EVENTOS | Entre la sangre y el renacimiento: El trono de acero de Exodus
Hay bandas que se apagan con los años, diluidas por el peso de la historia o la comodidad del legado. Y hay otras, como Exodus, que se niegan a morir, que transforman cada caída en una nueva tempestad. A lo largo de más de cuatro décadas, los pioneros del thrash metal californiano han hecho del caos una virtud, del dolor un impulso creativo y de la sangre un pacto eterno con sus seguidores. Su historia, marcada por tragedias, resurrecciones y una fidelidad incorruptible al sonido más feroz del metal, sigue escribiéndose con fuego… y su próximo capítulo se vivirá este sábado 11 de octubre en el Teatro Cariola, donde la leyenda volverá a rugir.
El siglo XXI trajo consigo una nueva era para Exodus. Tras varios años de silencio, la banda resurgió en 2001 para participar en el mítico concierto Thrash of the Titans, organizado a beneficio de Chuck Billy (vocalista de Testament). Fue el punto de reunión de los viejos guerreros del thrash, pero también el comienzo de una nueva batalla para la banda. Sin embargo, el destino golpeó duro: en febrero de 2002, el inolvidable Paul Baloff —aquel que encarnó la furia más pura de Bonded by Blood— falleció tras sufrir un derrame cerebral. Muchos pensaron que sería el fin. Pero Gary Holt, el alma y arquitecto eterno de Exodus, se negó a dejar que la llama se extinguiera.
El resultado de esa resistencia fue “Tempo of the Damned” (2004), un renacer violento que devolvió a la banda a la cima del thrash. En él, la voz de Steve “Zetro” Souza volvió a tronar con autoridad, mientras temas como “Impaler” y la misteriosa “Crime of the Century” (que fue vetada por la discográfica Century Media) mostraban que el filo de Exodus estaba más afilado que nunca. Era la furia de los sobrevivientes, un regreso no solo esperado, sino necesario.
Pero el infierno no da tregua. En 2005, Rick Hunolt dejó la banda y fue reemplazado por Lee Altus, mientras Tom Hunting, uno de los fundadores, se alejó por problemas de salud. Su lugar fue ocupado temporalmente por Paul Bostaph (ex Slayer y Testament), y poco después, una nueva voz se unió al caos: Rob Dukes, quien grabó su primera participación en “Shovel Headed Kill Machine”, abriendo una era de agresividad renovada y giras monumentales por Estados Unidos, Europa y Asia.
Los siguientes años fueron testimonio de un Exodus que no solo sobrevivía, sino que prosperaba. En 2007 lanzaron “The Atrocity Exhibition… Exhibit A”, seguido por “Exhibit B: The Human Condition” (2010), ambos bajo el sello Nuclear Blast Records y con la producción impecable de Andy Sneap, el mismo genio detrás de Megadeth y Kreator. La banda incluso compartió escenario con Iron Maiden en el Estadio Nacional de Santiago en 2011, grabación que quedó inmortalizada en un DVD de los británicos.
Pero el círculo del destino tenía aún más giros por ofrecer. Mientras Gary Holt asumía temporalmente la guitarra de Slayer tras la muerte de Jeff Hanneman, Exodus se preparaba para otro renacimiento. En 2014 lanzaron “Blood In, Blood Out”, con el regreso triunfal de Steve “Zetro” Souza y la participación especial de Kirk Hammett, quien regresaba simbólicamente al hogar donde todo comenzó, aportando un solo abrasador en “Salt the Wound”. Fue un reencuentro de sangre, memoria y redención.
Más tarde, en 2021, Exodus reafirmó su supremacía con “Persona Non Grata”, un disco que respiraba rabia contemporánea sin olvidar las raíces del género que ayudaron a fundar. Y aunque los años han traído nuevas separaciones y cambios —con la reciente salida de Zetro Souza en 2025 y el regreso de Rob Dukes—, la esencia sigue intacta: la furia, la velocidad y la lealtad al metal más puro.
Este sábado 11 de octubre, el Teatro Cariola será testigo de esa historia viva. No será solo un concierto, sino un ritual de resistencia, una celebración del metal en su estado más primitivo y auténtico. Exodus vuelve a Chile con la fuerza de quienes han desafiado el tiempo y la tragedia para recordarnos que el thrash metal no se detiene, solo evoluciona, y que la sangre —como su música— jamás deja de fluir.

