EVENTOS | Norah Jones: Entre el jazz y el alma
El próximo 4 de junio, el Movistar Arena recibirá a una de las voces más encantadoras y sofisticadas de las últimas décadas: Norah Jones, la artista que redefinió el jazz contemporáneo y cuyo talento ha conquistado al mundo entero.
Nacida como Geethali Norah Shankar Jones el 30 de marzo de 1979 en Nueva York, esta cantante, compositora, pianista, actriz y multinstrumentista ha vendido más de 60 millones de discos y ha ganado nada menos que nueve premios Grammy. Su estilo, que fusiona con elegancia jazz, blues, soul, country y pop, ha sido descrito como íntimo y emocional, con una voz que reconforta como una tarde soleada o una taza de café frente al mar.
Hija del legendario sitarista Ravi Shankar y de la productora de conciertos Sue Jones, Norah creció en Texas, donde comenzó a formarse musicalmente desde muy pequeña. A los siete años ya tomaba clases de piano y saxofón, y más tarde se sumergió en el estudio del jazz en la prestigiosa Booker T. Washington High School for the Performing and Visual Arts, para luego especializarse en teclado de jazz en la Universidad de North Texas.
Entre influencias como Billie Holiday, Ray Charles, Joni Mitchell y Aretha Franklin, y con una sensibilidad heredada del country clásico que escuchaba con su abuela, Norah fue moldeando un estilo único y atemporal. Su álbum debut, “Come Away With Me” (2002), la catapultó a la fama y la consolidó como una de las artistas más importantes del nuevo milenio.
Además de su carrera musical, ha incursionado en el cine, protagonizando la película My Blueberry Nights y realizando cameos en Amor a segunda vista y Ted. Pero es en el escenario donde realmente brilla, con interpretaciones sinceras, minimalistas y profundamente conmovedoras.
Este 4 de junio, los fanáticos chilenos tendrán la oportunidad de vivir esa experiencia en vivo. Será una noche de melodías delicadas, armonías envolventes y una artista que, más que cantar, conversa con el alma.
Una cita imperdible con Norah Jones en el Movistar Arena: porque algunas noches están hechas para dejarse llevar por la música.

