REVIEW CONCIERTO | Motorama en Chile: La Niebla Hipnótica que Abrazó el Calor de Santiago
Reseña: Kevin Fuentealba Mol
Fotos: Exequiel Pérez
Motorama volvió a Chile tras su excelente concierto el año pasado, esta vez con una nueva gira. Sin muchas novedades musicales, pero con un set variado y distinto, convocó a un público multitudinario que repletó la sala principal del Club Blondie.

Sorpresa en la Formación y la Dualidad Frío/Calor
El ingreso fugaz de Motorama desató la completa locura en aplausos y gritos en el público, provocando miradas cómplices de sorpresa entre Irene Parshina y Michail Nikylin. Vladislav Parshin, por su parte, ubicó su teléfono en un rincón del escenario para grabar el concierto. Ya con todos los preparativos listos, se desató la explosión oscura con «This Night».
Con «And Yes» (y Vlad golpeando los platillos enérgicamente) y «Caerus» (su última canción, debutando en nuestro país), Motorama dio pie a un show cargado de canciones emblemáticas que pasaban como un reloj. A diferencia de su última visita en febrero de 2024, Irene dejó su icónico rol en el bajo para centrarse en tocar los punteos de la guitarra principal. Era una responsabilidad grandísima, considerando que es lo más característico de las canciones de Motorama, pero la asumió de manera excelente y precisa. Canciones como «Rose in the Vase», «No More Time» y «Sailor’s Song» adquirieron mucho protagonismo tanto por la técnica de Irene como por la recepción del público.

Las primeras palabras de la banda (un frío “Thank You” de Iván) vinieron antes de tocar «Two Sunny Days», la décima canción de este concierto. Y es que el lenguaje de esta banda es así: pocas o nulas palabras y todo expresado en la música. No es arrogancia en sí, sino que ese es su idioma y forma de llevar los conciertos. Con el tiempo, la banda ha desarrollado una especie de frialdad que es parte de su atmósfera, una que, paradójicamente, contrasta con el calor entregado por el público nacional. No necesitan parafernalia ni cosas grandes; su sola presencia y un par de luces minimalistas hacen que el recinto quede completamente hipnotizado al ritmo de la música.

El Show Debe Continuar
El desarrollo del concierto presentó varios percances, como una falsa entrada antes de tocar «Corona», donde a Vlad le tomó un momento sumarse al tempo de la batería. El percance mayor del show fue que al inicio de «Wind in Her Hair», mientras tocaba la intro, se cortaron dos cuerdas de la guitarra de Vlad. En vez de detener todo, se limitó a cambiar las cuerdas mientras la canción seguía. El músico cantaba mientras hacía el cambio y la canción no se detuvo. Como dirían los grandes rockstars: “el show debe continuar”.

Esto, lejos de ser algo negativo, fue una muestra de responsabilidad y compromiso de los músicos, quienes no arruinaron la experiencia. Y es que esto es lo bello de estos shows: cómo estos pequeños detalles, que a muchos fastidian, en este caso unieron a la banda con el público. El apoyo y las muestras de cariño de la gente tras todo esto fueron fenomenales, realizando cánticos y generando sonrisas en los músicos. Ya con todo de vuelta a la normalidad, la banda retomó la euforia tocando «Alps».

El set se compuso de grandes canciones como «Heavy Wave», «Empty Bed» y «To The South». Punto aparte es el trabajo que realizó Vladislav Parshin como frontman: en ocasiones muy enérgico y errante, en otras, solo un narrador distante y deliberadamente desapasionado. Vlad es alguien de pocas palabras y mucho sentimiento, como una capa más de la niebla que cubrió Blondie. En «Lottery» nuevamente jugó con los platillos de manera desenfrenada, rompiendo incluso las baquetas utilizadas y golpeando los platillos con su micrófono. También tomó protagonismo en «Anchor» y «One Moment».

La capa de niebla hipnotizante
La banda presentó un show completo, sin pausas e hipnótico, con un cierre con broche de oro. «Ghost» provocó cantos y saltos en el público y «Eyes» generó un mosh en la cancha. La banda se despidió del público nacional entre aplausos y agradecimientos mutuos.
Motorama presentó un show completo en Blondie, con 27 canciones tocadas sin pausa y una claridad y precisión impresionantes sobre ellas. Un concierto atmosférico, como una capa de niebla hipnotizante que envolvió el recinto por más de una hora y media. Sin palabras ni adornos, solo el ritmo de sus canciones; y es que son músicos que no hablan con palabras sino a través de la música. Las imperfecciones del concierto fueron parte de este show y lo hicieron completamente natural y más íntimo, potenciando la cercanía de la banda con su público. Chile, una vez más, muestra que es casa de Motorama, y el calor del público contrastando con la frialdad de la banda mostró una comunión completa y perfecta.

