REVIEW CONCIERTO | Sed de caos y cerveza: Santiago arde bajo el reinado thrash de Tankard

Tankard

Texto: Cesar Troncoso

Fotos: Eduardo Sandoval – @edo_cl

Cae el manto oscuro sobre Santiago y no es una metáfora gratuita: es la antesala de una noche que prometía sudor, lúpulo y destrucción sónica. Domingo 26 de abril. El aire corta la cara, pero adentro todo arde. El punto cero: Kings of Beer Over Latin America 2026. Historia en fermentación, cerveza corriendo como sangre y TRASH METAL —sí, con rabia— como lenguaje universal.

Desde Melipilla, con 25 años de cicatrices en la espalda y una formación que ha mutado tantas veces como sus propios riffs, DISASTER no vino a calentar motores: vino a dinamitar el silencio. Sin adornos, sin discursos innecesarios. Lo suyo fue directo al hueso. Una descarga extrema que convirtió la apertura en una fiesta violenta, donde el moshpit se volvió ley, la cerveza combustible y la complicidad del público un arma cargada.

Cuarenta minutos bastaron para repasar su legado: “Criaturas del Mal” (2006), “Pestilencia” (2012) y “Rituales de Sangre” (2019). No hubo espacio para respirar. “Escalada de Violencia” abrió la mandíbula de la noche de un puñetazo; “Criaturas del Mal” y “Atormentado” cayeron como ráfagas; “Vigilados” y “Motosierra del Infierno” afilaron aún más la escena. El cierre con “Genocidio” y “Trash Metal” dejó una sensación clara: esto recién empezaba, y ya dolía dejarlo atrás.

Con poco más de un centenar de fieles al inicio, la llama prendió rápido. DISASTER no solo cumplió: encendió el motor de una jornada que no iba a mirar atrás.

Y entonces, el ritual mayor.

TANKARD: LOS REYES DE LA CERVEZA EN CHILE.

Resaca asegurada.

Por tercera vez en suelo nacional, los alemanes llegaron con las jarras en alto y el ADN intacto. Lo suyo no es nostalgia: es una misión. Desatar la locura del thrash a punta de himnos alcohólicos y actitud irreductible.

“One Foot in the Grave” (2017) destapó la primera cerveza y el primer rugido colectivo. Sin pausa, “The Morning After” (1988) irrumpió como un clásico inmortal, seguido por “Rapid Fire” (2012), confirmando que la maquinaria sigue aceitada. Hubo espacio para lo nuevo —“Ex-Fluencer” (2022)— pero el corazón del show latía en la conexión brutal con el público. “Need Money for Beer” y “Rectifier” marcaron un primer alto tras 40 minutos de intensidad ininterrumpida. Nadie estaba sobrio. Nadie quería estarlo.

La segunda embestida fue aún más feroz: “Rules for Fools”, “Time Warp”, “Beerbarians” y “Die With a Beer in Your Hand” convirtieron el recinto en un campo de batalla etílico. Moshpits girando sin control, gargantas al límite, cerveza volando.

Sobre el escenario: pura autoridad. Gerre liderando el caos con carisma intacto; Andreas Gutjahr desatado en la guitarra; Frank Thorwarth sólido como un tanque en el bajo; Gerd Lücking pulverizando la batería. Todo respaldado por un sonido demoledor que hizo justicia a cada golpe.

“Octane Warriors” y “A Girl Called Cerveza” mantuvieron la llama en alto, mientras los himnos ochenteros “Chemical Invasion” y “Zombie Attack” fueron coreados como si el tiempo no existiera. Mil almas, un solo grito, sed eterna.

Tankard no vive del pasado: lo arrastra, lo reinventa y lo lanza directo a la cara.

El cierre fue una declaración de principios: “R.I.B.”, “Alien” y “(Empty) Tankard”. Metal, cerveza y legado. Más de 30 años de carrera resumidos en una ejecución impecable, sin fisuras, sin concesiones.

Una noche que dejó huella. Ojeras. Y probablemente, una resaca monumental.

Como debe ser.

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