REVIEW CONCIERTO | Thundercat: virtuosismo, homenajes emotivos y una deuda saldada
Reseña: Kevin Fuentealba Mol
Fotos: Eduardo Sandoval
Desde la cancelación de su show en 2023, el regreso de Stephen Bruner, mejor conocido como Thundercat, era una de las visitas más esperadas en la escena del jazz y el soul alternativo en Chile. La expectación era tan grande que su nombre se había convertido casi en un meme en las redes sociales, similar a la súplica de los fans chilenos por ver a Tool durante años.
Este año, muchas de esas peticiones parecen haberse cumplido, y artistas que antes parecían un sueño inalcanzable ahora son una realidad. El regreso de Thundercat no solo fue uno de los más solicitados, sino también uno de los conciertos más especiales de lo que va del año. El músico de Compton respondió con un show electrizante, cargado de improvisaciones y lo mejor de su repertorio.

El talento de un mago del bajo
Con una energía notable desde la previa, un Teatro Coliseo abarrotado de fieles fanáticos recibió a Stephen. «¡CHILEEE!», gritó Bruner, desatando la euforia contenida. Fiel a su estilo, el show comenzó con un redoble de batería al que se sumaron poco a poco el bajo y los teclados. «Candlelight» y una hermosa mezcla de «How Sway» y «Uh Uh» fueron las encargadas de abrir la velada.
Thundercat es un verdadero mago con el bajo de seis cuerdas. Su talento para fusionar estilos lo ha convertido en uno de los bajistas más influyentes de la actualidad. Junto a Justin Brown en la batería y Dennis Hamm en los teclados, ofrecieron un concierto lleno de sensaciones, caracterizado por una constante y magistral improvisación. Canciones como «Black Qualls» o «Walking On the Moon» se expandieron de sus versiones de 3 minutos a pasajes sonoros interminables, casi como un viaje psicodélico con constantes cambios de dirección, mezclando jazz fusión, R&B, funk y hip-hop.

Emotivos tributos
El concierto no solo fue una demostración de talento, sino que también estuvo cargado de emotivas dedicatorias. Bruner destacó una mención al recientemente fallecido «príncipe de las tinieblas», Ozzy Osbourne, a quien recordó como una gran inspiración para sus inicios en la música.
Otro tributo conmovedor fue la inclusión de «I Love Louis Cole» en el setlist. Esta canción, de su aclamado álbum «It is What it is» (2020), sirvió para honrar la memoria del querido músico Mac Miller, una de las pérdidas más impactantes de la década pasada. Estos gestos fueron momentos de gran humanidad que sirvieron para honrar a dos figuras relevantes de distintas generaciones.

Animé y referencias a la cultura pop
Thundercat es conocido como el «Saiyajin de la West Coast», y su carismática personalidad en el escenario es un elemento clave del show. Constantemente hizo bromas y referencias al animé, provocando risas entre el público que entendía sus guiños.
El músico nunca ha ocultado su pasión por el animé, una de sus mayores inspiraciones, desde el nombre de su proyecto, que rinde homenaje a la serie de los 80, Thundercats. Esta devoción se refleja en su icónico bajo con la temática de Evangelion y en éxitos como «Dragonball Durag», con el que continúa rindiendo tributo a una de sus mayores pasiones.

Un show de grandes éxitos
Lo más importante del concierto, por supuesto, fue la música. El setlist recorrió lo mejor de su carrera en un show de casi dos horas. Destacaron momentos como «No More Lies», su aclamada colaboración con Tame Impala; «Show You the Way»; y las ingeniosas mezclas de canciones como «Great Scott» con «Innerstellar Love», o «Heartbreaks + Setbacks» con «Friend Zone». Todos estos pasajes demostraron la versatilidad y el talento del músico.
El final fue deslumbrante. Con «Funny Thing», la fiesta se desató en el Teatro Coliseo, con el público saltando sin parar. Le siguió «Them Changes», una de las canciones más esperadas, para cerrar la noche con «Oh Sheit It’s X». Al despedirse, Thundercat firmó vinilos y se mostró muy cercano a sus fans, dejando una sensación de enorme satisfacción.

Asistir a un show de Thundercat es presenciar una muestra de talento puro, donde la constante improvisación transforma las canciones de estudio. Thundercat desafía el rol tradicional del bajista, asumiendo un papel completamente protagónico, comparado a menudo con un velocista olímpico. El músico no vino solo a tocar canciones; vino a rendir homenaje a sus influencias y a demostrarle su gratitud a un público que esperó pacientemente casi una década por su regreso, una espera que, sin duda alguna, valió completamente la pena.
