REVIEW CONCIERTO | El trueno que nunca muere: Obús desata una tormenta inmortal de heavy metal
Algunas noches no se cuentan. Se graban a fuego. La del 2 de julio en Sala RBX fue una de esas jornadas en las que el tiempo se detiene, las guitarras rugen y el metal habla más fuerte que cualquier palabra. Fue una noche en la que el corazón de Santiago latió al ritmo de una leyenda: Obús, celebrando 45 años de carrera, vino a recordar por qué el heavy no se rinde. Pero antes, la llama fue encendida por un grupo que demostró que la pasión local no tiene nada que envidiar al legado extranjero: Acero Letal.

Acero Letal: rugiendo contra la adversidad
Los nacionales de Acero Letal abrieron la noche con una entrega total que desbordó energía desde el primer riff. Canciones como “Rayo mortal”, “Duro metal” y “Bestias del sur” sacudieron los cimientos del recinto, mientras el público respondía con puños en alto y vítores sinceros que ya hacían temblar los muros de la Sala RBX.
Pero lo que convirtió su presentación en una verdadera hazaña fue el contexto. Momentos antes del show, la banda reveló una noticia que dejó al público atónito: les habían robado los instrumentos justo antes de llegar al recinto. En lugar de rendirse, los músicos decidieron hacer lo imposible por no cancelar su presentación. Gracias al apoyo de su amigo y compañero de la escena, Guillermo “Memo” Ananías, quien les prestó los equipos e instrumentos necesarios, salieron a escena con más garra que nunca.
Visiblemente emocionados, expresaron su gratitud al público por el respaldo en un momento tan crítico. El show continuó con fuerza con temas como “Legiones” y “Opositor”, canciones de su más reciente álbum, generando gran expectación entre los presentes. La presentación cerró con la poderosa “Por la gloria del metal”, un tema que pareció resumir el espíritu de lucha y entrega de la banda: voces desgarradoras, riffs incesantes y una intensidad que fue creciendo canción tras canción.

El público estaba en un cien por ciento encendido, coreando, levantando los puños, agradeciendo la valentía de estos guerreros del metal que, pese al golpe inesperado, decidieron enfrentar la noche con todo lo que tenían. La conexión entre banda y audiencia fue total.
En palabras del vocalista Antonio: “Gracias al público y a la producción por una noche inolvidable. Un honor abrir la jornada. Gracias a Memo Ananías por prestarnos los equipos e instrumentos. No conocemos otra dirección más que ir hacia adelante. No olvidaremos el gran apoyo que nos han hecho llegar por distintos medios en este momento.”
Una ovación cerró su participación, y no era para menos: Acero Letal rugió con más fuerza que nunca y encendió la chispa perfecta para lo que venía.

Obús: el estruendo de una leyenda viva
Y luego… el rugido de Obús. Una leyenda no necesita presentación, y desde el primer segundo lo dejaron claro. Las luces se apagaron, el público se volvió volcánico, y el escenario se transformó en un campo de batalla eléctrico con los acordes iniciales de “Necesito más”, “La raya”, “El que más” y “Corre mamón”. No hubo espera, ni introducción tibia. Fue una detonación directa al alma, al pecho, al corazón metálico de todos los presentes.
El recinto se convirtió en un hervidero: cerveza en el aire, poleras agitadas, gritos desaforados y el calor de un público que había esperado años —décadas para algunos— por este encuentro. Fue una entrada sin concesiones, una ráfaga de clásicos que encendió el fuego de la nostalgia y de la devoción.
El clímax emocional llegó con “Te visitará la muerte”, himno infaltable que convirtió al público en un solo coro, cantando a todo pulmón, unidos en un solo latido metálico. Los que crecieron con Obús lo cantaban con lágrimas y puño en alto; los más jóvenes, con una energía que parecía no conocer límites. Fue el tipo de momento que justifica toda una vida de amor por la música.

Pero Obús no vino solo a complacer; vino a sacudir conciencias y encender rebeliones. Fortu, con su carisma inagotable, lo dejó claro al mostrar el dedo medio a todo el público antes de iniciar “Que te jodan”, y la respuesta fue inmediata: una marea de manos alzadas, todos mostrando el mismo gesto en una ceremonia de liberación, ironía y poder. Una comunión perfecta entre banda y audiencia, entre escenario y piso.
Y entonces ocurrió algo que marcó la noche: mientras sonaba “Pesadilla nuclear”, Fortu caminó hacia el borde del escenario, miró al público, les dio la espalda y se lanzó hacia atrás, dejándose caer con confianza sobre una ola de manos listas para sostenerlo. El crowd surfing fue breve, pero icónico. En un espacio como el de Sala RBX, limitado en tamaño pero no en intensidad, ese salto fue un acto de entrega absoluta. Fortu volvió al escenario, se subió al bombo de la batería como un general sobre su trono de guerra, y desde ahí, se alzaron los acordes de “Juego sucio”.


La tormenta siguió con “Dinero, dinero” y “Va a estallar el Obús”, manteniendo la temperatura en su punto máximo. En medio de ese frenesí, la banda se tomó un momento para presentar a sus integrantes, cada uno ovacionado como un verdadero guerrero del escenario. Fue entonces cuando Fernando, el bajista, rindió un homenaje a uno de los íconos eternos del rock: Lemmy Kilmister, tocando unos acordes que desataron aún más aplausos, vítores y cabeceos.
Para cerrar la noche, no podía ser otra: “Vamos muy bien”. Un título que no solo refleja el espíritu del tema, sino también el sentimiento compartido de todos los presentes. Nadie quería que terminara.
Obús no solo cumplió: arrasó con todo a su paso, dejando claro que su legado no es un recuerdo, sino una fuerza viva. Una banda que no envejece, sino que se alimenta del metal para reinventarse noche tras noche. Una banda que deja el alma y el cuerpo en cada show, con una pasión que se contagia, que arde, que quema.


Un legado que no se apaga
Lo vivido esa noche fue más que un concierto. Fue un ritual, un reencuentro con el poder de la música en su estado más crudo y auténtico. Obús y Acero Letal demostraron que el heavy metal no es un estilo… es una manera de mirar el mundo, una bandera que se alza incluso cuando el destino golpea sin piedad.
Y si algo quedó claro, es que mientras haya escenario, sudor y pasión… el trueno de Obús seguirá resonando en los corazones de todos los que creen en el poder del metal. Una noche inmortal, que cada uno de los fanáticos se llevará consigo para siempre.
Deseamos que haya Obús para mucho tiempo más.

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