REVIEW CONCIERTO | Sixpence None the Richer , primera vez en este frío Santiago de Chile
Son las 21:00 horas y el frío cala los huesos. Afuera del Teatro Cariola, los termómetros marcan apenas 10 grados, pero la temperatura emocional persiste. Hoy, después de más de tres décadas de historia, Sixpence None the Richer pisa por primera vez suelo chileno. Y yo estoy aquí, testigo de un momento que mezcla nostalgia, fe, y la certeza de que hay bandas que el tiempo no defraudan…
Veo parejas, fans con vinilos y cds en mano. Todos los esperamos como se espera a un amigo que vuelve tras años de silencio. Con cariño, paciencia y devoción.

Sixpence llega con su 25th Anniversary Tour, celebrando su álbum homónimo y el reencuentro de su formación clásica: Leigh Nash (voz), Matt Slocum (guitarra y cello), Justin Cary (bajo) y Dale Baker (batería). Se reencuentran también con su público latinoamericano tras una larga pausa. Esta gira los trae a Sudamérica por primera vez, y Chile no podía estar fuera de la ruta. Antes pasaron por Montevideo y Buenos Aires, y después los espera Bogotá y Ciudad de México.

Los SPNTR, vino desde espacios religiosos alternativos —como otras bandas hermanas de la época: Jars of Clay, The Choir o Third Day— pero que trascendió credos para tocar música del alma.

Entre luces cálidas y una ovación emocionada. Vemos a leigh Nash con un frondoso vestido negro y un faldón de terciopelo blanco, como una muñeca rusa del pop rock de los 90. No dicen mucho al principio, pero cuando aparece «Angeltread» el público se enternece. Más tarde vendrán «Melody of You», «Don’t Dream It’s Over» y «Rosemary Hill», parte de su nuevo EP de 2024. Pero cuando empieza «Kiss Me», todos —Me incluyo— la cantamos como un himno generacional. Algunos se miran otros se abrazan. Pese a que las graderías y los espacios no completaron los espacios, los fanáticos agradecieron el espacio.

En un momento Leigh Nash nos dice: “No puedo creer que estemos en Santiago por fin”. Y las otras canciones comienzan su vaivén nostálgico…
Lo que más me conmueve es cómo el tiempo no ha pasado por ellos. La voz de Leigh suena igual. Matt toca con una delicadeza feroz. Dale y Justin sostienen el pulso emocional del show con fuerza y sensibilidad. Es como si el 2025 se doblara y se abriera una ventana a 1998. Pero no para quedarnos allá, sino para entender que lo se quedó en esos años, regresa en torno a la música y trae ese aroma juvenil que tanto se necesita.
Al salir, una pareja me dice: “Valió la pena la espera, y el frío», ya que afuera Leigh espera a sus fanáticos para firmar autógrafos, firmar poleras y se saca fotos con los que la compraron. Muchos se fueron felices a sus casas.
Esta noche, Santiago no solo vio tocar a una banda en medio del frío santiaguino. Recibió de vuelta una parte de su historia emocional. ¡Que vivan los 90’!.
Nota: Luis Diaz
Fotos: Cristian Villanueva
