CD REVIEW | Private Music: La reafirmación de la autenticidad de Deftones se consagra en su décimo álbum de estudio

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Por: Catalina Caniumir


Compuesto y grabado durante dos años y medio en Nashville, Joshua Tree y el estudio Shangri-La del multifacético Rick Rubin en Malibú, esta producción reúne al guitarrista Stephen Carpenter, el baterista Abe Cunningham y el tecladista Frank Delgado quienes volvieron a colaborar con el productor Nick Raskulinecz, mismo sujeto encargado de dar vida al tan aclamado «Diamond Eyes»(2010) y «Koi No Yokan» (2012). Este dato no pasa desapercibido en los 42 minutos de duración de esta producción, puesto que si ponemos en una balanza y analizamos uno por uno cada uno de los 11 tracks presentes en el discos, podemos distinguir una clara tendencia hacia estos 2 discos predecesores.

DEFTONES - 'Private Music' - RockZone

Arrancamos este viaje el cual clasificaría como brutalmente etéreo, y a la vez, íntimo y contenido -como lo describe Chino Moreno en entrevistas recientes- con «My Mind is a Mountain» dejando a ver riffs profundos y un juego clásico de shoegaze con voces que transitan entre la distorsión y lo melódico. Estas texturas resuenan con nostalgia en los oídos de los fanáticxs al acercarse al sonido del «White Pony» (2000), al asimilarse energéticamente con «Feiteceira» y «Change» (la cual fue, de hecho la gestora del single) y su más reciente trabajo previo el disco «Ohms» (2020). Posteriormente, tenemos «Locket Club», la cual también se deja guiar sonoramente por el «White Pony».

«Ecdysis» se presenta como una pausa, algo más personal del «Private Music», con texturas y vestigios de toda la discografía y al mismo tiempo con una marca y personalidad propia. Es complemente parte de la identidad del disco, contenido e íntimo.

«Infinite Source» abre paso a la mimetización «Koi no Yokan» (2012), con un sonido espacial, brutal, emotivo y envolvente, similar a lo que se experimenta al escuchar «Rosemary»; «Souvenir» también se deja cautivar por estas texturas, siguiendo la misma línea contemplativa, pero esta vez invitando también al homónimo «Deftones» (2003) a formar parte de la fusión, acercando su sonido a la popular «Minerva», y/o «Deathblow».

Un momento de contraste ante esta inmersión etérea lo provoca «cXz», transportándonos a lo más intenso del «Diamond Eyes» (2010) y lo más puro y expuesto del «Around the fur» (1997), con una fuerza que puja sin pedir permiso, distorsionando la realidad con la efusividad que caracteriza los inicios de la banda.

Un momento del «Saturday Night Wrist» (2006) se deja ver en cuanto «I Think About You All the Time» comienza a sonar, presentando otro quiebre más en la fluctuación del «Prívate Music». Este track se entrega con una vulnerabilidad galáctica y emotiva, unos tintes similares a lo que se experimenta al escuchar «Cherry Waves Acoustic». Un viaje hacia lo más íntimo del disco y lo innegable de lo mundano, pues siempre existirá ese “alguien en quien no podemos dejar de pensar” en nuestras vidas en algún instante.

Luego tenemos al ya consolidado favorito del disco, «Milk of the Madonna» rompe este momento de intimidad emotiva para continuar en la travesía del «Koi no Yokan», con una muestra de brutalidad, estímulo y energía pujante de principio a fin. La fuerza del track es un loop que llama a su repetición y a transformarse en un Hit. Y siguiendo en la línea de los golpes de fuerza y adrenalina le prosigue «Cut Hands» con un clarísimo guiño a sus primeros discos, la primera era Deftones, que desde aquellos tiempos ya se dejaba ver con etiqueta propia, desmarcándose de lo conocido, integrando algo más progresivo, etéreo e igualmente efervescente, para transformarse en los grandes exponentes del Metal Alternativo.

Le continúa «~Metal Dream» que pareciera ser la parte 2 o final del «Cut Hands», al ser más etéreo pero con espíritu cercano al Nu metal, claro, sin ser en ningún momento aquello.

«Departing The Body» toma las riendas del final del viaje, encargándose de dar cierre al mismo. Con un interesante juego vocal más grave por parte de Chino Moreno, el track se deja llevar por la elasticidad de la banda para jugar con las texturas envolventes, recordándonos una vez más que esa es la gran marca registrada de la banda. Una cercanía al «Diamond Eyes», y al mismo tiempo un manifiesto por parte de Deftones por recordarnos que no existe disco malo en su discografía, que este nuevo trabajo puede ser todos los anteriores y al mismo tiempo valerse por sí mismo al profundizar en la pulcrosidad, en seguir desafiándose en la creación de paisajes sonoros y hacer énfasis en la existencia de una fórmula con una identidad propia.