REVIEW CONCIERTO | Travis y una noche de himnos, nostalgia y conexión en el Teatro Coliseo
Con un Teatro Coliseo completamente sold out, la banda escocesa Travis ofreció anoche en Santiago uno de esos conciertos que no necesitan grandes artificios para dejar huella. En el marco de su paso por Chile que incluyó presentaciones en tres ciudades del país y su reciente participación como headliner en el Festival REC el grupo liderado por Fran Healy se reencontró con el público capitalino en una velada íntima, emotiva y cargada de canciones que marcaron a toda una generación.

Desde temprano se sintió que no sería una noche cualquiera. El recinto lució repleto, con un ambiente cálido y entusiasta, donde incluso se podía ver a personas sentadas en las escaleras intentando no perderse detalle de una cita que tenía sabor a reencuentro esperado. Y es que Travis no solo vino a tocar canciones: vino a revivir recuerdos.

El recorrido comenzó con “Bus” y “Driftwood”, dos cortes que rápidamente instalaron esa mezcla de melancolía y cercanía tan característica de la banda. Desde ahí, el público se mantuvo completamente involucrado, coreando cada tema como si se tratara de una celebración colectiva. Canciones como “Love Will Come Through”, “Alive” y “Good Feeling” ayudaron a construir una primera parte sólida, donde la emoción se mantuvo en constante ascenso.
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Uno de los grandes méritos del show fue justamente ese equilibrio entre himnos más masivos y momentos de una sensibilidad más introspectiva. “Writing to Reach You”, “Re-Offender”, “Side” y “Closer” fueron recibidas con evidente entusiasmo, confirmando el fuerte vínculo que la banda mantiene con su audiencia chilena. No importaba si se trataba de un clásico radial o de una pieza más contemplativa: la respuesta del público fue total de principio a fin.

Cuando sonaron “Sing” y “Selfish Jean”, la energía del recinto volvió a subir con fuerza, demostrando que Travis conserva intacta esa capacidad de alternar entre lo luminoso y lo melancólico sin perder cohesión. Más adelante, temas como “Indefinitely”, “Turn” y “The Beautiful Occupation” reforzaron el carácter emocional de una presentación que apostó por la conexión genuina antes que por el exceso.
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Ya en el tramo final, la banda encontró uno de sus momentos más entrañables con “Flowers in the Window” y “My Eyes”, antes de llegar al inevitable clímax con “Why Does It Always Rain on Me?”, convertida una vez más en un coro multitudinario que cerró la noche con el Teatro Coliseo completamente entregado.
Lo de Travis en Santiago fue mucho más que un concierto: fue una experiencia profundamente afectiva, donde la nostalgia no se sintió como un ejercicio del pasado, sino como una forma muy viva de comunión entre banda y audiencia. Tras su exitoso paso por Chile, el grupo dejó en claro que sus canciones siguen encontrando eco en nuevas y viejas generaciones por igual.
En tiempos donde muchos shows apuestan por la grandilocuencia, Travis recordó algo esencial: a veces basta con buenas canciones, honestidad sobre el escenario y un público dispuesto a cantar con el corazón.
Nota: Luis Bonilla
Fotos: @Edo_cl
