COLUMNA | King Crimson hipnotizó al Movistar Arena

La llegada de King Crimson a nuestro país era algo que ya casi parecía imposible, sin embargo y contra todo pronóstico finalmente pisaron suelo nacional.Es seguro que estas dos fechas quedarán grabadas en la memoria de aquellos que fuimos testigos de unas de las presentaciones más abrumadoras que se han visto en nuestro país.

Desde el anuncio de aquellas 2 fechas, las expectativas no habían hecho más que crecer a gran velocidad. Habíamos oído que la experiencia de King Crimson en vivo era algo que no podía ser expresado de manera exacta, puesto que era algo que debía ser vivido.

Lo más cercano que estuvieron de nuestro país fue en el 94’, donde visitaron Argentina en una serie de conciertos promocionando su álbum «THRAK»; desde aquella visita vimos cómo se separaban, se re-estructuraban y realizaban giras por otros lados del mundo y también vimos como nunca volvieron a este lado del globo; por lo que estas dos 2 fechas se convirtieron en uno de los eventos más anticipados en nuestro país.

Fotografia Cortesia de Tony Levin
Fotografia Cortesia de Tony Levin

Las entradas para la primera fecha se vendieron fugazmente para sorpresa de nadie y por un instante pensé que no podría verlos, sin embargo y en un intento por que todos pudieran disfrutar de esta maquinaria llamada King Crimson, se logró concretar un segundo concierto, a la que afortunadamente logré asistir.

Recuerdo haberlos conocido cuando tenía 18 años con el fundamental “In The Court Of The Crimson King” disco con el cual descubriría todo un género para explorar. Tiempo después me volaron la cabeza con “Discipline” y su polirritmia, y de paso me hicieron apreciar de una forma totalmente fresca el “new-wave” de los 80’s. Para finalmente dar un último pero implacable golpe a mi cerebro con los industriales “THRAK” y “The Power To Believe”.

King Crimson es de esas bandas que cada vez que te adentras en su vasta y compleja discografía, siempre terminas descubriendo algo nuevo. Todas sus composiciones están llenas de pequeños detalles que no siempre se revelan al primer contacto. Y durante toda la carrera de este magno proyecto, estuvieron mutando su sonido.

Cuando Robert Fripp anuncio el line-up de músicos que lo acompañarían en este tour de celebración de sus 50 años como banda surgió de inmediato la pregunta de ¿Dónde está Belew? Desde los 80’s que este guitarrista era miembro clave para el sonido y desarrollo de la banda, y no tenerlo dentro de un tour de conmemoración era algo raro y poco comprensible.

Fotografia Cortesia de Tony Levin

Sin embargo una vez que la gira comenzó todas mis dudas fueron despejadas. Y es que el setlist que presentaron a lo largo de todo el tour se enfocó en su mayoría desde 1979 a 1980, etapa en la que Belew aún no formaba parte del proyecto.

Otro de los puntos más llamativos del line-up es la inclusión de 3 bateristas, quienes en vivo logran demostrar toda su destreza, sobre todo en las instrumentales incluidas en el compilatorio “Radical Action To Unseat The Hold Of Monkey Mind” donde estos son el eje central de las pistas.

Eran las 19:00 horas y sin ningún minuto de retraso la banda hacia acto de presencia en su segunda fecha en nuestro país. Comenzaban a pasar uno a uno al escenario hasta completar la maquinaria que consistía en Mel Collins en instrumentos de viento, el gran Tony Levin en bajo y chapman stick, el trio conformado por Pat Mastelotto, Gavin Harrison y Jeremy Stacy en percusión, Jakko Jakszyk en voz y guitarras, y finalmente Rober Fripp en guitarra y mellotrón.

En 3 horas condensaron gran parte de su discografía más clásica. Temas como “Cirkus”, “Red” y la icónica “Starless” hicieron vibrar a todos los presentes que en todo momento se mostraron respetuosos con la exigencia de no fotografiar o grabar a la banda. Fue increíble ver como cada uno de los asistentes estaban totalmente sumergidos en la experiencia de King Crimson en vivo. Logre divisar a más de uno con la boca abierta ante tal bestialidad de músicos que ejecutaron cada una de las pistas de forma prístina.

Fotografia Cortesia de Tony Levin

Canciones como “Epitaph” o “Moonchild”, de su celebrado álbum debut, que dicho sea de paso, cumplió 50 años el mismo mes de este concierto; lograron emocionar a más de uno. De hecho he de reconocer que no he podido evitar soltar un par de lágrimas con la bellísima interpretación de “Islands”.

Por otro lado las frenéticas “Level Five”, “Indiscipline”, y “21st Century Schizoid Man” pusieron a todo el mundo a mover sus cuerpos en sus asientos, y este último tema encargado de cerrar la noche con broche de oro logró que más de uno haya perdido los estribos y haya entrado en la euforia que la misma canción induce.

Sin embargo y de forma bien inesperada, las canciones que más me sorprendieron fueron las olvidadas “Construktion Of Light” y “Elektrik”, ambas pertenecientes a los algo olvidados “Construktion of Light” y “Power to Believe” respectivamente y la catatónica “Frame by Frame”. Canciones que de alguna manera lograron despertar en mí cierto sentimiento agridulce de no poder ver a Adrian Belew junto a la banda.

El concierto llegaba a su fin con más de 2 horas y media de música de primer nivel, ejecutada por músicos que en ningún momento se vieron fuera de conexión. King Crimson, tal como lo dije en alguna ocasión, son una maquinaria muy bien aceitada y que en su paso por Chile no dejó a nadie indiferente.

Pudimos presenciar un concierto que se perfila entre los más imponentes de la década, no por pomposidad, sino por la maestría de sus músicos quienes dieron cátedra de como rendir culto a una de las leyendas más grandes de la música. La corte del rey carmesí entró en sesión y dejo a cada uno de los asistentes conformes y con ganas de que algún día se vuelvan a presentar.

El pequeño souvenir de una jornada histórica

Camino al bus que me trae de regreso a mi ciudad logro ver distintos grupos de personas de distintas edades, con poleras de la banda, de forma sigilosa me acerco para oír sus diferentes opiniones. Solo oigo elogios y junto con eso, la esperanza de que algún día vuelvan y ojalá ese regreso sea con Belew.

Por: Fernando Venegas

 

 

 

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