REVIEW CONCIERTO | Smith/Kotzen en Chile: virtuosismo, legado y una noche dominada por la sangre Maiden
La visita de Smith/Kotzen a Chile no fue simplemente un concierto más dentro del circuito rockero local. Fue, más bien, una cita cargada de historia, técnica y una devoción evidente por parte del público, que desde temprano dejó claro cuál sería el tono de la noche.
Desde las primeras horas del día, fanáticos en su mayoría fieles seguidores de Iron Maiden llegaron al recinto incluso desde las 6 AM para asegurar un lugar en la barrera. Una postal clásica del mundo Maiden que, inevitablemente, tiñó el ambiente de expectativa y mística.

La jornada comenzó con el regreso de Fahrenheit, quienes, tras un período de silencio, volvieron a los escenarios con nueva música bajo el brazo. Su set navegó entre clásicos y material reciente, destacando especialmente el momento en que interpretaron “Love Lovin’ You”, canción que no sonaba en Chile desde hace más de dos décadas y que además marcó un reencuentro simbólico con el propio Richie Kotzen. Fue, sin duda, uno de los puntos más emotivos de su presentación.

Ya con el plato fuerte en escena, Smith/Kotzen desplegó un show donde la técnica nunca estuvo reñida con la emoción. El recorrido por su setlist no solo confirmó la solidez de su proyecto conjunto, sino también la capacidad de ambos músicos para construir una identidad propia más allá de sus respectivas trayectorias.

Desde el arranque con “Life Unchained”, quedó claro que la dupla venía a imponer intensidad desde el primer minuto, con un sonido compacto y una química evidente sobre el escenario. Temas como “Black Light” y “Wraith” reforzaron ese enfoque más pesado y moderno, mientras que “Glory Road” y “Hate and Love” aportaron matices más melódicos, mostrando el equilibrio que caracteriza su propuesta.

Uno de los puntos más interesantes del show fue cómo ambos guitarristas se repartieron protagonismo de manera natural. Adrian Smith, con su estilo más clásico y estructurado, contrastó perfectamente con la versatilidad y el groove de Richie Kotzen, especialmente en temas como “Blindsided” y “Taking My Chances”, donde los juegos de guitarras y voces elevaron la dinámica del concierto.

La intensidad se mantuvo con cortes como “Outlaw”, “Darkside” y “White Noise”, que fueron recibidos con entusiasmo por un público que, si bien tenía una fuerte raíz “maideniana”, supo enganchar con el material propio del dúo. En ese sentido, canciones como “Scars” y “Running” terminaron de consolidar la conexión entre banda y audiencia.

La banda de apoyo también tuvo momentos para destacar: Julia Lage no solo sostuvo la base rítmica con precisión, sino que además asumió un rol activo sobre el escenario, manejando tiempos y aportando una cuota importante de energía. En la batería, Bruno Valverde reafirmó por qué es considerado uno de los talentos más prometedores de Brasil, con una ejecución potente y precisa durante toda la noche.

El tramo final del show fue especialmente efectivo: “Solar Fire” y “You Can’t Save Me” esta última proveniente del repertorio solista de Kotzen aportaron un cierre cargado de energía y virtuosismo, preparando el terreno para el momento más esperado de la noche.
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Y es que cuando sonaron los primeros acordes de “Wasted Years”, clásico de Iron Maiden, el recinto simplemente explotó. Lo que siguió fue un coro masivo, visceral, donde prácticamente no hubo una sola voz en silencio. Un cierre que no solo apeló a la nostalgia, sino que reafirmó el vínculo emocional entre el público chileno y el legado de Adrian Smith, sellando una noche que, más allá del virtuosismo, estuvo marcada por la conexión genuina con la audiencia.
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Nota: Luis Bonilla
Fotos: Mariano Beuses
