REVIEW CONCIERTO | El poder del metal sobre el desastre: La noche inolvidable de Sepultura y Mawiza en Santiago
Santiago vivió una de esas jornadas donde la naturaleza y la furia humana se cruzan en los extremos. Un día marcado por el desastre y la tensión tras el aluvión que azotó a la zona debido a las inusuales lluvias de octubre afortunadamente sin víctimas que lamentar dejó a la capital con el ánimo a flor de piel. Pero cuando la noche cayó sobre la capital, el Teatro Coliseo se transformó en un búnker inquebrantable de resistencia, listo para recibir con localidades agotadas todo el poder del metal brasileño de Sepultura, acompañados por los nacionales de Mawiza.
El ambiente en los alrededores era una postal clásica de las grandes citas: una marea de juventud vistiendo con orgullo poleras negras de la histórica banda de Belo Horizonte, palpitando el inicio de la descarga.
Mawiza: Identidad, raíces y proyección internacional
Exactamente a las 20:00 horas, los aplausos dieron paso al ritual con Mawiza. La agrupación nacional atraviesa por un momento consagratorio, respaldada por un éxito rotundo tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, y avalada nada menos que por los franceses de Gojira, con quienes comparten profundos ideales sobre la tierra, la naturaleza y la música.

Con un repertorio cantado en mapudungún, Mawiza impartió una auténtica cátedra de ejecución, presencia escénica y potencia. Su paso por los grandes festivales europeos se nota en la madurez con la que dominan el escenario del Coliseo. El peak de su presentación llegó cuando sorprendieron a todos con una brutal y visceral versión de «Battery» de Metallica, encendiendo la mecha y preparando el terreno para lo que se venía.

Sepultura: 42 años de historia viva y demolición sonora
Con el recinto a reventar, llegó el momento tan esperado: la celebración de las cuatro décadas de trayectoria de Sepultura. Las luces del Coliseo se apagaron y los acordes iniciales de «Inner Self» cayeron como un martillazo seco, sacudiendo los cimientos del teatro y desatando la locura colectiva desde el primer segundo.

El setlist fue una aplanadora implacable que no dio respiro. Canción tras canción, la euforia escalaba apoyada por un despliegue de impactantes visuales que acompañaban la travesía sonora. En el centro de esta maquinaria perfecta brilló con luz propia Greyson Nekrutman tras los tambores; su versatilidad, técnica impecable y destreza descomunal en la batería dejaron en claro por qué se ha ganado un sitial de honor en esta gira.

Uno de los momentos más mágicos y de mayor hermandad sobre el escenario ocurrió durante «Kaiowas». El tema, de carácter netamente instrumental y percusivo, sirvió de puente para invitar a los músicos de Mawiza a sumarse, fusionando energías en una comunión tribal que hizo vibrar a todo el teatro.

La temperatura subió a niveles insospechados cuando sonó «Slave New World»: las bengalas iluminaron la oscuridad del recinto, convirtiendo el moshpit en una auténtica vorágine de furia y hermandad metálica.
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El cierre fue sencillamente devastador, un bloque final de clásicos absolutos donde desfilaron «Territory», «Refuse/Resist», «Arise», y el estallido final con «Ratamahatta» y por supuesto «Roots Bloody Roots».

Ayer, la música funcionó como el mejor refugio posible. Entre la adversidad climática y la potencia de los amplificadores, Sepultura y Mawiza demostraron que el metal no es solo ruido, sino un lenguaje de resistencia que sana, une y revive.
Nota: Luis Bonilla
Fotos: Mariano Beuses
