas de hacer que su complejidad golpeara más fuerte.

Con este álbum lo consigue.

Y para una banda que en vivo es reconocida por convertir sus canciones en una auténtica descarga de precisión, energía y caos controlado, la llegada de The Blue Nowhere a Santiago promete algo más que un repaso por su catálogo: una oportunidad para comprobar cómo su nueva etapa funciona cuando toda esa maquinaria progresiva se pone frente al público.

Entradas disponibles por Passline.com

Produce: Chargola Pro y PowerProds