REVIEW CONCIERTO | Deftones lidera el potente Día 1 de Lollapalooza Chile 2026 en el regreso al Parque O’Higgins

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El regreso de Lollapalooza Chile a su histórica casa en el Parque O’Higgins marcó el inicio de una nueva etapa para el festival, recuperando esa esencia más cercana y dinámica que muchos asistentes extrañaban. Con los escenarios ubicados a distancias mucho más cortas entre sí, moverse de un escenario a otro resultó ágil y cómodo, permitiendo disfrutar de una mayor cantidad de shows sin perderse en largas caminatas. Todo esto bajo un calor implacable que acompañó gran parte de la jornada inaugural, pero que fue mitigado gracias a los múltiples puntos de hidratación distribuidos a lo largo del parque, un detalle muy valorado por el público que desde temprano comenzó a llenar el recinto para vivir el primer día de música. Entre reencuentros, nuevos sonidos y una energía colectiva que ya es marca registrada del evento, el festival volvió a demostrar por qué sigue siendo uno de los encuentros musicales más importantes de la región.

El arranque del primer día de Lollapalooza Chile 2026 tuvo un golpe directo de nostalgia y potencia con el debut de Dracma en el Banco de Chile Stage. Bajo un sol implacable de inicio de tarde, la histórica banda chilena de nu metal entregó una presentación sólida que transportó a muchos a los años dorados del género en el país. El show abrió con «Verte Morir», encendiendo de inmediato a los asistentes que resistían el calor para presenciar el regreso del grupo liderado por Felo Foncea, acompañado por la potente batería de Cote Foncea, cuyo despliegue técnico y visceral se convirtió en uno de los puntos altos de la presentación. A lo largo del set desfilaron canciones de su recordado álbum debut de 1999 como «Todo lo que puedo hacer» y «Como un animal», además de la potente «Chilenada», celebrada incluso por un público joven que descubría por primera vez el sonido crudo de la banda. El cierre llegó con el clásico Hijo de puta, tema que en su momento tuvo rotación internacional en MTV y que volvió a sonar con la misma fuerza de antaño, recordando por qué Dracma sigue siendo un referente indispensable del metal alternativo chileno.

ph: @estricolor editor: @j_cmaturana

A las seis de la tarde, el Alternative Stage comenzó a vivir uno de los momentos más electrizantes de la jornada con el esperado debut en Chile de Viagra Boys. El colectivo proveniente de Estocolmo, encabezado por Sebastian Murphy, finalmente saldó una larga espera tras varios intentos fallidos de presentarse en el país, y lo hizo con un guiño inmediato al público local al subir al escenario vistiendo camisetas del histórico Club Deportivo Palestino. Desde los primeros compases quedó claro que el show se movería en una intensidad constante: líneas de bajo hipnóticas, la presencia incisiva del saxofón y ese inconfundible pulso post-punk que define a la banda. Canciones como «Sports», «Just Like You» y «Girls & Boys» fueron levantando la energía de la explanada, empujando a un público mayoritariamente joven que respondió con entusiasmo. El momento más caótico llegó cuando Murphy y el tecladista Elias Jungqvist decidieron lanzarse al público, desatando el primer gran mosh de la tarde y sellando un debut que mezcló irreverencia, intensidad y conexión inmediata con la audiencia.

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A las siete de la tarde fue el turno de Interpol en el Banco de Chile Stage, quienes asumieron la tarea de conducir la jornada hacia los grandes cierres de la noche. Con algunos minutos de retraso y un viento que comenzaba a sentirse entre el público, el conjunto neoyorquino liderado por Paul Banks ofreció un concierto elegante y preciso, fiel a su característico sonido oscuro y atmosférico. La apertura con All the Rage Back Home marcó el tono de un set que rápidamente conectó con los fanáticos gracias a clásicos como «Obstacle 1″ y «Evil», piezas fundamentales de discos clave como «Turn on the Bright Lights» y «Antics». A pesar de la ausencia del baterista Sam Fogarino, quien debió restarse por motivos de salud y fue reemplazado por Urian Hackney, la banda mantuvo su habitual solidez sobre el escenario. Sin excesos ni estridencias, Interpol entregó un show pulcro y efectivo que cumplió perfectamente su misión: sostener la tensión del público antes de los momentos más esperados de la jornada

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A las nueve de la noche, el Banco de Chile Stage vivió uno de los momentos más intensos de la jornada con la aparición de Deftones, quienes regresaban a Chile tras ocho años de ausencia y volvían además al Lollapalooza Chile por primera vez desde su recordada participación en la edición inaugural de 2011. El show arrancó con «Be Quiet and Drive (Far Away)», desatando de inmediato la euforia de un Parque O’Higgins que demostró nuevamente por qué es uno de los espacios más icónicos para la música en vivo en la región. Con un repertorio que combinó clásicos imprescindibles con material de Private Music (2025), la banda liderada por Chino Moreno logró congregar a una multitud marcada por poleras y símbolos de culto del grupo, reflejo de la fuerte devoción que despiertan en el público local.

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Conforme avanzaba el concierto, la conexión con los fanáticos se hizo cada vez más evidente: el tradicional cántico dedicado a la banda comenzó a escucharse desde la explanada mientras Moreno recorría el escenario con la intensidad que caracteriza sus presentaciones. Momentos como «Sextape» invitaron a levantar los teléfonos para registrar la atmósfera del momento, mientras que «Change (In the House of Flies)» devolvió la densidad y oscuridad que definieron gran parte del show. Durante más de una hora, el grupo repasó distintas etapas de su discografía, pasando por trabajos fundamentales como «Around the Fur», «White Pony», «Saturday Night Wrist» y «Diamond Eyes», antes de cerrar con un tramo final demoledor que incluyó «Cherry Waves», «My Own Summer (Shove It)» y «7 Words». El regreso de Deftones terminó siendo uno de los momentos más celebrados de la noche, saldando con creces una larga espera de casi una década.

El primer día de Lollapalooza Chile 2026 dejó la sensación de un festival que volvió a encontrar parte de su identidad. El regreso al Parque O’Higgins no solo facilitó la experiencia del público gracias a las distancias más cortas entre escenarios, sino que también devolvió esa dinámica de festival donde distintos sonidos conviven y se cruzan constantemente. Desde los riffs pesados que abrieron la jornada hasta los grandes nombres que dominaron la noche, la programación mostró una diversidad que mantuvo a la audiencia en constante movimiento por el parque.

Entre calor, largas horas de música y miles de asistentes recorriendo el recinto, el balance del primer día fue más que positivo: shows sólidos, momentos de nostalgia para distintas generaciones y una energía colectiva que confirmó que el festival sigue siendo una de las citas musicales más importantes de la región. Con dos jornadas aún por delante, la expectativa quedó instalada para lo que promete ser un fin de semana cargado de música, encuentros y nuevas historias sobre los escenarios del parque.

Nota: Luis Bonilla

Fotos: Lotus Producciones