REVIEW CONCIERTO | RÜFÜS DU SOL: Luces, vibraciones y un viaje sensorial irrepetible
RÜFÜS DU SOL regresó a Chile después de su exitoso paso por Lollapalooza en marzo del año anterior. Esta vez el concepto fue más amplio: su primera presentación en solitario en nuestro país, ante un Movistar Arena completamente agotado, presentando su último álbum «Inhale / Exhale» y sus grandes éxitos en un set de larga duración.
La jornada estuvo precedida por el dúo canadiense Bob Moses y el artista nacional Morell.

El inicio del show: Sin pausas y a pura efervescencia
Cerca de las 21:30 hrs. y al ritmo del beat de «Inhale», la banda hizo su entrada triunfal con una cámara siguiendo sus pasos a medida que subían a la tarima. Los aplausos efervescentes y ensordecedores se combinaron con las hipnotizantes pantallas y flashes blancos. El arranque estuvo marcado por «Brighter», sumando canciones de su último trabajo como «Lately» y «Breathe», e intercalando éxitos como «You Were Right» y «On My Knees». Así, el conjunto australiano presentó lo que sería la constante de este show: sin pausas, pocos tiempos de respiro, baile constante y efervescencia a full.

La arquitectura visual del show
«¡Santiago! ¿Cómo se sienten? Gracias por estar de vuelta aquí», fueron las primeras palabras del grupo tras largos minutos de música, a cargo de Jon George, tecladista de RÜFÜS DU SOL. En sí, el espectáculo no necesitó de grandes discursos, ya que el protagonista absoluto fue el escenario y su iluminación. El montaje destacó por una plataforma que elevaba a los tres músicos y sus luminosas mesas, permitiendo que fueran vistos desde todos los ángulos; un detalle escénico que recuerda un poco a lo que hace Kraftwerk en sus conciertos.
Lo más llamativo de todo fueron los flashes de fondo, encendiéndose en múltiples colores y transformando el telón en miles de formas y patrones distintos, destacando el blanco enceguecedor por su impacto. Una pantalla trasera entregaba matices cromáticos de manera ocasional, resaltando las luces que se formaban debajo de la plataforma. Esta mezcla de elementos visuales entregó pasajes de mucha euforia y, al mismo tiempo, transformó la atmósfera en momentos profundamente introspectivos.

Intimidad en formato Arena
Otro elemento distintivo de la noche fue el uso de las cámaras. Además de las tradicionales en la barricada, implementaron un camarógrafo que siguió a los integrantes constantemente sobre el escenario. Esto acercó a los músicos al público, mostrando el concierto de una manera casi íntima —una técnica visual ya vista en giras como la última de Bad Bunny o el show de Parcels en Lollapalooza—, otorgándole un plus inmersivo y muy llamativo a la presentación.

El sonido impecable se complementó perfectamente con un setlist contundente. Fue un repaso por lo mejor de su repertorio, con pasajes electrizantes como «Fire» y «Eyes», así como momentos más atmosféricos con «Underwater» y «Alive». Fiel a lo que venían prometiendo, no fue solo un DJ set: la banda se presentó tocando instrumentos en vivo con la dinámica de una banda de rock, haciendo vibrar el alma del público desde el interior.
Las intervenciones habladas fueron precisas. Además de Jon George, el baterista James Hunt tomó el micrófono: «Muchas gracias Santiago. Los amamos, estamos felices de volver a estar aquí». Quien tuvo más palabras fue el vocalista y multiinstrumentista Tyrone Lindqvist: «Se siente bien estar de vuelta en este hermoso país. Los amamos, Chile. Gracias por este hermoso show después de nuestro paso por Lollapalooza». El clímax definitivo llegó con la esperadísima «Innerbloom»; la odisea de casi 10 minutos, vibrante y reflexiva como una obra progresiva, elevó el concierto a su punto más alto antes de tomar una breve pausa.

Un cierre impactante
El final vino cargado de energía. Ya con un Tyrone mucho más desenvuelto, bajando constantemente de la plataforma, la banda cerró un brillante bloque final con «Break My Love» y «No Place». El último suspiro llegó de la mano de «Music is Better», momento en el que el vocalista bajó a la barricada para cantar recibiendo de lleno la cercanía y calidez del público nacional. El sonido espacial y una lluvia de papel picado marcaron el cierre de un repertorio lleno de himnos, con la banda abandonando el escenario mientras firmaban autógrafos y daban la mano a los asistentes de las primeras filas.
RÜFÜS DU SOL entregó un show único y distintivo. Sin la necesidad de discursos extensos, el trío envolvió al Movistar Arena en una atmósfera hipnótica y vibrante por cerca de dos horas continuas. El repaso por su trayectoria regaló pasajes eufóricos y otros mucho más reflexivos, siempre acompañados por luces enceguecedoras que fueron las otras grandes protagonistas de la jornada. El desplante milimétrico de los tres músicos demostró que su propuesta está muy por encima de presionar ‘play‘: fue un viaje sensorial, emocionante e irrepetible que dejó el recinto lleno de sensaciones positivas.

