REVIEW CONCIERTO | Old Man’s Child y Hecate Enthroned: El black metal tomó el Teatro Cariola

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La negra arquitectura del infierno musical levantó sus pilares en el Teatro Cariola. Hecate Enthroned profanó por primera vez suelo chileno y Old Man’s Child regresó desde las sombras para reclamar un trono que parecía perdido en el tiempo.

Martes 22 de septiembre. Santiago vuelve a vestirse de negro y el Teatro Cariola se transforma en el epicentro de una jornada que durante años parecía imposible. La consigna es una sola: BLACK METAL. Tres nombres, tres ceremonias y una noche construida sobre blast beats, guitarras demoniacas, atmósferas infernales y una audiencia que llegó dispuesta a dejar la garganta en cada coro. La apertura quedó en manos de Sol Sistere, que encendió la mecha con una descarga compacta y poderosa. Relentless Ascension abrió el camino con seis minutos de velocidad desatada, mientras Nothofagus, Chasm’s Odyssey, Narrow Path y Seeker of Souls confirmaron por qué la banda ocupa un lugar propio dentro de la escena extrema chilena. Tambores de guerra, riffs sombríos y una ejecución precisa: el primer pacto estaba sellado.

Foto: Eduardo Sandoval – @edo_cl

La temperatura subió cuando las luces cayeron y las sombras comenzaron a dominar el escenario. Hecate Enthroned llegaba por primera vez a Chile y no hubo ceremonia de bienvenida: hubo devastación. Goetia abrió la puerta hacia una noche marcada por la oscuridad, seguida por Beneath a December Twilight, recuperando la esencia de The Slaughter of Innocence, A Requiem for the Mighty. Las guitarras se cruzaron con teclados lúgubres y una batería que convirtió cada golpe en una descarga de metralla. Dark Requiems… and Unsilent Massacre y The Spell of the Winter Forest llevaron el espectáculo hacia terrenos cada vez más extremos, mientras Deathless in the Dryad Glade mostró la vigencia de una banda que continúa expandiendo su universo sonoro. El cierre con An Ode for a Haunted Wood y The Pagan Swords of Legend dejó el Cariola convertido en un campo de batalla. Sonido demoledor, entrega absoluta y una primera visita a Chile que no pasó precisamente de puntillas.

Foto: Eduardo Sandoval – @edo_cl

Pero la espera tenía un nombre. Old Man’s Child finalmente estaba frente al público chileno. Décadas de silencio quedaron reducidas a segundos cuando las primeras notas de Towards Eternity y King of the Dark Ages quebraron la espera. Galder tomó el mando y el Cariola respondió como si esta banda hubiese estado aquí durante todos estos años. Doommaker, Hominis Nocturna y Born of the Flickering abrieron un túnel directo hacia los años dorados del black metal melódico, combinando velocidad, oscuridad, precisión y esas melodías que hicieron de Old Man’s Child una pieza fundamental de la escena noruega de los noventa. Esto no era nostalgia: era una deuda saldada a volumen brutal.

Foto: Eduardo Sandoval – @edo_cl

The Soul Receiver, Twilight Damnation y God of Impiety mantuvieron la presión arriba, alternando ráfagas de violencia con pasajes atmosféricos donde la melodía volvía a tomar el control. La banda recorrió una discografía que durante años parecía condenada a existir solamente en discos, recuerdos y relatos de quienes la descubrieron en los noventa. Pero esta vez fue real. Galder y sus músicos no vinieron a reconstruir un recuerdo; vinieron a demostrar que esas composiciones todavía tienen dientes.

Foto: Eduardo Sandoval – @edo_cl

Dream Ghost y Unholy Vivid Innocence prepararon el golpe final. Más de una hora después del primer ataque, el trono finalmente quedó ocupado con The Millennium King. Cuernos al aire, cabezas golpeando y una audiencia completamente entregada cerraron una noche que difícilmente podía haber terminado de otra manera.

Foto: Eduardo Sandoval – @edo_cl

Años atrás parecía imposible ver a Old Man’s Child en Chile. El martes 22 de septiembre dejó de ser una fantasía. Hecate Enthroned profanó por primera vez nuestras tierras y Galder regresó con Old Man’s Child para reclamar su lugar. El black metal melódico volvió a levantar el estandarte. Y el Teatro Cariola fue testigo.

Reseña: Cesar Troncoso

Fotos: Eduardo Sandoval – @edo_cl