EVENTOS | Química Celestial: Oasis y el fuego que nunca se apaga
Hay bandas que no solo componen canciones, sino que destilan una energía capaz de encender generaciones. Oasis es una de ellas. Los hermanos Gallagher no solo escribieron la banda sonora de los años noventa, sino que trazaron una constelación sonora que sigue brillando con la misma intensidad. Hoy, mientras el eco de su historia resuena en los cielos de Manchester y Santiago, la banda se prepara para su triunfal regreso en el Estadio Nacional este 19 de noviembre, con la gira “Oasis Live’ 25”, una celebración que reaviva el fuego eterno del Britpop.
A comienzos del nuevo milenio, entre los rumores de ruptura y los titulares que hablaban más de disputas que de música, Oasis encontró una nueva chispa creativa. En 2002 vio la luz “Heathen Chemistry”, un álbum que respiraba frescura y reconciliación, una mezcla entre la madurez de Noel y el ímpetu poético de Liam. De ese crisol nacieron himnos como “The Hindu Times”, que devolvió a la banda al puesto número uno en las listas británicas, y la melancólica “Stop Crying Your Heart Out”, una plegaria emocional que aún se alza en los estadios como una llama colectiva.
El disco también marcó un hito para Liam Gallagher, quien dio un paso al frente como compositor con piezas tan personales como “Songbird”, “Born On A Different Cloud” y “Better Man”, abriendo un nuevo capítulo en la narrativa sonora del grupo. Fue un tiempo de turbulencias, sí, pero también de alquimia: de convertir los conflictos en arte, los excesos en poesía, y los silencios en guitarras que rugían con verdad.
Las giras de aquellos años estuvieron teñidas tanto de gloria como de caos: accidentes, arrestos y un espíritu indomable que parecía imposible de domesticar. En medio de todo, Alan White dejó la batería, abriendo paso a Zak Starkey, hijo del legendario Ringo Starr, quien aportó a Oasis una conexión directa con el linaje de The Beatles, como si la historia se cerrara en un círculo perfecto.
Y así, mientras el mundo giraba, Oasis seguía ahí: fracturada, impredecible, pero inmortal. Hoy, su regreso con “Oasis Live’ 25” no es solo una gira; es una celebración de resistencia, una sinfonía de redención. Porque cada vez que suenan los acordes de “Don’t Look Back in Anger”, el tiempo se detiene, y todos —una vez más— recordamos por qué la química entre los Gallagher fue, y sigue siendo, pura magia celestial.
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