REVIEW CONCIERTO | Voces eternas, corazones encendidos: Foreigner y Lou Gramm en una noche para la historia

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Hay noches que se graban a fuego en el alma colectiva, y la del pasado 7 de mayo fue una de ellas. Como peregrinos desafiando los elementos –una lluvia inclemente y un frío que calaba los huesos–, los fieles de la vieja escuela, aquellos corazones que laten al ritmo de un rock atemporal, se congregaron bajo la cúpula del Movistar Arena. La promesa era monumental: el regreso de Foreigner, esta vez con la compañía del legendario Lou Gramm, una combinación que anticipaba una velada donde los clásicos se volverían plegarias.

Como preludio, el escenario cobró vida temprana con la alquimia de Furronda Count y The Joseph Band. Un cuarteto talentoso que tejió paisajes de funk y jazz, una caricia melódica que recibía a la multitudinaria ola de devotos, quienes iban ocupando sus lugares, listos para la ceremonia.

Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees

Cuando el reloj marcó las nueve, el aire se electrizó. «Double Vision» rasgó el silencio, y la velada dio comienzo. Con la voz de Luis Maldonado como estandarte, comenzaron a desfilar esos himnos que son tatuajes en la memoria de una generación. Desde sus asientos, cada asistente se convirtió en un coro, un torrente de emoción y sentimiento puro; esa inconfundible vibración que ensancha el pecho y obliga a un cabeceo rítmico, la firma indeleble de Foreigner.

No hubo tregua para el corazón. «Head Games», la balada eterna «Waiting for a Girl Like You» y «Cold as Ice» resonaron con una nitidez impecable. Y aquí, un capítulo aparte merece Luis Maldonado. Quien hasta hace poco empuñaba la guitarra y tejía segundas voces, hoy se erige como el faro vocal, ante las dificultades de Kelly Hansen para surcar los escenarios en esta gira. Maldonado no solo sacó adelante el show; lo hizo con una entrega que erizaba la piel, una interpretación cargada de orgullo, sentimiento y una solvencia que, sin duda, dejó a más de un escéptico sorprendido.

La maestría de Jeff Pilson y Bruce Watson infundía a cada pieza un aura mágica. «That Was Yesterday», «Dirty White Boy» y «Feels Like the First Time» se sucedieron como capítulos de una saga épica, ante una audiencia que pendía de cada nota. Y entonces, «Urgent», ese llamado visceral que, con su ritmo contagioso, arrancó a todos de sus asientos, convirtiendo el Movistar en una marea humana danzante. Luego, un hermoso diálogo entre teclado y batería, nos preparaba, sin saberlo del todo, para la apoteosis.

Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees

Las primeras notas de «Juke Box Hero» comenzaron a tejer la leyenda. Y entonces, en el clímax de su propio himno, emergió él: Lou Gramm. Una ovación cerrada, aplausos y vítores se alzaron para recibir al hombre cuya voz convirtió a Foreigner en el faro del rock melódico. Verlo allí, dueño del escenario, interpretando su canción insignia con el nombre de la banda a sus espaldas, fue un instante de pura conmoción.

«Long, Long Way from Home» sonó y la invitación a ponerse de pie fue un eco respondido al instante. La dupla de Gramm y Maldonado en este punto fue un puente entre generaciones.

Y entonces, la balada de todas las baladas: «I Want to Know What Love Is». Inició con una caricia melódica, Lou Gramm marcando el pulso con un pandero. Maldonado, en un gesto de conexión, nos regaló los primeros versos en un español que encendió al auditorio, para luego ceder a la voz inconfundible de Gramm. La multitud, ya de pie, se fundió en un solo canto, un mar de almas balanceándose al compás de un himno universal. Fue un momento de magia, romance y sentimientos..

Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees

Para sellar una noche de antología, «Hot Blooded» estalló con una energía volcánica. La banda al completo, con Lou Gramm compartiendo la llamarada final, se entregó en cuerpo y alma. El público, de pie una vez más, se unió a la despedida con palmas en alto, un rugido de gratitud y celebración.

No cabe duda, asistir a un concierto de Foreigner o de Lou Gramm por separado es una travesía memorable. Pero presenciarlos juntos es trascender a otra dimensión. Es sentir cómo el corazón se inflama de una emoción pura, una calidez reconfortante que envuelve el espíritu mientras se corean esos estribillos que son la banda sonora de nuestras vidas.

Ojalá que en un futuro sea posible repetir esta epifanía. Que tengamos Foreigner y a su eterno Juke Box Hero para rato, porque hay leyendas que, lejos de apagarse, brillan con más intensidad con el paso del tiempo.

Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees
Fotografía por Benjamín López / @benjamin_voorhees