CD REVIEW | “DESEO, CARNE Y VOLUNTAD”: La complexión de nuestra idiosincrasia como acto religioso

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Por: Catalina Caniumir Ortiz


En lo que se siente como un viaje Litúrgico en medio de una peregrinación musical, la banda nacional Candelabro lanza su más reciente trabajo, el disco “Deseo, carne y voluntad”, que se compagina entre el discurso religioso latinoamericano, el cual tenemos muy inyectado desde el inconsciente colectivo, y lo que se gesta con el paso de los años a partir de allí.

Nos encontramos con una yuxtaposición entre lo conocido y lo desconocido, aquello que está por suceder, por resurgir de las cenizas y lo nuevo que puede brotar. Esa es una de las grandes proezas de este álbum conceptual, que se deja alimentar por referentes musicales actuales del under chileno tales como “Tenemos Explosivos”, o sus pares “Hesse Kassel”, como también energías ya clásicas arraigadas en nuestra matriz, con pasajes complejos de un jazz experimental que resuena con las reflexiones y el sentimentalismo de Spinetta, para luego dar saltos atemporales a un Ska que no existe porque sí, tenemos en “Pecado” la parafernalia y el grito desgarrador de dicho entre líneas ahora explosionando, combinado con sutiles estímulos sonoros que resuenan con lo más potente de Los Jaivas.

Candelabro lanza su segundo álbum “Deseo, Carne y Voluntad”

Y es que nos dejamos unificar por un todo que nos ha acompañado los últimos 40 años, donde no podemos esconder el efecto que ha tenido la religión en nuestro discurso colectivo y nuestros temores personales. Nuestra historia yace enmarcada en hipocresía y contradicciones constantes, ser el país subdesarrollado con mejor proyección dentro de Latinoamérica y ser al mismo tiempo los mismos que se subestiman y prefieren que el –afuera- le proceda, le alimente y le domine. Sin embargo, nos asustamos con lo que proviene del más allá, si nos salimos de cierto marco, nos torturamos con la culpa, algo que se aborda de forma continua a lo largo de los 14 temas que contiene el disco.

Esta liturgia sonora, cargada de matices entre el despertar juvenil que no fue, o que ocurrió, pero no se consolidó y que expira antes de verdaderamente emerger, sentenciándose al silencio como acto de real rebeldía, post estallido, hay mucho que decir y poco que gritar, y ese es el escenario actual.

Y, en medio de aquel debate se enmarca el surgimiento de una nueva Ola del rock nacional, con bandas que agarran el Art rock como lengua madre para esta nueva sonoridad, con unos últimos años vertiginosos y confusos, polarizado, pero globalizado y repleto de subtextos con miradas únicas y puntos de vista completamente individualizados, decidiendo lo que se ve y lo que se preferirá ocultar de la vista, lo que por consiguiente nos pone en retrospectiva: ¿Qué es la comunidad?, ¿cuál es el cuidado de la mente, cuerpo y alma, ¿existe “el camino de la redención del Espíritu”? Con el proceder del fracaso, nos replanteamos la vida, con aquellos momentos donde nos remecemos y poco de crecimiento espiritual se termina por sentir, siendo una respuesta válida, creer en el adentro y continuar la vida como si nada, inmóvil, inquieto pero castúo, irreverente pero respetuoso, y quién sabe, quizás ahí se halla la verdadera fórmula del ser contestatario en esta época y consagrar un propósito, quizás el existir diario sea el mismísimo fracaso o quizás ahí está el secreto del “exitismo”, como un viaje de sacrificio que da vuelta la rueda del juego.

Candelabro explica tema por tema "Deseo, Carne y Voluntad"

Del mismo modo, tenemos un motivo constante a lo largo del disco en el que se encasillan casi todos los temas, un devenir, una caída u muerte, y un resurgir, algo que finalmente nos pareciera decir, “por algo estamos aquí de todos modos, no soltar para que el tedio de respirar se vuelva más que solo peso, pesar por la realidad que no se puede ocultar más, sino que fuerza vital para ser razón de acompañarnos, de ser comunidad y ser voz”, y ahí es cuando el segundo aliento siempre eclosiona en el transcurso de las canciones. Siendo consciencia de la muerte y el nacimiento.

Por último, divagando entre texturas sonoras del Indie folk clásicas de la escena chilena, que no solo buscan refrescar y abrazar lo conocido, Candelabro despierta al más audaz oído con lo que termina siendo el tratado final del disco, el cual es una total complexión de nuestra idiosincrasia de una forma solemnemente religiosa.