CARTELERA | BENEDICTION: RAVAGE OF EMPIRES, EL DEATH METAL NO SE ARRODILLA

Benediction

Los veteranos británicos regresan con once descargas de death metal de la vieja escuela. Sin maquillaje, sin concesiones y con Dave Ingram escupiendo veneno sobre una maquinaria de riffs que demuestra que la brutalidad no necesita trucos para seguir golpeando.

Hay cosas que el tiempo no consigue domesticar. Benediction es una de ellas. Desde Birmingham, Inglaterra, esta institución del death metal lleva décadas descargando riffs corrosivos, voces cavernosas y una brutalidad que jamás necesitó disfraces para imponerse. Mientras buena parte de la industria persigue tendencias y pule su sonido hasta quitarle los dientes, los británicos siguen aferrados a una fórmula que huele a amplificador caliente, distorsión y muerte sin ceremonia.

Publicado en 2025 por Nuclear Blast, Ravage of Empires reafirma esa identidad con once canciones que rescatan el espíritu del death metal clásico sin convertirlo en una pieza de museo. Aquí no hay intentos de reinventar el género ni experimentos destinados a impresionar a quienes confunden complejidad con calidad. Benediction sabe dónde pisa y utiliza su experiencia para lanzar un álbum áspero, musculoso y directo, construido sobre guitarras pesadas, una batería demoledora y una voz que parece salir de una garganta cubierta de alquitrán.

El regreso de Dave Ingram, consolidado en Scriptures (2020), vuelve a poner en circulación una de las voces más reconocibles de la escuela británica. A su lado están los guitarristas Peter Rew y Darren Brookes, el bajista Nik Sampson y el baterista Giovanni Durst. La formación combina historia y experiencia con una ejecución que mantiene vivo el carácter de una banda que nunca necesitó disfrazarse de algo distinto para conservar su lugar en la escena extrema.

Desde el arranque con “A Carrion Harvest”, el álbum entra a matar. Los riffs cortantes, la velocidad y la voz de Ingram establecen las reglas sin perder tiempo en introducciones innecesarias. Benediction no necesita construir una atmósfera cinematográfica para anunciar la masacre: basta con encender los amplificadores y soltar la maquinaria. Esa mezcla de thrash y death metal se convierte en una de las claves del disco, especialmente cuando la batería empuja el ataque y las guitarras descargan riffs que privilegian la pegada antes que el adorno.

“Beyond the Veil (of the Grey Mare)” amplía el recorrido con una atmósfera más oscura y pasajes que permiten respirar dentro de la densidad instrumental. La banda demuestra que la brutalidad no depende exclusivamente de acelerar hasta el límite. También sabe cargar el riff, sostener la tensión y desarrollar una composición que avanza sin perder peso. Esa capacidad para alternar velocidad y amenaza es parte esencial de su identidad y uno de los recursos que mantienen a Benediction lejos de la monotonía absoluta.

Con “Genesis Chamber”, la maquinaria vuelve a subir las revoluciones. Las guitarras construyen una pared sonora compacta, pero suficientemente definida para que los riffs tengan personalidad propia. La batería y el bajo refuerzan el golpe, mientras la estructura permite que los pasajes instrumentales se queden dando vueltas después de terminada la canción. Es uno de los cortes que mejor exhibe la efectividad compositiva de la banda: brutalidad, groove y ganchos reconocibles sin necesidad de suavizar el sonido.

“Deviant Spine” mantiene la tensión mediante riffs pesados y cambios de dirección que evitan que el álbum funcione en una sola marcha. Peter Rew y Darren Brookes entienden que una guitarra extrema no tiene que convertirse en una exhibición interminable de notas para resultar efectiva. Aquí manda el riff, la sección rítmica sostiene el peso y la voz de Ingram transforma cada frase en una descarga de hostilidad. En “Engines of War”, esa filosofía se traduce en un ataque más breve y frontal, donde la velocidad y el groove se combinan con una producción que conserva aspereza y definición. No hace falta inflar cada golpe con artificios digitales cuando la composición ya viene cargada de munición.

La oscuridad vuelve a tomar protagonismo en “The Finality of Perpetuation”, una pieza que administra la intensidad sin abandonar el carácter amenazante del disco. La voz se instala al frente de la mezcla y las guitarras mantienen esa rugosidad que forma parte del ADN de Benediction. Después, “Crawling over Corpses” recupera el peso físico de los riffs y una cadencia que alterna empuje y contundencia. La banda no confunde brutalidad con una acumulación indiscriminada de notas: cada cambio rítmico modifica el impacto y permite que el groove haga su trabajo sucio.

Uno de los momentos más interesantes llega con “In the Dread of the Night”, donde el filo del thrash clásico se mezcla con la densidad del death metal. Los riffs aceleran, las guitarras introducen variaciones y los pasajes instrumentales añaden tensión sin convertirse en una exhibición separada de la composición. Benediction mantiene el control incluso cuando aprieta el acelerador, demostrando que tocar rápido no sirve de mucho si la canción no tiene dirección.

Por su parte, “Drought of Mercy” juega con los contrastes entre velocidad, pesadez y cambios de intensidad. La sección rítmica alterna empuje y aplastamiento, mientras las guitarras dejan espacio para que los riffs respiren antes de volver a cerrar el puño. Es uno de esos cortes donde se aprecia tanto la fortaleza como el riesgo de la propuesta: la consistencia sonora es una virtud, pero cuando varias canciones comparten recursos similares, algunas pierden parte de su personalidad frente a las más memorables.

“Psychosister” recupera la agresividad frontal con una estructura breve y efectiva. Su principal arma es la capacidad de instalar riffs reconocibles sin sacrificar la crudeza. La voz conserva su mordida y la base rítmica empuja con ese equilibrio entre velocidad y contundencia que permite a Benediction escribir canciones extremas con gancho, sin necesidad de buscar un estribillo amable ni una producción domesticada. En un género donde algunos confunden complejidad con calidad, la banda defiende una idea elemental: un riff demoledor sigue siendo un riff demoledor.

El cierre llega con “Ravage of Empires”, tema homónimo que resume los recursos desplegados durante el álbum: guitarras gruesas, cambios de ritmo, una sección rítmica implacable y una voz que mantiene la amenaza hasta el final. La canción no necesita un desenlace artificialmente épico ni una despedida sentimental. Benediction termina donde mejor se mueve, en el terreno de la confrontación sonora, reafirmando un lenguaje que conoce desde hace décadas y que todavía conserva suficiente fuerza para golpear.

Para entender el peso de este trabajo hay que mirar más allá de sus once canciones. Benediction forma parte de la generación que ayudó a definir el death metal británico desde finales de los años ochenta, cuando el género todavía estaba construyendo su lenguaje y cada nueva producción empujaba los límites de la brutalidad. Su debut, Subconscious Terror (1990), abrió una discografía que continuó con trabajos fundamentales como The Grand Leveller (1991), Transcend the Rubicon (1993), The Dreams You Dread (1995) y Grind Bastard (1998). En esos discos se consolidó una identidad basada en riffs memorables, voces profundas y una combinación de velocidad y groove que convirtió a la banda en una referencia del metal extremo tradicional.

La historia de Benediction también está marcada por cambios de formación, pausas discográficas y distintas etapas vocales. El regreso de Ingram en Scriptures devolvió a la banda una de sus voces históricas y abrió una nueva etapa que Ravage of Empires prolonga con oficio y convicción. Su influencia no depende de perseguir cifras ni de demostrar cuántos grupos han tomado prestado su sonido. Está en haber defendido una forma de entender el death metal donde la canción importa tanto como la brutalidad: composiciones directas, guitarras con identidad y una relación entre velocidad y pesadez que mantiene su eficacia décadas después.

En lo sonoro, la producción conserva una textura orgánica y pesada, con suficiente definición para distinguir los instrumentos sin quitarle suciedad al conjunto. Las guitarras tienen cuerpo, el bajo refuerza la base y la batería golpea con precisión, mientras la voz se mantiene al frente. El resultado evita buena parte de esa compresión excesiva que termina aplastando los matices y convirtiendo cada instrumento en una masa uniforme. Benediction no necesita sonar artificialmente gigantesco: su fuerza está en la ejecución y en la manera de construir canciones que funcionan desde el primer riff.

¿Es Ravage of Empires un disco que reinventa la trayectoria de la banda? No. Tampoco lo necesita. Su mayor virtud está en reconocer sus propias fortalezas y explotarlas sin convertir el pasado en una excusa para repetirlo de manera automática. Hay pasajes donde la fórmula se vuelve demasiado familiar y ciertas canciones comparten niveles de intensidad similares, pero esa limitación no borra el mérito de un álbum consistente, pesado y fiel a la identidad de sus autores.

En tiempos de producciones hipercomprimidas, tendencias fugaces y metal diseñado para llamar la atención durante quince segundos, Benediction entrega un disco que exige algo tan simple como subir el volumen y escuchar los riffs. Ravage of Empires no viene a reclamar una corona ni a vender una revolución: viene a recordar que el death metal británico tiene historia, dientes y todavía bastante rabia en el depósito.

Benediction sigue en pie. Los imperios se derrumban; los riffs sobreviven.

Entradas por www.passline.com

Produce: Chargola Pro